Tras denunciar y lograr la retractación del obispo de Cúcuta, el padre Julio César Quintero falleció afectado por una profunda depresión y el aislamiento

El caso que sacudió a la Iglesia Católica en Colombia tiene ahora un desenlace trágico. El sacerdote manizaleño Julio César Quintero Grisales, quien había denunciado una presunta deuda superior a los $1.000 millones que involucraba al obispo de Cúcuta, monseñor José Libardo Garcés Monsalve, y a su hermano, falleció meses después de haber sido suspendido de su ministerio. Hoy, su familia asegura que la presión institucional, el aislamiento y el deterioro emocional que vivió tras la denuncia fueron determinantes en su muerte.

La denuncia que desató el escándalo

El padre Quintero afirmó haber realizado 153 préstamos entre 2018 y 2021, respaldados con letras de cambio y consignaciones al obispo y a su hermano. Según explicó, los recursos provenían de sus ahorros personales, cesantías y una herencia familiar. Tras hacer pública la situación, fue citado por la Arquidiócesis de Manizales y posteriormente suspendido del ejercicio sacerdotal. Su familia sostiene que, desde entonces, comenzó un proceso de señalamiento que lo afectó profundamente.

El obispo tuvo que retractarse

En medio de la controversia, el obispo de Cúcuta publicó una nota en la que cuestionaba la conducta del sacerdote. Sin embargo, luego de una querella por injuria y calumnia interpuesta por el padre Quintero, el caso llegó a la Fiscalía 17 Local de Manizales.

El 20 de noviembre de 2025 se firmó un acuerdo de conciliación en el que monseñor Garcés Monsalve se retractó expresamente, reconoció que no tenía pruebas de sus afirmaciones y ofreció disculpas públicas. La retractación incluyó el retiro de contenidos digitales relacionados con el sacerdote.

El deterioro de su salud

Según relata su sobrina, Laura Quintero, el sacerdote padecía depresión, la cual se agravó tras la suspensión y el escándalo público. En los meses siguientes sufrió un infarto; los médicos advirtieron que su corazón funcionaba al 23 % y recomendaron evitarle cualquier estrés. Durante su hospitalización, recibió una llamada en la que, según la versión familiar, se le habría indicado que no volvería a ejercer como sacerdote.

Días después sufrió un derrame cerebral. Su estado físico y emocional continuó deteriorándose hasta su fallecimiento. “El dinero no nos devuelve a mi tío. Lo que queremos es que se sepa todo”, afirmó su sobrina Laura, quien era su mano derecha.

El proceso civil por la presunta deuda continúa en el Juzgado Quinto Civil de Manizales. Hasta el momento, no hay un nuevo pronunciamiento oficial por parte de la Arquidiócesis de Manizales frente a las recientes declaraciones de la familia, ni tampoco del obispo de Cúcuta. El caso deja abiertas preguntas sobre el manejo institucional del conflicto y el impacto humano de una disputa que trascendió los estrados judiciales.

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