El efecto teflón de la exsenadora Piedad Córdoba

'Una intocable que solo trabaja para el triunfo de sus aliados'

Por: Eduardo del Río Amador
julio 03, 2015
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El efecto teflón de la exsenadora Piedad Córdoba
Foto: tomada de noticiasunolaredindependiente.com

El efecto teflón hace referencia a una virtud de ciertos líderes políticos para ser inmunes a todo tipo de críticas ante los ojos de sus seguidores.

El expresidente Uribe es un gran ejemplo: sin importar qué tanto se diga, se sepa, y aparezca a la luz pública sobre sus relaciones non-sanctas, la fidelidad de sus seguidores siempre estará a prueba de todo, y eventualmente se elaborará un imaginario paralelo en donde toda la evidencia es materia de conspiración o elaboraciones malintencionadas de enemigos.

Irónicamente, otro líder político nacional que posee efecto teflón, en un hecho tal vez poco reconocido, es Piedad Córdoba. La exsenadora por el partido liberal, llamada 'mujer valiente' por sus admiradores, afamada por sus labores humanitarias y su defensa de los campesinos, es simultáneamente considerada por un amplio porcentaje de la población como una aliada de las Farc.

Para sus admiradores más informados, esas acusaciones son un gran sofisma de distracción, funcional a intereses terratenientes y paramilitares, para estigmatizar a una líder valiente, víctima del conflicto y defensora de los campesinos, acusándole de vínculos con un grupo ilegal.

Pero, ¿de dónde vienen los señalamientos de aliada de las Farc? ¿Existe evidencia para afirmarlo?

Piedad Córdoba comenzó su carrera al lado del líder liberal antioqueño William Jaramillo. Llevaba más de 10 años haciendo política en Medellín sin haberse relacionado nunca con las Farc, ni con ningún actor del conflicto que no fuera violencia en las comunas donde trabajaba.

Logró ser elegida a la asamblea departamental de Antioquia meses antes de que se convocara la constituyente de 1991, después de haber fracasado en su campaña a la Cámara de Representantes en 1990, a donde llegaría en 1992.

En 1994 hereda el mediano capital político de su mentor y logra ser elegida senadora de la República, con 39 años de edad.

1994 es una año especial. En Venezuela, Hugo Chávez es liberado por el presidente Rafael Caldera, y en un homenaje que le rindió Fidel Castro en la Universidad de La Habana, presentó la plataforma política de su proyecto bolivariano. Es en el cuatrenio 94-98 cuando la izquierda latinoamericana se aglomera para apoyar a Hugo Chávez en su aspiración de llegar al poder en Venezuela.

De esa nueva ola de bolivarianismo se contagiaron en Colombia el M19, el PCC, y las Farc, entre otros movimientos menores, además de ser aliados naturales de Chávez a través del Foro de Sao Paulo. En particular, las Farc adoptaron el bolivarianismo porque les venía cómodo el discurso antiimperialista, pero, por encima de todo, como tabla de salvación ante la disolución del viejo bloque comunista.

No sabemos qué tanto pudo Piedad Córdoba vincularse al proyecto bolivariano en esta época, solo sabemos que hacia finales de la legislatura 94-98, la senadora empezó a colaborar como mediadora en la liberación de secuestrados en poder de las Farc.

De eso la mayoría tendremos memoria. No se recuerda con igual facilidad la visión que dio de la senadora y de su accionar político el humorista Jaime Garzón. En una interpretación de Heriberto De La Calle, Jaime Garzón le señaló a Piedad sus cercanías con el Mono Jojoy, le preguntó si era cierto que ella era la que decidía quién era liberado y quién se quedaba en el monte, e incluso llegó a decirle que si él fuera comandante de las Farc, él la dejaba en el monte, que por allá les servía más.

En 1998 Chávez gana las elecciones presidenciales en Venezuela. Ese mismo año, Alfonso Cano lanza en El Caguán el Movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia, y Piedad Córdoba es reelegida al Senado de la República. Para esta legislatura, la entonces senadora introdujo en el debate público la salida negociada al conflicto con las Farc. Pasaron apenas meses hasta que fuera secuestrada en 1999 por Carlos Castaño. Según explicó el excomandante paramilitar alias 'el Alemán', el líder máximo de las AUC pensaba juzgarla por traición a la patria y eventualmente condenarla a muerte, en un juicio popular al estilo maoísta, como los que se le había visto a las Farc, el EPL y demás guerrillas. Al ser liberada, Piedad se exilió en Canadá por un tiempo.

