El embarazo y sus pérdidas: el transplante de útero que falló

Fracasa un trasplante de útero que pretendía dar la experiencia del embarazo a una madre de tres hijos

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mayo 31, 2019
El embarazo y sus pérdidas: el transplante de útero que falló

Permítanme hablar del embarazo. Es cierto, soy varón. Pero también soy esposo, padre, abuelo, hermano, tío.  Y he vivido varios embarazos. La mayoría gozosos, algunos con miedo, otros que aún no han ocurrido con ansiedad esperanzada.

Además soy médico y desde mis estudios de pregrado el embarazo y el parto me parecían los eventos biológicos más improbables y fascinantes. Al graduarme pensé ser obstetra con el propósito secreto de ser tocólogo, especialista en partos. Pero, vueltas que da la vida, acabé siendo patólogo.  Aún entonces me dediqué a estudiar la placenta con entusiasmo. Entre autopsias, biopsias y laboratorio escribía poesía dedicándole una brevísima a ella:

Espejo de sangre, oculta placenta,

oscura y cálida luna profunda,

secreta compañera:

dejas también a gritos expulsada

aquel ajeno, breve, paraíso.

Por todo lo anterior creo que puedo hablar del embarazo.  Y digo esto porque leyendo algunas escritoras le parece a uno que siendo varón no puede hablar de lo femenino.  Pero como decían los romanosHomo sum; nihil humani a me alienum puto” (Hombre soy; nada de lo humano me es extraño) y si hay algo humano es el embarazo.  No es sólo una experiencia femenina.

Primero una reciente historia médica de horror.  Hace tres años la prestigiosa Cleveland Clinic anunció con bombos y platillos el primer trasplante humano de útero.  Luego el trasplante falló pavorosamente. Hay mucho que aprender de este intento fallido.  Lindsay McFarland una mujer casada de 29 años había nacido con una malformación que yo personalmente nunca he visto: nació sin útero ni trompas de Falopio por lo tanto no podía quedar embarazada.  Tras establecer con su esposo una familia estable adoptó tres niños. Luego de los acontecimientos que vamos a narrar aquí ha adoptado otros dos niños. Un detalle curioso es que su padre es médico obstetra y podemos adivinar que en su ambiente familiar y social se privilegiaba el embarazo y el parto.  Lindsay pidió a la Clínica que se intentara un trasplante de útero. A mí me parece extraña esa petición porque siempre pienso que los trasplantes son cirugías para salvar vidas, no para cumplir deseos. Me parece más raro el motivo expresado en palabras de la misma paciente: “Queríamos la oportunidad con Blake, mi esposo.  Queríamos vivir la experiencia del embarazo y todas las cosas nuevas que con él ocurren”

Las cosas no salieron bien.  El útero proveniente de una donante fallecida tenía Candida albicans un hongo muy frecuente en los genitales de mujeres en edad reproductiva.  La organización que procuró el órgano (o sea lo extrajo, preparó y transportó) no se dio cuenta de la infección hasta días después.  Los detalles no son del todo claros porque el caso va avanzando por los tribunales legales. Lindsay inmunosuprimida para evitar el rechazo del órgano trasplantado sufrió arteritis por el hongo en los vasos uterinos y otros pélvicos.  Sangró, estuvo gravemente enferma en la unidad de cuidados intensivos y finalmente hubo que retirarle el útero nuevo.

En resumen nada se logró, fue un desastre quirúrgico, tres niños hubieran podido quedar huérfanos y Lindsay no pudo vivir la “experiencia” del embarazo.  Y eso es lo que me escandaliza: el embarazo no es una experiencia que se quiera vivir. El embarazo es un don. Y quiero apartarme un poco de consideraciones religiosas y éticas, que sí las hay.  Es un don del azar: los budistas dicen que es más improbable llegar a esta vida que el que una tortuga que necesita respirar en el mar saque la cabeza, encuentre un madero con un hueco y por ahí quede flotando, respirando y viviendo en el inmenso mar de la vida.  Se calcula que más del 70% de los embriones humanos mueren antes de llegar al nacimiento natural, la mayoría durante el primer trimestre de embarazo.  Entonces podríamos decir que el nacer tras un embarazo es un don del azar para los humanos.   Y es un don de la necesidad de la especie de intentarlo repetidamente, cuidarlo y defenderlo para sobrevivir en este mundo.  No es simplemente una experiencia que hay que vivir. Por lo tanto no estoy de acuerdo con Lindsay McFarland en sus razones para recibir un trasplante de útero.  Y me sorprende que la Cleveland Clinic, centro respetado de medicina, haya participado en esta triste historia.

Hablar del embarazo humano y sus pérdidas es un campo minado.  Fácilmente provoca uno la explosión del discutido tema del aborto voluntario.  Entonces quisiera aclarar mi posición personal: no estoy de acuerdo con la terminación voluntaria del embarazo ni participé como interno o médico rural en un procedimiento médico con ese resultado.  A menos que algún paciente me haya engañado lo cual es posible y recuerdo algunas historias que más vale no contar. Al mismo tiempo respeto la difícil decisión de madres y padres en esa situación. Tampoco quiero establecer posiciones éticas desde situaciones extremas de incesto, violación, abuso sexual, etc.  La mayoría de las terminaciones voluntarias del embarazo no ocurren por estas últimas razones. Y es muy fácil pontificar desde un lado u otro de este difícil problema humano.

Cuando era joven y hacía mi postgrado de patología en EEUU. me tocaba en ciertas rotaciones revisar todos los días el material extraído de las D&C (dilatación y curetaje, legrado o “raspado” para evacuar la cavidad uterina) la gran mayoría voluntarias.  Por razones legales era necesario examinarlo. En mi hospital llegaban quince o veinte bolsitas diarias con sangre y restos tisulares. Debo confesar con algo de vergüenza que nos tranquilizaba un poco a mis compañeros y a mí encontrar fragmentos de manos, pies o piernas pues eso demostraba la presencia de un feto y nos evitaba tener que volver a abrir y examinar la bolsita una y otra vez.  No olvido esas mañanas en el laboratorio que trivializaban embarazos perdidos.

Aunque dos terceras partes de ellos no lleguen a la plenitud de esta vida el embarazo humano no es simplemente una experiencia más ni debe terminar en un simple procedimiento.  Aunque respeto, con dolorosa empatía, algunas difíciles decisiones personales.

Posdata:  Me ha llegado un reporte reciente, 9 de abril de 2019, que el trasplante uterino puede ser útil en otras circunstancias: 9 niños han nacido en Suecia tras ese procedimiento, 15 en todo el mundo.

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