El Cesar tiene sed

Aunque el 97, 17 % de los hogares tiene instalado el servicio de acueducto, el suministro es intermitente y la calidad del agua no es la mejor

Por: CARLOS CESAR SILVA
Junio 17, 2019
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El Cesar tiene sed
Foto: Petruss - CC BY-SA 3.0

La semana pasada salió un diagnóstico que desnuda la situación del Cesar frente al alcance de los diecisiete ODS que están integrados en cuatro ejes vitales de desarrollo sostenible: personas, medio ambiente, economía y paz. Este informe, que fue elaborado por Cesore en alianza con el PNUD, expone una cifra paradójica que corrobora la mediocridad administrativa y la insensibilidad social de nuestros dirigentes políticos.

El 97, 17 % de los hogares del Cesar cuenta con la instalación del servicio de acueducto. A simple vista este dato parece positivo e irrefutable, pero basta con ahondar un poco en la realidad para determinar que la mayoría de las familias del departamento siguen viendo el acceso permanente al agua potable como un anhelo imposible, quimérico. Se trata de una situación inhumana causada por un déficit o estrés hídrico, que no permite satisfacer toda la demanda de agua. Cesore expone esta problemática con suma claridad: “Primero, es muy frecuente que se presenten suspensiones no avisadas ni programadas y, segundo, la continuidad del agua (en términos de hora/día) es una de las más bajas del país”.

Para rematar, la calidad del poquito de agua que llega es vergonzosa. Según un informe publicado en 2018 por el Ministerio de Salud y Protección Social, en el Cesar solo 10 de los 25 municipios tienen agua apta para el consumo humano. Por ejemplo, el agua en El Paso y Pailitas es inviable desde el punto de vista sanitario, mientras que en Astrea, Becerril, Bosconia, Chimichagua, Chiriguaná, González, La Gloria y Pelaya está en situación de alto riesgo.

El escenario es terrible, doloroso. El Cesar es uno de los departamentos con mayor riqueza hídrica de Colombia, cuenta con varios ríos que bajan desde la Sierra Nevada de Santa Marta y la Serranía del Perijá: el Cesar, el Guatapurí, el Lebrija, el Ariguaní, el Badillo, el Donachui, el Manaure, entre muchos otros. Sí, este recurso natural está esperando por nosotros, quiere ayudarnos a vivir. El problema es que los políticos prefieren seguir gastándose nuestra plata en otro tipo de obras, que al final son de mala calidad o quedan inconclusas. Ellos, que son elegidos con nuestro voto, no comprenden algo sencillo: “el agua es vida”.

Como una manera de enaltecer y promover la existencia humana, el próximo gobernador debe asumir como su principal bandera de gobierno el abastecimiento permanente de agua potable para todos los municipios. Por supuesto, esta tarea no es fácil, resulta necesario tener un plan serio, bien diseñado: hay que comprometer al gobierno nacional con la idea. Deben tirarse a un lado la negligencia, la corrupción y los prejuicios ideológicos, el Cesar requiere de una clase política preocupada por las principales necesidades del pueblo, desprendida de los intereses particulares, consanguíneos. Por eso en octubre debemos votar a conciencia, debemos votar por el agua, por nuestras familias. Ante las adversidades sociales no podemos dejarnos deslumbrar de las mochilas repletas de dinero: es mejor dejar de recibir cincuenta mil pesos durante un día que luego morirnos de sed.

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