En una operación quirúrgica sin precedentes, EE. UU. e Israel decapitaron la dirigencia de Irán, destruyendo su programa nuclear y el mapa de poder en Oriente Medio

 - El error que le costó la vida a Jamenei: confiar en que las negociaciones en Omán lo salvarían de la furia de Trump

El 28 de febrero de 2026, las fuerzas conjuntas de EE. UU. e Israel llevaron a cabo un ataque preventivo tras detectar que los servicios secretos de la CIA y el Mossad confirmaran un preocupante incremento en la producción de uranio enriquecido, alcanzando niveles de pureza superiores al 60%. Ante la posibilidad de que Irán armara cabezas nucleares en pocas semanas, Benjamin Netanyahu autorizó la operación “León Rugiente”, a la que se uniría EE. UU. para anular lo que calificaron como una "amenaza existencial".

El Ayatola Jamenei, quien se encontraba cumpliendo las oraciones diarias del Ramadán, se creía intocable. Ingenuamente, pensó que su residencia no sería atacada mientras se negociaba el programa nuclear en Omán, confiando en una supuesta protección divina tras haber sobrevivido a un atentado en 1981. Sin embargo, las negociaciones secretas no daban resultados: Irán no aceptaba restricciones al enriquecimiento avanzado de uranio. Ante este escenario, Donald Trump, tras recibir informes de la CIA el 18 de febrero, dio luz verde a la operación coordinada “Furia Épica”.

El ataque fue masivo: se golpearon 500 objetivos para aniquilar la capacidad militar y la infraestructura nuclear iraní. Se utilizaron misiles de precisión perforadores de refugios que redujeron a cero la protección de la orografía. La reunión clave se llevaba a cabo en la mañana del 28 de febrero en la residencia de Jamenei. Aunque contaba con búnkeres profundos, la cúpula se encontraba en el piso superior, confiando en que las operaciones especiales solo ocurrían de noche y bajo la protección de radares y baterías antiaéreas rusas, las cuales fueron neutralizadas mediante guerra electrónica y ataques cibernéticos.

La red de infiltrados de Israel fue crucial. El Mossad reclutó activos dentro del gobierno y la Guardia Revolucionaria (IRGC). A pesar de las advertencias de sus guardaespaldas, Jamenei se negó a refugiarse. Los misiles Blue Sparrow, disparados por cazas furtivos F-35 Adir, provocaron el colapso total de la estructura. Jamenei cayó junto a los altos mandos militares y varios miembros de su familia, incluyendo a su hijo Mojtaba, quien resultó herido de gravedad.

Este evento evocó la tensión del 13 de junio de 2025, cuando la OIEA censuró oficialmente a Irán por violar el tratado de no proliferación. Aunque la fatua de Jomeini prohibía la bomba atómica, el militarismo chiita abogaba por la destrucción del "estado sionista". En la ofensiva final intervinieron 200 aviones, misiles Tomahawk, bombarderos B-2 y munición GBU-28 capaz de atravesar 40 metros de hormigón.

Tras la eliminación de Jamenei, a quien Trump calificó como "una de las personas más malvadas de la historia", el caos se apoderó de Teherán. La inteligencia iraní, liderada por Larijani, sufrió un fallo imperdonable al no detectar a los topos infiltrados. Larijani fue posteriormente asesinado en otro ataque selectivo el 17 de marzo.

Actualmente, Irán ha perdido el liderazgo espiritual que ostentaba desde 1989. Aunque Mojtaba Jamenei fue nombrado sucesor por la Asamblea de Expertos, su legitimidad es cuestionada y permanece oculto. La última carta del régimen es el minado del Estrecho de Ormuz y el uso de misiles crucero Noor y Gadir para elevar los precios del petróleo y quebrar la economía occidental. No obstante, sin un interlocutor válido y con la población civil desplazada, se avecina una tragedia humanitaria de proporciones incalculables.

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