El celibato: una aberrante tradición

Para los sacerdotes católicos es una prohibición relativamente reciente, fue establecido en el Concilio de Trento, en el siglo XVI

Por: Orlando Urdaneta Ballén
Abril 02, 2018
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El celibato: una aberrante tradición

La reciente y valiente carta enviada al papa Francisco por 26 mujeres que viven a escondidas una relación de pareja con sacerdotes católicos en ejercicio, en la cual le solicitan abolir la prohibición de tener relaciones sexuales normales con sus esposos, una vez consagrados como sacerdotes de la Iglesia católica, parece ser el inicio de una seria discusión y el fin de una aberrante tradición “anti natura”: el celibato eclesiástico.

En su misiva estas valientes mujeres confiesan tener “sufrimientos devastadores” a causa del carácter secreto de tales relaciones amorosas con representantes de la Iglesia y le confiesan: “Querido Papa Francisco, somos un grupo de mujeres de todas partes de Italia (y de más allá) que le escribe para romper el muro de silencio e indiferencia con la que nos encontramos cada día, porque “las consecuencias son igualmente devastadoras y a menudo sigue siendo una cicatriz de por vida para ambos. Las alternativas son pocas, o el abandono del sacerdocio o la persistencia de la vida en una relación secreta”. Le solicitaron una audiencia que aún no ha sido confirmada.

Cuando nace esta prohibición cuyo cumplimiento se ha traducido en abusos, pederastia y aberraciones en un considerable número de sacerdotes católicos, de escándalos cada vez más frecuentes, en casi todos los países del mundo, como en el caso de Irlanda donde el aterrador informe sobre pederastia en curas y monjas durante sesenta años tiene que ver, con su situación autoritaria y prepotente en colegios y orfanatos en los que actuaban sin control sobre niños y niñas, generalmente pobres, sometidos a sus caprichos y vesanias y a quienes cuando se quejaban eran castigados por sus superiores, cubiertos bajo una sotana. Ni estos, ni los obispos irlandeses, castigaron a los abusadores, ni pusieron remedio a la situación durante todos esos años, mientras que el Gobierno irlandés, uno de los más confesionales del mundo, prefería mirar para otro lado o el reciente caso de Granada (España) en el cual una vez denunciados estos aberrantes delitos por sus víctimas se ordenó su destitución  por el propio Papa Francisco, o como el reciente escándalo del sacerdote de la Diócesis de Cali, que abusó de varios infantes y cuyo abogado defensor esgrimió la absurda tesis que de los verdaderos responsables de las violaciones eran los padres de los abusados por no haberle inculcado valores cristianos, pero además que su defendido, no había cometido sus aberrantes abusos en horas de trabajo.

El celibato sacerdotal obligatorio en el catolicismo es una prohibición relativamente reciente, fue establecido en el Concilio de Trento (siglo XVI) y esta, suele ser justificada por la necesidad de que el sacerdote se consagre exclusivamente a Dios, si bien sus detractores aseguran que el celibato es el causante de los numerosos casos de abuso sexual, cometidos por miembros de la Iglesia Católica, contra niños que en las últimas décadas se han conocido gracias a las denuncias de las víctimas que revestidas de valor por fin se atrevieron a hacerlas, pues este tema antes era considerado como tabú dentro y fuera de la Iglesia, aunque otros ven en esta prohibición una decisión de política económica, para proteger el patrimonio de la Iglesia, de los eventuales derechos hereditarios de los clérigos.

Tampoco la Iglesia católica ha perseguido, ni castigado ejemplarmente las actividades sexuales de los clérigos siempre que estas no sean públicas y evidentes, como sucedió con el famoso cura Alberto de Miami, quien al verse sorprendido por un fotógrafo, acariciando a su novia en una playa decidió cambiarse de iglesia, a una cristiana en la que sí puede ejercer como sacerdote casado, sin estas prohibiciones anti natura.

Desde el punto de vista anatómico y funcional, los principales órganos que intervienen en la actividad sexual del varón son el cerebro, los testículos y la próstata, todos ellos productores permanentes de hormonas. Tratar de prohibir o retener su normal producción no deja de ser una  aberración antinatural, tal como si se pretendiera que el hígado no produjera la bilis, el páncreas la insulina, o las glándulas salivares, la saliva.

Si bien los diferentes estudios realizados sobre el cáncer de próstata, uno de los más agresivos en hombres mayores de 50 años, cobran millones de muertes en los hombres coinciden en encontrar como factores causantes del cáncer de próstata unos de tipo hereditario, alimenticio (grasas), edad (mayores de 50 años), raza (negra) un reciente estudio hecho por investigadores del Consejo del Cáncer Victoria, en Melbourne, (Australia), con una muestra  de 1.079 pacientes masculinos aquejados de cáncer de próstata y a 1.259 varones sanos, sin esta enfermedad, muestra que: quienes más eyaculaciones tuvieron entre los 20 y los 50 años tienen menos riesgo de desarrollar dicho cáncer y en una proporción de un tercio menos, la posibilidad de contraer un cáncer agresivo.

Otras investigaciones concluyen que la retención antinatural de estos fluidos podría obstruir los conductos seminíferos y precipitar la ocurrencia de esta terrible patología, que según datos de la Organización Mundial de la Salud, (OMS), cobra la vida de millones de víctimas cada año, en todo el mundo.  

El ejercicio y disfrute natural de la sexualidad humana, sin estar supeditada a esta absurda y aberrante prohibición, hecha por quienes  participaron en el Concilio de Trento y seguida cada vez menos por los católicos de todo el mundo, iría en contra no solamente del funcionamiento armonioso y natural del cuerpo humano, sino en contraposición de  otro principio bellamente expresado en el génesis (2:18): Y el señor dijo: “no es bueno que el hombre esté solo, le haré una compañera idónea.

 

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