El clítoris: las hazañas genéticas del orgasmo

Es posible que la investigación de Roy Levin acerca del papel reproductor del orgasmo sea un elemento precioso del eslabón perdido acerca de la evolución humana

Por: Carlos Roberto Támara Gómez
noviembre 20, 2019
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El clítoris: las hazañas genéticas del orgasmo

En esto habría que ir paso a paso para no despertar sospechas ni resistencias, ni suscitar teorías conspirativas, pues el investigador Roy Levin, en su pesquisa publicada en Clinical Anatomy, descubre que una nube de silencio a veces e ignorancia en otras había acentuado solamente el carácter hedónico (solo placer) del orgasmo en tanto exaspera la componente erótico amatoria de la sexualidad tras la manipulación natural o artificial del clítoris.

Pero hay mucho más que eso. Lo que Levin estaría demostrando es que la evolución seguramente creó el anzuelo preciso y precioso del placer sexual febricitante como forma de inducir la reproducción humana. Volver útil el placer es un invento extraordinario. Llevado esto al extremo, nada tiene de raro que las flores de las plantas obtengan sus propios orgasmos de la visita de las abejas u otros insectos más penetrantes.

Luego de Darwin, sus seguidores y continuadores han construido y demostrado que quien dirige el proceso de selección natural es la máquina autoreplicante de los genes; por lo tanto estos geniecillos han construido una industriosa máquina de placer sexual con fines de asegurar su propia evolución y continuidad. Y esto ya parece que puede entenderse mejor. Quedémonos aquí un rato.

Pero, ojo al Cristo que es de plata. Qué es lo se dice: además de exacerbar, a veces paroxísticamente, el placer sexual, también el orgasmo cumple una función reproductora que se había mantenido oculta y poco menos que pasado desapercibido: los genes matan dos pájaros de un tiro.

Usted ahora sí puede imaginarse a la serpiente con Eva en el paraíso, solazadas, pues estaban urdiendo poner a prueba la máquina precisa, bien dibujadita y graciosa, para que tras sucesivas generaciones reemplazáramos en perfección al creador. Como la especie humana sería un derivado homínido, entonces ese proceso de incubación del crimen se viene cumpliendo desde el mismísimo origen del universo, pues los genes no son más que encadenados de encadenados de partículas atómicas, que nunca cesan de vibrar. Eva fue muy inteligente y astuta. ¿O lo fue la serpiente? Cabe la pregunta, ¿contiene esta serpiente una semiosis fálica, es decir, el concentrado de signos de lo que será la vida sexual del ser humano? ¿Con qué juguete jugaba Eva en sus lucubraciones excitantes? Y es que el asunto debió ser muy enojoso: una pareja desnuda de agraciados a sol y sombra: en cierto momento alguno debió preguntarse, bueno, ¿y para qué tenemos esto? Un pequeño roce hubiera bastado para desatar el tsunami: un estremecimiento torturador que elevó todas las cimas.

Y no se crea que todo esto no está bien amarrado. La cosmología demuestra que los procesos de hoy son larvados en el universo temprano. La unión de las tres fuerzas fundamentales garantiza la legalidad, es decir, con arreglos a leyes, que nos encauzamos como por entre un tubo. Y todo habría sido urdido muy rápido, en el tiempo de Planck: 5, 39 x10-44 segundos. Para colmos, si la teoría de la Inflación del universo es cierta, como permitiría asegurarlo la detección apenas este año de ondas gravitacionales, toda esa sabiduría primigenia quedaría sepultada, las llaves perdidas: detrás del horizonte de sucesos.

Uno podría pensar con algo de gracia y un dejo de suspicacia que desde el principio estábamos condenados al placer y goce del universo y eso sí que es gratificante. Por tanto la mujer sería un segregado bellamente ondulado de aquella energía que se fraguó a tan altos grados de temperatura: somos polvo de estrellas zurcidos a punta de fuego termonuclear. Cabe disfrutar: un polvo nunca jamás tendría un significado más telúrico. Cuando digo esto me siento engendrando el universo, de manera que imaginen mi fruición. Pero, sigamos:

