¿El coronavirus evidencia nuestra falta de cultura?

Desde el acaparamiento, hasta la apatía y la xenofobia, los colombianos no hemos terminado de sensibilizarnos con la peor pandemia que ha vivido la humanidad en siglos

Por: Juan Carlos Niño Niño
abril 13, 2020
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¿El coronavirus evidencia nuestra falta de cultura?
Foto: Vía Twitter / @uniondeactores

Una extensa fila afuera de la sede de cualquier banco en Bogotá, en donde la gente se amontona a menos de cincuenta centímetros -propiciando que el Coronavirus se expanda con la misma rapidez que en Ecuador y Nueva York- demuestra claramente la ausencia de una cultura colectiva, consciente, responsable, que no está a la altura de la tragedia que se nos avecina,  creyendo “ingenuamente” que nada tienen que ver con esta pandemia mundial, incluso renegando contra las drásticas medidas del Presidente Iván Duque y la Alcaldesa de Bogotá C,laudia López.

En medio del desespero -ante una fila de media cuadra esperando que les abran la puerta en una sede del Banco Caja Social en el occidente de Bogotá- les grito angustiado que por favor reaccionen, que no pueden estar a tan corta distancia, que el letal virus se puede regar como pólvora, a lo que solo encuentro total indiferencia, un silencio inclemente, actitudes de desagrado y hasta la mirada molesta de una anciana, que en medio de la fila ni siquiera le importa que la multitud le empuje, mientras que un vigilante del sector me dice con frustración que lleva toda la mañana tratando de que estas personas tomen dos metros de distancia entre sí, como lo recomiendan las autoridades sanitaras para evitar el temido contagio.

A esta falta de conciencia no escapan los bancos, que están obligados inicialmente a regular las filas que se forman antes de entrar a sus instalaciones, pero poco o nada les importa la suerte de sus incautos clientes. Es más, al interior de las oficinas bancarias, la irreponsabilidad de los empleados -incluidos el gerente y subgerente- es increíble, no tiene perdón de Dios, como si la indicación de los magnates financieros fuera de recaudar su dinero a como diera lugar, como también poner trabas a los créditos para pequeños y medianos empresarios, aun cuando Bancoldex para tal fin les ha desembolsado a los bancos 344 mil milllones, y tiene previsto completar un desembolso de 600 mil millones de pesos.

Al entrar a una sede de AV Villas en el centro comercial Cafam La Floresta,  encuentro igualmente una fila de personas a menos de un metro entre sí, a lo que recurro de inmediato a una de las cajeras para que se tomen cartas en el asunto, quien no se inmuta ante mi solicitud y para nada interrumpe su atención al cliente de turno, mientras el guardia de seguridad me pide que haga la fila o me retire del banco, a lo que hago caso omiso y tocó levemente a la puerta de cristal del gerente, quien sigue hablando por el celular y no muestra ningún interés en dejarme entrar. Entonces, no tengo otra alternativa que aplicar el viejo refrán  “Sálvese quien pueda” y me retiro de inmediato de la mencionada entidad.

Aunque me siento afortunado de deberle a Bogotá mi formación profesional y laboral -desde aquel día que me gradué como bachiller en el Colegio Braulio González de Yopal y empaqué maletas para estudiar Comunicación Social en la Universidad de la Sabana- no puedo negar que me aterra la ausencia de cultura de los capitalinos, que pone en tela de juicio su capacidad para enfrentar colectivamente esta pandemia, cuando botan a la calle con total tranquilidad todo lo desechable que tengan a la mano -como si la ciudad fuera su basurero personal- no respetan ni siquiera la fila en Transmilenio y al contrario se meten a la fuerza -como fieras- en los aglomerados y asfixiantes articulados del sistema, o no respetan las más básicas señales de tránsito cuando conducen su vehículo, abriéndose camino a la fuerza -en medio de cualquier cantidad de improperios- sin importarles terminar enloquecidos cuando pitan sin cesar ante cualquier trancón, lo que no dudó el historiador y periodista Ricardo Montaño en calificar hace muchos años como una “sociedad semisalvaje”.

Y lo confieso: nunca imaginé que una pandemia como ésta tendría la capacidad de poner contra la pared tanta anarquía, hacerle una encerrona a mucho “desadaptado” -me perdonan el término- que están aullando como hienas porque el Presidente Iván Duque acaba de anunciar que se amplía la cuarentena hasta el 27 de abril, y la Alcaldesa Claudia López dispuso que en los días pares solo salen mujeres y en los impares los hombres -en Semana Santa se ha incumplido con esta medida- porque los tiene completamente desconcertados, con un lenguaje pedagógico que desconocen en lo absoluto, que les hace desconocer o incluso despreciar -desafiantes- la letalidad del mencionado virus.

