El discurso miserabilista de la izquierda

Si Gustavo Petro resulta ganador en 2022, lo más probable es que expropie al mejor estilo de Hugo Chávez para la “adecuada distribución de la riqueza”. ¿Qué implica?

Por: Ariel Peña González
octubre 26, 2021
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El discurso miserabilista de la izquierda
Foto: Leonel Cordero

En el evangelio según San Juan, 8:44, dice: “Él ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de la mentira”. De acuerdo con lo anterior, si miramos el comportamiento de los seguidores del marxismo, encontramos que para ellos la mentira es una “arma revolucionaria” con la que se engaña a los pueblos, en vista de que indudablemente siguiendo las enseñanzas del sátrapa ruso Lenin: “La verdad es un prejuicio burgués y una mentira dicha con suficiente frecuencia se convierte en verdad”, quedando demostrado el carácter diabólico del comunismo que busca llegar al poder en Colombia en 2022.

Las promesas populistas que forman parte de la monserga miserabilista, usada por los comunistas de diferentes denominaciones, especialmente en Latinoamérica, está en auge en la campaña electoral colombiana de cara a 2022, usando principalmente de argumento la tragedia que ha ocasionado el covid-19 o peste china, la cual ha provocado mayor pobreza, que es utilizada de manera infame por parte del totalitarismo comunista, que aprovecha cualquier calamidad para buscar dividendos políticos; puesto que los seres humanos, para las élites del marxismo, son simples instrumentos que solo sirven para satisfacer sus intereses despreciables.

En la historia de la humanidad han surgido individuos que para engañar a los pobres, se declaran guías de sus reivindicaciones, pero que su fin es satisfacer apetitos personales en lo político o economía. O sea que la política la convierten en manifestación pública de pasiones privadas, siendo los casos protuberantes en los últimos siglos el de Hitler en Alemania, Mussolini en Italia, y desde luego, el de los seguidores del luciferino marxismo leninismo con todos sus pelambres. Y, para muestra un botón, en las elecciones de 2022 pulula un discurso engañoso y miserabilista por parte de candidatos de la denominada izquierda, que se arropan con los remoquetes de progresistas o alternativos.

Indiscutiblemente, Gustavo Petro es el adelantado en el discurso miserabilista, siguiendo al pie de la letra al castrochavismo, que es otro mote como se denomina al marxismo leninismo, pues sus promesas de campaña se enfocan dentro de un populismo izquierdista. En la mayoría de los casos, la ciudadanía no puede discernir ante estos discursos y se deja seducir ante semejante rosario demagógico, olvidando que el desarrollo de las fuerzas productivas es el que determina el progreso social y humano de los pueblos.

Si Gustavo Petro resulta ganador en 2022, lo más probable es que expropie al mejor estilo de Hugo Chávez para la “adecuada distribución de la riqueza”, como lo anunció hace poco. Lo que llevará a los colombianos a convertirse en pordioseros análogamente a los venezolanos; sin embargo, si hacemos un simple ejercicio imaginándonos por un momento que se les confisca la riqueza a los mayores grupos económicos del país, distribuyendo esa fortuna en 12 millones de hogares colombianos con una suma de dos millones de pesos mensuales, eso no alcanzaría sino para siete meses, con las nefastas implicaciones sociales y económicas que le traería al país. Por ello, antes que pensar en disparates se debe fortalecer el aparato productivo nacional. Resalto que en Venezuela lo que el régimen llamaba mejor distribución de la riqueza petrolera trajo mayor corrupción y pobreza, con 6 millones de refugiados en diferentes países vecinos, que se incrementarán de una manera desproporcionada en los próximos meses.

A Colombia se le considera uno de los países más desiguales de Latinoamérica. Asumiendo que eso fuera cierto, no podemos olvidar que Colombia ha tenido que aguantar un conflicto político-militar de 57 años propiciado por el marxismo leninismo por medio de sus grupos terrorista para la toma del poder. Y no solo han habido cerca de 230.000 muertos y millones de víctimas, sino que ese conflicto le pudo haber costado al Estado y a la sociedad hasta nuestros días más de 300.000 millones de dólares, recursos que hubieran servido para bajar en un grado superlativo la pobreza; pero de eso no se ha dicho nada y no se mencionó en las negociaciones de La Habana.

Es increíble que el comunismo totalitario o marxismo, con su comportamiento atroz, siga siendo una amenaza para la humanidad, y particularmente en las elecciones de 2022 para Colombia, en razón a que hay que volver a recordar que en el siglo XIX en la Primera Internacional de los trabajadores, los obreros desenmascararon al señor Karl Marx por sus tesis estatistas, burocráticas, absolutistas y embrutecedoras, dado que quería, mediante el Estado, llevarlos a la esclavitud política; posteriormente, en la Segunda Internacional, el marxismo fue ridiculizado y repudiado por ser una doctrina supersticiosa que utilizaba como dogma máximo al materialismo histórico que se convierte en el tótem con el que los comunistas embaucan a las personas débiles mentales.

La caída del muro de Berlín en 1989, que después fue la causa de la debacle del comunismo en la URSS, no ha repercutido en los marxistas, que se aprovecharon del atraso ideológico de los pueblos latinoamericanos y de la poca vocación democrática de las viejas oligarquías nacionales que nunca fueron capaces de enfrentar intelectualmente al comunismo, quien montó el socialismo del siglo XXI al amparo del Foro de Sao Paulo (fundado en 1990), que se tomó a Venezuela en 1998 con Chávez. Así, se demostró después de casi 23 años el fiasco de la revolución y el socialismo de corte marxista en el país vecino; sin embargo, para colmo de males y por increíble que parezca y viendo todas las calamidades que trae el comunismo totalitario, resulta que ahora en Colombia Gustavo Petro, candidato de origen marxista y cercano al régimen de Maduro, está ad portas de llegar a la presidencia de la república en 2022, lo que expresa un estado de masoquismo en algunos sectores de la población.

En su aplicación práctica el discurso miserabilista y fatalista de Gustavo Petro, llevaría a Colombia a una situación más calamitosa que la de Venezuela en poco tiempo, debido a que aquí no hay la renta petrolera que tuvo nuestro vecino y al no haber inversión ni interna ni externa, no nos imaginamos el futuro que le espera a esta adolorida patria, que ha sufrido hace décadas los embates del comunismo totalitario desde diferentes flancos.

 

 

 

 

 

 

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