El día que Juan Manuel Santos convenció de ser embajador a "Yo José Gabriel"

Al llegar a la presidencia en el 2010, el exmandatario reservó su tercera embajada más importante para un amigo de infancia, conocido por todos los colombianos

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septiembre 09, 2021
El día que Juan Manuel Santos convenció de ser embajador a

Con un almuerzo del más alto nivel bogotano, el exdirector y creador de la Revista Semana, Felipe López, reunió a grandes del periodismo actual y políticos influyentes en honor a Carlos Ardila Lule (QEPD) para celebrar el nacimiento del canal RCN Televisión una tarde de julio de 1998.

José Gabriel Ortiz -quien en ese entonces tendría 43 años- ya conocía a la mayoría de los más de veinte invitados que había ese día, entre los que recuerda a Julio Sánchez Cristo, María Ximena Duzan, Roberto Pombo y los hoy expresidentes Cesar Gaviria y Juan Manuel Santos, amigos casi de infancia suyos.

Y, aunque también Felipe López era de sus amigos cercanos, “Yo José Gabriel” llegó a ese almuerzo como invitado personal de Ardila Lulle padre, a quien conoció de cerca tras su paso por la embajada de Colombia en España años atrás. En dicho país, Ortiz trabajó como agregado comercial, director de la oficina de ProExport cuando el mega empresario era embajador, precisamente durante el gobierno de Gaviria. Congeniaron muy bien en equipo y formaron cercanía. Por aquellas épocas, mucho frecuentaba Ortiz las piscinas de la mansión de la familia Ardilla Lulle a las afueras de Madrid en las tardes de verano, por invitación directa de Carlos padre, según ha relatado en algunas entrevistas.

Antes de que sirvieran el postre durante aquel almuerzo realizado en la oficina del entonces director de Semana, le preguntaron al doctor Ardila Lulle sobre el contenido de lanzamiento de su nuevo canal. El empresario tomó la palabra y con tono alegre empezó a hablar de sus aspiraciones. En su intervención hizo énfasis en un gran deseo que tenía: un Talk Show, al mejor estilo estadunidense, con orquesta incluida, que tratara temas políticos, pero con humor, sarcasmo y finura. Acto seguido, dijo que necesitaba a alguien maduro, con conocimiento interno de poder y un don de relacionista en todas las esferas y dimensiones de este. Además, dijo que había que crear un personaje nuevo, desde cero, mientras miraba fijamente a José Gabriel Ortiz a los ojos.

Hasta ese entonces, Ortiz antenada era un empresario exitoso. Digno nieto de su abuelo Roberto, uno de los fundadores de la Federación Nacional de Cafeteros, sus capacidades de relacionista y comerciante regaba de resultados positivos las entidades por las que había pasado. Su potencial de promotor cogió fuerza en el sector político de alto nivel pues siempre tuvo mucha facilidad en juntar los sectores económicos de tradicional importancia para Colombia donde fuera que estuviera.

Entre risas y murmullos, varios de los presentes en la reunión decían saber de quién estaba pensando el magnate empresario durante su intervención. Pero este atajó los comentarios inmediatamente: -“No hablen, no pueden hablar” dijo mientras le pedía una hoja de papel a su secretaria. Cuando la tuvo en las manos, la rompió en 20 pedazos y los repartió entre los presentes en dicha comitiva, a quienes pidió que escribieran el nombre de la persona que, de ese grupo, consideraban más idóneo para hacer realidad su proyecto. De veinte papelitos, dieciocho decían Juan Gabriel Ortiz.

-“No sean tan irresponsables” fue la primera reacción de Ortiz, quien con una sonrisa nerviosa se tardó en entender que la propuesta era enserio. Entre su desconcierto, todos los asistentes, la mayoría periodistas, lo motivaban a hacerlo pues conocían de su carisma como persona, empresario, líder y funcionario público. Entre ellos, el presentador recuerda las palabras con las que Juan Manuel Santos le insistió a que aceptara la propuesta. El expresidente Santos, amigo cercano de toda la vida de Ortiz, sería uno de los primeros entrevistados en su programa que se vendría a llamar “Yo Juan Gabriel” meses después.

Diez años duró el experimento, Ortiz fue el dueño del rating e imponía agenda. En su programa pasó todo el mundo, desde Celia Cruz, hasta Diomedes Díaz, Jaime Garzón dio su última entrevista a un medio en ese lugar y para la historia quedó su interpretación de Candela al lado de César Mora quien era el hombre que llevaba la batuta en la orquesta de salsa que sonaba en el programa.

Fueron varios años de éxito en las pantallas de Canal RCN y Caracol hasta que recibió una llamada de la Casa de Nariño en 2010. El entonces presidente Juan Manuel Santos lo necesitaba en su despacho para hacerle una propuesta a la que no se le podía negar. Le dijo que se tenía que ir para México de embajador, a su tercera embajada más importante. Santos sabía que con José Gabriel solo se podía sorprender positivamente, pero el presentador no estaba del todo convencido. Pero el expresidente estaba negado a recibir un NO como respuesta.

Su aterrizaje en la misión colombiana en el DF se sintió fuerte. Lo primero que hizo fue remodelar la vieja casa de la embajada, ubicada también en Las Lomas y cuya estructura estaba frágil desde que el terremoto de 1985 devastó el DF. Allí no sólo atendió las solicitudes de cientos de colombianos, sino que recibió a los influyentes amigos que tiene en México, desde súper empresarios como Carlos Slim o Ricardo Salinas, Director General del Grupo Salinas, hasta escritores como Álvaro Mutis o Gabriel García Márquez quienes lo visitaron antes de morir.

José Gabriel con su amigo Carlos Slim en Ciudad de México. Foto: Archivo

La eliminación de la visa obligatoria de turismo para colombianos, fue otro de sus logros durante sus años en la embajada. Y, aunque el periodo de alternancia para un diplomático colombiano no suele ser mayor al de un periodo presidencial, Santos lo mantuvo en la misma embajada cuando fue reelegido en el 2014.

El nombramiento de José Gabriel fue de los primeros puestos diplomaticos designados por el expresidente Santos en 2010. Foto: Cancillería

Ortiz volvería a la televisión colombiana, pero sin dejar de residir en México, donde después de su carrera diplomática empezó a fungir como representante empresarial del emporio Ardila Lulle. Sin embargo, en la memoria de su reemplazo y los compañeros con los que pudo trabajar durante su paso por cancillería, quedó el ejemplo de trabajar y producir siendo un alma de la fiesta.

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