En 2002, Piedad volvió a ser elegida senadora de la República. En esta oportunidad hizo oposición al gobierno de Uribe, y mantuvo posturas duras respecto a la negociación con los grupos paramiltares. En el senado se discutió la elaboración de una ley para el sometimiento de los paramiltiares y se presentaron tres proyectos: uno por una pequeña alianza entre bancadas, uno por Armando Benedetti, y otro por Piedad Córdoba. El borrador de Piedad Córdoba era el más severo en penas de cárcel y exigencias de reparación. El borrador de Benedetti era ambiguo y flexible con asuntos problemáticos como los crímenes contra la humanidad, y demasiado generoso en su disposición a perdonar delitos. Se adoptaría el proyecto de la alianza de bancadas. En 2005 el Consejo de Estado anuló parte de las elecciones parlamentarias de 2002, dejando a decenas de congresistas por fuera, entre ellos a Piedad.

En 2006 vuelve a ser elegida al senado, y continúa facilitando liberaciones de secuestrados, esta vez con especial énfasis en el llamado Intercambio Humanitario: la liberación de los soldados secuestrados a cambio de la liberación de guerrilleros en las cárceles. Uribe permitió que Piedad y el precedente Hugo Chávez mediaran esta iniciativa, y a raíz de esto se hizo una recepción a Iván Márquez en el palacio de Miraflores, donde tuvo lugar el encuentro entre este y los facilitadores.

En 2008, las Farc lanzan su plan Renacer Revolucionario de las Masas, y según se evidenciaría en documentos incautados a las propias Farc, la senadora amiga debía realizar ciertas labores de cooperación.

En esa misma época la agenda política de Piedad Córdoba empieza a elevar su tono. Promueve en distintos escenarios locales e internacionales que se saque a las Farc y al ELN de la lista de grupos terroristas, y que se les debe considerar como actores no solo beligerantes sino también deliberantes.

Esto dijo en la Cumbre de los Pueblos, un evento de la izquierda latinoamericana, que tiene lugar en España:

“No estoy pidiendo permiso, nadie me está soplando la plana: yo Piedad Córdoba, senadora con 90 mil votos, exijo la negociación política del conflicto”. “… que saquen a las Farcy al ELN de la lista de terroristas”,

En el Encuentro Internacional de Partidos de Izquierda: “porque así se quiera signar de otra manera, la carta que han enviado las farc es una propuesta política y políticamente debe ser entendida”.

En 2010 Piedad Córdoba fue inhabilitada por la Procuraduría General, en un entorno jurídico polémico. Sin ambargo, y desde entonces, su labor política se ha radicalizado. Ahora sus causas han pasado enfocarse en el problema humanitario de los campesinos que viven en zonas de conflicto, y en seguir insistiendo y mediando para sacar adelante la salida negociada al conflicto con las Farc y el ELN.

Pero, ¿qué es lo que hace Piedad en esas zonas de conflicto, y de qué manera ayuda a los campesinos? Basta escuchar con atención todos sus discursos, y ponerlos en perspectiva.

Qué busca Piedad Córdoba diciendo en el Catatumbo cosas como:

“Soy hija de Chávez y Simón Bolívar”
“Si asesinan un campesino más, vamos a levantar este país”
“Que vengan a buscarlos a ver si los vamos a dejar entregar”
“El catatumbo es la patria, es la dignidad, es la legitimidad”
“Ustedes son lo único que nos queda en este país de reserva, lo único que nos queda para defender nuestros recursos naturales, ustedes con su sudor, con su piel curtida al sol, con sus tristezas… nos dan ejemplo de dignidad y de lucha a los que estamos en las ciudades”
“América latina tiene que saber que aquí no hay democracia, que aquí se están recibiendo a las multinacionales, pero cuando seamos gobierno, cuando lleguemos al poder, todos estos asesinos se tendrán que ir de la patria”

¿Qué hace Piedad con este discurso? Pienso que busca levantar la moral de los colonos para que simpaticen con la guerrilla. Siembra la semilla ideológica y anímica que permita o potencie el reclutamiento y la cooperación. Es lo que en teoría se llama la concientización del sujeto revolucionario.