Y me pregunto: ¿es necesario “tocar fondo” para generar un cambio de cultura? Acaso se necesitan los estragos extremos del Coronavirus -con mil muertos diarios en distintas partes del mundo- para no salir a las calles, no irse de paseo en esta semana santa ni amontonarse en interminables filas de entidades financieras o supermercados? Ni Dios lo permita. Que la sangre de Cristo nos cubra. Que cada uno de los colombianos podamos salir avantes de esta emergencia, con el menor número de contagios y con la cifra “Cero” de fallecidos.

Aunque aclaro que por diversos circunstancias de tipo laboral, económico y social muchos capitalinos deben salir a diario a las calles, como es el caso de personal médico o las personas que trabajan de manera formal o informal, y que precisamente a estas valerosas personas les debemos que el País no se paralice en sus servicios más básicos y esenciales, por lo que este segmento de la población está excluida de cuestionamiento central de esta columna, y al contrario se pide al Gobierno nacional, departamental y local, toda la solidaridad y expedición de medidas que garanticen su bienestar en este período de la Cuarentena.

Un corredor humanitario para migrantes venezolanos.

A esta “anarquía” se suman los migrantes venezolanos -carentes también de cultura- quienes inmersos en una dolorosa tragedia humanitaria, les tiene sin cuidado la amenaza del letal virus y se niegan a tomar medidas para prevenir el contagio, mucho más cuando el confinamiento es contrario al “rebusque” diario con la venta ambulante o la mendicidad, lo que se convierte en ni más ni menos que en un propulsor del Coronavirus, que nos pone aún en más riesgo a cada uno de los colombianos.

En el mismo sentido, la cuarentena nacional se ha convertido en el peor enemigo de estos migrantes, porque al estar todo el mundo guardado en sus casas, no tienen cómo conseguirse el sustento diario en las calles, por lo que inesperadamente han decidido retornar a su País -incluidos los venezolanos que vienen del Ecuador- casi que tomando desprevenido al mismo Gobierno Nacional, que hasta el momento no ha podido sentar una posición sobre el asunto, porque obviamente está inmerso en el complejo y manejo de la emergencia sanitaria, aunque la Canciller Claudia Blum y el director de Migración Colombia Juan Francisco Espinosa anticiparon el pasado martes en una sesión  virtual de la Comisión Segunda de la Cámara, una conformación de puentes aéreos y refugios temporales, más una compleja negociación con Venezuela, para iniciar una deportación selectiva y gradual al hermano País.

La propuesta de Carreño.

Ante esta coyuntura es muy oportuna la propuesta del Representante de Arauca José Vicente Carreño -quien la formuló en esta sesión virtual informal de la Comisión -en el sentido de establecer un solo corredor humanitario, que facilite  el tránsito de personas venezolanas que vienen de Ecuador hasta la frontera con el hermano país -que tardaría dos semanas- en donde el desplazamiento se planifique con total rigor, evitando que se ubiquen o pernocten en cualquier residencia o sitio público, sino en espacios debidamente programados y autorizados  dentro del mencionado corredor, con el fin de que este desplazamiento no contribuya en una letal expansión del Coronavirus en Colombia.

Esta intención de los migrantes en retornar a su país, debe contar con una acertada coordinación y asistencia del Estado colombiano -sería el inicio de la solución a una de las crisis humanitaria más graves en el territorio nacional- tomando medidas tan efectiva que igualmente propuso Carreño en esta reunión informal virtual, como trasladar a estas personas a la frontera -en coordinación con los gobiernos nacional, departamental y local- adelantando las diligencias legales de Migración Colombia con las autoridades venezolanas, como también una base de datos para determinar quienes salieron del País, que cuando pase la pandemia y quieran volver, el Gobierno Nacional tenga más control en el ingreso de los migrantes venezolanos, en donde solo puedan entrar al

País quienes tengan sus papeles en regla -preferiblemente con un respaldo socioeconómico, como actualmente lo exige Estados Unidos para el ingreso a su territorio - evitando que este ingreso masivo se convierta en un problema de seguridad y convivencia ciudadana para los ciudadanos.

Coletilla: A nadie le puede quedar duda que dos de los grandes protagonistas de esta crisis sanitaria por el Coronavirus, han sido el Presidente Iván Duque y la Alcaldesa de Bogotá Claudia Lopez.

El primero con la valerosa decisión de ampliar la cuarentena -que demuestra criterio e independencia- y la segunda con su firme propósito de hacer cumplir hasta el fin los términos de la cuarentena, lo que demuestra que a pesar de estar en orillas tan opuestas -con diferencias bien marcadas en el manejo de la crisis- demuestra que hemos estado en muy buenas manos -si de acciones gubernamentales se trata- como lo han venido reconociendo mutuamente en su momento cada de uno de estos dirigentes políticos.

Quizás este sea el inicio del fin de una de las polarizaciones políticas más graves en el País, que tanto nos ha afectado en las dos últimas décadas, y que debería concretarse en un acuerdo nacional para la reactivación económica y social en el “post Coronavirus”.

Todos ponemos, ¡quedémonos en casa!

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