Jaime Beltrán se murió sin conocer el parque arqueológico de Usme al que le dedicó sus últimos años de vida. En 2020 una falla respiratoria le ganó la batalla a un hombre que toda la vida se dedicó a luchar por la gente de su localidad.
Una de las batallas por las que se dio a conocer en toda la ciudad fue por sacar a la luz uno de los cementerios indígenas más grandes de Latinoamérica. Los campesinos de la zona le empezaron a contar a Jaime que en la Hacienda El Carmen las excavadoras sacaban toneladas de tierra con piezas de barro y pedazos de esqueletos humanos.

El líder campesino se dirigió hasta la zona, ubicada entre el barrio Monteblanco y la zona urbana de Usme Pueblo y confirmó con sus propios ojos lo que le habían contado: cráneos, tibias, dentaduras y piezas de barro regadas por todo el terreno. En primer momento se llegó a pensar que era una fosa común, por entonces empezaba a estallar el escándalo de los falsos positivos: gente del común asesinada por las Fuerzas Militares y reportadas como bajas en combate.
La obra que realizaba la constructora Metrovivienda del Distrito, que además había mantenido total silencio ante los hallazgos, tuvo que detenerse. Hasta el punto llegó la Fiscalía, pero al revisar los cuerpos se dieron cuenta de que no eran recientes, sino de siglos atrás, cuando en Colombia todavía no se hablaba de guerras, ni mucho menos conflicto armado.
Entonces del asunto se hizo cargo el Instituto Colombiano de Antropología e Historia (ICANH), que dictaminó que se trataba de un cementerio de los indígenas muiscas que tenía una extensión de ocho hectáreas, el más grande de Latinoamérica. En su afán por continuar con la construcción de la viviendas de interés social que eran parte de la Operación Estratégica Nuevo Usme, que aspiraba a crear 53.000 viviendas para más de 250.000 personas, la constructora contrató a la Universidad Nacional para que estudiara el terreno.

Desde los años 90 la comunidad de Usme tenía diferencias con la contructora Metrovivienda, pues denunciaban vicios en los trámites de construcción y, además, que los obligaban a vender sus terrenos por 10 mil pesos metro cuadrado. Por eso no confiaron en que Metrovivienda contratara a la Universidad Nacional y los campesinos decidieron organizarse en grupos de vigilancia que se aseguraban que de la Hacienda no saliera una sola olla de barro.
Poco a poco el grupo investigador de la Nacional, dirigido por el profesor Virgilio Becerra, se fue ganando la confianza de la Mesa Usmeka, como se llamó el grupo de líderes que protegía el cementerio Muisca, encabezado, entre otros por Jaime Beltrán. Entonces se acabaron los agotadores turnos de vigilancia y llegaron los acuerdos como la rendición de informes semanales y la realización de jornadas pedagógicas para los estudiantes de los colegios, con charlas que daba el profesor Becerra.

La Universidad Nacional encontró que la Hacienda El Carmen había pertenecido una comunidad que se desarrolló durante los periodos Herrera (500 a.C a 1000 d.C), Muisca Temprano (1000 a 1350 d.C) y Muisca Tardío (1350 a 1600 d.C) y que se transformó a partir de la colonización española. Allí, los Muiscas tenían sus viviendas, cultivos y numerosas tumbas.
Entre las investigaciones que se hicieron entre los años 2008, 2009 y 2012 se recuperaron los restos óseos de 119 personas, más de 1.000 restos óseos de animales y 35 cerámicas completas que actualmente se conservan en los laboratorios de arqueología y antropología física de la Universidad Nacional de Colombia.
Como parte de los hallazgos también se encontró evidencia de que la comunidad Muisca de la época tenía intercambio y contacto con comunidades del Caribe, el Valle del Magdalena, el piedemonte llanero y el Amazonas, así como con sociedades europeas.
Como la Hacienda El Carmen cuenta con 30 hectáreas de las cuales 8 son las que tienen la mayor riqueza arqueológica, la constructora Metrovivienda quiso aprovechar para construir en las otras 22 héctareas. La comunidad, entre ellos Jaime Beltrán, se opuso a dicha ambición y aprovechando la receptividad que tuvo el entonces alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, con el hallazgo del cementerio indígena, consiguieron que el ICANH, en 2014, declarara el lugar como área arqueológica protegida. Arruinando los planes de la constructora Metrovivienda.

Ese fue el triunfo de la comunidad, liderada por Jaime Beltrán, que llevaba más de15 años luchando en defensa de su patrimonio y su identidad contra la temible expansión urbana. Sin embargo, después volvió el desconcierto, pues ninguna entidad distrital estaba a cargo del proyecto de construir el primer y único parque arqueológico de Bogotá, a pesar de que el distrito había destinado 2.000 millones para dicho proyecto.
En la Alcaldía de Claudia López se volvió a meter el proyecto Parque Arqueológico Hacienda El Carmen dentro del Plan de Desarrollo Territorial. La ilusión volvió para los usmeños, pero no tardó en irse. Casi doce años desde que se planeó el Parque Arquológico hoy solo hay unas cuantas carpas blancas en las que se hacen charlas, y un letreto que dice "Parque Ambiental Jaime Beltrán", pero las más de 2.500 piezas halladas siguen en un laboratorio de la Universidad Nacional.
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