Pero la labor de Piedad con los campesinos es mucho más que pedagogía antiimperialista, y ronda los límites de la ilegalidad, como puede apreciarse por su discurso en Miranda-Cauca, en la cínicamente bautizada Caravana Humanitaria, donde prácticamente incurre en varias conductas típicas contra la seguridad del Estado según el Código Penal colombiano:

“Esto es una revolución, y es la primera vez que el pueblo unido no va a ser vencido, porque se va a enfrentar a aquellos que con sus bayonetas y sus armas pretenden que nosotros desocupemos para que entren las multinacionales. No vamos a desocupar, vamos a aguantar y vamos a resistir”.

“Vamos a hostigarlos [la fuerza pública], porque lo que es con uno es contra todos…”.
“Necesitamos a este ejército del pueblo…”

En esta llamada 'acción humanitaria', Piedad Córdoba va hasta el Cauca a convencer a los campesinos de una comunidad para que no permitan al Ejército entrar en su territorio, que no van a desalojar, “vamos aguantar y resistir”. En ese mismo discurso agita la idea del estado traidor, del estado al servicio del imperio, de los cuerpos de seguridad como enemigo, la contraposición del estado impostor y el campesinado, la lucha patriótica, los seguidores de Bolívar, medios de comunicación son enemigos, etc.

Es difícil considerar que estas sean labores humanitarias, colocando a una comunidad de campesinos en enfrentamiento con las fuerzas legítimas del Estado; peor aún, al parecer para resguardar a un grupo ilegal, e incluso seducirles con que “necesitamos a este ejército del pueblo”.

Es más difícil considerar que su labor política es pacifista, cuando la hemos escuchado decir cosas como:

“Los que abrazamos el derecho a la rebelión… uno de los derechos más hermosos”
“Los guerrilleros son nuestros y nuestras”.

Pienso que Piedad Córdoba no ha sembrado paz, ha sembrado una mentalidad de enfrentamiento en los colonos campesinos contra el estado y sus fuerzas de seguridad, una mentalidad de antagonismo de clases, y una mentalidad de justificación de la lucha armada.

Es algo que debe enfatizarse, pues es probable que muchos consideren la labor de Piedad Córdoba como una labor más humanitaria que política. Pero esto es un gran error. El accionar político de Piedad es, por encima de todo, militante e ideológico, al margen de los asuntos humanitarios. No se puede ser defensor de los DDHH en Colombia, e instigador de violaciones de los mismos en Venezuela. No puede pedirse la libertad a los guerrilleros presos en Colombia, hombres que han portado armas contra el estado, argumentando que son prisioneros de conciencia, y por otro lado hacer propaganda negra para justificar la detención arbitraria de Antonio Ledezma y el encarcelamiento sin pruebas contra Leopoldo López. No se puede denunciar el paramilitarismo en Colombia, mientras escribes odas de admiración y amor a Robert Serra.

Piedad Córdoba no trabaja para el progreso del país, sino para el triunfo de sus aliados políticos. Hablará en defensa de derechos, pero solo hasta que sus amigos lleguen al poder. Entonces serás víctima de estigmatización, y ella misma publicará en twitter información para llamarte golpista, porque unas protestas ciudadanas en Venezuela son golpe de Estado cuando gobiernan los amigos de Piedad, pero en Colombia, un grupo de 10 mil hombres fuertemente armados, en guerra contra el estado y la población, esos no son ni golpistas ni terroristas. Esos están luchando por tu bienestar.

Pero ese cinismo no la hace cómplice de las Farc. Lo que tiene verdadero peso se aprecia al resumir su labor política en los últimos 20 años.

¿Por qué iba Piedad Córdoba a exclamar “¡hemos jurado vencer y venceremos!”, una frase que se le ha escuchado históricamente a los cabecillas de las Farc?

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