Roy Levin sugiere la siguiente, especie de caja negra, para resolver el asunto. Roy Levin y Darwin dan ya por creado al hombre y en una primera fase el esperma de los testículos, y las glándulas accesorias masculinas. Ahí estaría el comienzo de la parte novedosa, pues se sabe que la mujer tiene desde su nacimiento su propia cauda de óvulos, que bajarán en mensualidades sucesivas: eso ya está listo. Pero el semen, el presente inmediato si lo pone el varón. Eso crea la primera fase de ingreso (a) del semen eyaculado en la vagina. Esto está sustentado especialmente por Hartman en 1957. De allí se pasa a una fase (b) del esperma de coagulación inmóvil en semen gelificado, referido por Lilja y Lundwall (1992); para las fases (c) y (d) se establece una fase clave denominada secreciones vaginales y seminales, que agregan factores de precapacitación y capacitación del semen, respectivamente, hasta alistar la fase (e) de esperma capacitado, referido todo esto por (c) Fraser y col. (2003) (d) Fraser y col. (2006), Levin (2005) y Murdica et al., 2019. (e) Austin (1951), Austin y Bishop (1952), Bailey (2010), Cohen - Dayag et al. (1995). El paso siguiente es el transporte de resolución de carpa al oviducto (f) referido nada menos que por Masters y Johnson (1966). Luego ocurre la quimiotaxis de atractores del esperma (g); y (h) la motilidad hiperactiva del esperma, referidos por (g) Eisenbach y Giojalas (2006), Bahat y Eisenbach (2006), y Kaupp et al. (2008) (h) Suárez y Pacey (2006), Suárez (2008). A continuación, ya casi para entrar al óvulo fértil se produce la fase (i) reacción del acrosoma, aquella punta rocosa del esperma que rompe las paredes protectoras y al mismo tiempo solícitas del óvulo; unido a la liberación enzimática correspondiente para eliminar cualquier reacción adversa: ablanda, acondiciona y rompe, algo que se facilita pues ya el esperma ha sido precapacitado y capacitado, procesos que antes no se conocían. Esto está referido por Brucker y Lipford (1995), Nagae et al. (1986) y Okabe (2013).

Bueno, ya estamos dentro sigue la fertilización del óvulo tras la entrada del esperma, y la nidación en el útero. ¡Estamos hechos, hermano! ¡Todo en una noche de pasión desenfrenada! ¡Qué emoción! Gracias Rafael Enrique, gracias Elsa María, los felicito a mis difuntos padres.

Esa es la demostración paso a paso de la forma como se ha dilucidado, mediante la comprensión de fases continuas de investigación el terreno que ahora pisamos. Asombra que la ciencia compruebe lo que cada cual ha sentido alguna vez cuando ha cosechado un buen polvo.

Pero el asunto no se queda allí. Hay más fruición oculta en esta investigación. La siguiente tabla da cuenta de:

Tabla 1. Cambios fisiológicos inducidos en la vagina por estimulación del clítoris que facilitan la aptitud reproductiva

Tabla 1. Cambios fisiológicos inducidos en la vagina por estimulación del clítoris que facilitan la aptitud reproductiva

Obsérvese que la tabla está generada por el motivo de la investigación, cual es sustentar el carácter reproductivo del clítoris. Pero esta tabla es un tanto curiosa. En efecto, al final de ella aparece entre paréntesis la célebre amplificación hedónica que es otra forma de mencionar el orgasmo, sin embargo pareciera referido a la mejora de la “excitación sexual masculina”, sin que aparentemente se mencione a la mujer. Pero no, bien leído, ese incendio es el momento en que una gigantesca llamarada parece consumirnos, pero a ambos. Ahora bien, como puede verse, y disfrutarse, es todo un proceso, de ahí que el ritmo sexual sea un aprendizaje obligatorio.

Hay problemas ahí. Pues claro que los hay. Si a su pareja le dice que le duele la penetración algo grave está sucediendo pues no debería suceder: no hay suficiente lubricación. Usted puede estarse precipitando. No está manejando bien las pautas. ¡Concéntrese! ¡Acaricie! ¡Vaya con maña!

Bueno, vayan ambos con maña, pues es a veces la mujer quien está pasada de velocidad.

Ya para terminar, el estudio cita a Freud que no por teutón deja de exudar su propio sentido del humor. Con cierta socarronería comenta la función del clítoris así: "transmitir la excitación de las partes sexuales femeninas adyacentes, así como, para usar un símil, se pueden encender las virutas de pino para prender fuego a un tronco de madera más dura". ¡Genial!

En resumen este estudio fabuloso concluye algo que parece inverosímil: toda la acción sexual va dirigida a obtener resultados en el cerebro.

“A saber, la tarea reproductiva del clítoris es activar el cerebro para inducir la combinación de cambios necesarios en el tracto genital femenino para asegurar con placer que si, en cualquier escenario sexual posterior, se produce coito con eyaculación de semen en la vagina, entonces se crean las mejores condiciones posibles para lograr el éxito reproductivo y, por lo tanto, mantener la aptitud reproductiva. En términos que emplean los evolucionistas, esta función reproductiva del clítoris es su función "próxima" con respecto a facilitar el éxito reproductivo "último" en los años fértiles de la hembra”.

Estas claves ocultas y teleológicas de la genética nos hacen dudar de la habilidad de la serpiente.

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