El COVID-19 en Colombia: ¿una lucha entre la ley y el hambre?

"Problemas como la hambruna podrían ser erradicados incluso tres veces consecutivas por el total de fortuna acumulado por un sector reducido de la sociedad en su conjunto"

Por: Sergio Andrés Santiago Manotas
abril 02, 2020
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El COVID-19 en Colombia: ¿una lucha entre la ley y el hambre?
Foto: Nelson Cárdenas / @cantarranasur

Creo que es Baudrillard el que expresó que las crisis sociales resultan ser ricas filosóficamente hablando. Claramente lo que menos se desea es una crisis social con el pretexto de pensarla y analizarla, eso constituiría un deseo muy caprichoso por parte del pensamiento. Pero si lamentablemente crisis como estas terminan apareciendo ante nosotros, es importante también  tratar de entender estas situaciones. Por supuesto que la máxima de Baudrillard no resulta errónea. La historia del pensamiento filosófico brinda distintos aportes que llegan a ser útiles para analizar una situación como la que vivimos desde distintos puntos de vista. En mi caso, esta pandemia me ha hecho pensar en la teoría de la propiedad de John Locke. Tal  vez resulta algo lejano pensar un problema en pleno siglo XXI remitiéndose al pensamiento de un filósofo del siglo XVII. Pero la filosofía tiene la virtud de ser atemporal y servir de herramienta analítica para la actualidad indistintamente del momento en que haya sido producida. Aquí mis razones:

Entre los problemas que ocuparon a Locke, el de la propiedad privada tiene un lugar importante en su teoría filosófica. Aunque el abandono del estado de naturaleza (un estadio previo de la humanidad  al de la instauración de la civilización) y la llegada del Estado garantiza la protección de la propiedad privada, esta misma debe tener límites al ser pensada en los límites mismos del individuo. De este modo aunque el filósofo inglés expresa que es el trabajo de la mano humana sobre la tierra lo que garantiza que la tierra se vuelva propiedad de alguien, esta tierra no puede exceder la cantidad necesaria para la subsistencia del propio individuo. En otras palabras, cada miembro del Estado solo tiene derecho al pedazo de tierra que le sea estrictamente necesario. Con esto Locke cuida que en el Estado no se permita el derroche o desperdicio de bienes. Cada uno es solamente propietario de aquello que es capaz de consumir. La propiedad no se puede incrementar de forma ilimitada porque entonces algunos  terminarían gozando de esta y otros no. Lo que iría en contraposición con el pensamiento del contractualista, donde el derecho a la propiedad a todos los hombres es fundamental. Una cita textual que ilustra esto de forma correcta es la siguiente: "la medida de su propiedad vendrá fijada por la cantidad de tierra que un hombre labre, siembre, cuide y cultive y de cuya producción pueda hacer un uso pleno que no implique un desperdicio". El límite de un consumo sin derroche marca también el límite de la propiedad territorial.

¿Pero a qué viene esta breve explicación de la propiedad lockeana? Esta crisis derivada del Covid-19 ha demostrado lo alejada que esta la sociedad de aquel estado ideal que concibió el inglés en su tiempo. En pleno siglo XXI encontramos una gran variedad de artículos  demográficos y económicos que demuestran que problemas como la hambruna o la pobreza mundial podrían ser erradicados incluso tres veces consecutivas  por el total de fortuna acumulado por un sector reducido de la sociedad en su conjunto. En el caso de Colombia, temas tocados por políticos como Gustavo Petro entorno a la cantidad de tierra improductiva presente en el país demuestran que la acumulación ilimitada de territorio y bienes ha sido un tema permisible en la ley colombiana.

Aunque la solidaridad ante la emergencia ha sido evidente en muchos sectores con la ayuda de provisiones a las zonas más vulnerables, persisten (como de costumbre) algunos problemas en ello. El primero es que las ayudas proporcionadas por el gobierno no son repartidas del todo de una forma justa.  Hoy en mi barrio he visto como se le lleva un mercadito a un pensionado mientras no se le entrega nada a una pareja de estrato uno que se sustenta por una venta diaria de bollos. No he tenido conocimiento, pero estoy seguro que este no es el único caso de este estilo. Esto es Colombia señores. Encontramos entonces una cantidad de personas que salen a las calles no por infringir la ley porque sí, sino que muchos lo hacen porque viven del día a día (del “rebusque”) para así cubrir necesidades primarias como la alimentación. Algunos posiblemente no han recibido ni un solo mercado hasta el momento. Estoy seguro igualmente que hay un buen porcentaje de colombianos que necesitan de ayuda alimentaria urgente pero el número de su sisbén dice todo lo contrario.  En Colombia el sisbén ratifica la advertencia tradicional de los racionalista de que no debemos guiarnos de las apariencias porque estas son engañosas. El puntaje del sisbén de mi padre es de 61, parece que somos ricos y no lo sabíamos… ¡Vaya chiste de mal gusto! Hay que cuestionarse, sin antes no agradecer de igual modo,   las ayudas ya suministradas. ¿Serán suficientes para el tiempo en que calculan su uso? ¿Se verá de todos modos obligado a salir el colombiano necesitado en busca de alimento? No se desmerita la ayuda notoria del gobierno y muchas empresas privadas en esta lucha humana, pero dichos interrogantes no dejan de revolotear en mi cabeza.

Si efectivamente el derecho ilimitado de propiedades y capital ha sido legitimado desde hace tiempo por nuestra sociedad capitalista y en Colombia encontramos claros ejemplos que lo  demuestran, queda por preguntarse más allá, ¿si gran parte de los miembros de las clases más altas de  Colombia se unieran  por completo en la donación de ayuda a las clases más bajas seguiría presente la necesidad de salir? Pero estamos en una crisis en la que aunque la solidaridad se ha visto, no deja por ello de existir las diferencias sociales. Al capitalismo no lo tumba nada, ni siquiera una crisis sanitaria. El Papa Francisco dijo hace poco que en medio de la epidemia todos estamos en la misma barca. Yo le diría que sí. Que todos estamos en la misma barca, pero con distintas condiciones. Que en la barca hay espacios exclusivos para los burgueses, y otros para los menos afortunados. Pienso que Colombia ha aprendido los grandes riesgos de este virus tomando como ejemplos países como Italia, España o Estados Unidos, pero a su vez las diferencias sociales muy marcadas en nuestro país pueden llegar a ser cruciales en la propagación del mismo.

Tratando el tema desde otra perspectiva, encontramos en la historia del pensamiento personajes como Hegel y Lacan cuyo análisis ha revelado cómo las antiguas tragedias griegas siempre reflejan una lucha entre los deseos individuales de sus personajes y los mandatos estipulados por la ley, que es externa a este. De este modo en Antígona de Sófocles la protagonista homónima no puede concebir dentro de sí que uno de sus dos hermanos fallecidos haya sido enterrado de forma común sin recibir ningún rito fúnebre.  A lo largo de toda la tragedia se presenta una lucha constante entre los deseos de Antígona y la nueva ley promulgada por el rey Creonte que ha prohibido el entierro formal de su hermano Polinice. Ese mismo análisis hace pensar en la situación colombiana, en la tragedia que algunos colombianos viven en medio de todo esto. ¿Habrá entonces una lucha entre lo que la ley establece en este momento y la necesidad de alimento del trabajador que vive del día a día? Será el virus o el hambre.

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