El cara a cara de Gonzalo Guillén y Kiko Gómez

Uno de los principales investigadores-testigo que ha sido clave para construir el dossier penal contra el exgobernador, lo enfrentó sin titubeos en un juzgado penal. Guillén cuenta lo que sucedió.

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Abril 30, 2015
El cara a cara de Gonzalo Guillén y Kiko Gómez

En mi vida había visto una mirada de abominación más potente que la del exgobernador de La Guajira, Juan Francisco Gómez Cerchar, a quien conocí ayer en una audiencia pública. Acudí, llamado por la Fiscalía General, en condición de testigo de cargo contra él en el caso de los homicidios de Yandra Brito, su esposo, Henry Ustáriz y el escolta de este, Wilfredo Fonseca.

Llegué ayer, 29 de abril, a las nueve de la mañana, a la pequeña sala de audiencias para la sesión de la causa que preside el Juez Octavo Penal del Distrito Especializado de Bogotá, acompañado por un grupo de escoltas de la Unidad Nacional de Protección (algunos provistos de fusiles), un delegado de la Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos y mi amigo el joven científico social Ariel Ávila.

A continuación, se unió a nuestro grupo la joven periodista Diana López Zuleta, cuyo papá, Luis López Peralta, de acuerdo con testigos, fue asesinado por alias ‘Kiko’ cuando ella tenía diez años de edad. Un sicario, mandado por aquel, lo eliminó delante de dos hermanas de Diana por parte de padre,  una de nueve años y la otra de 14.

López Peralta era concejal del desdichado y tormentoso municipio de Barrancas, sur de La Guajira, y se disponía a denunciar a ‘Kiko’, para entonces alcalde, por manejos abusivos de recursos públicos, una de las prácticas criminales con las que ha amasado su fortuna.

Gómez actuó con rapidez al asesinar a López Peralta y, adicionalmente, incendió los archivos públicos en los que reposaban las pruebas de sus fraudes. Luego, se metió por la fuerza a las honras fúnebres de su víctima para exaltarla con un discurso ensamblado con frases de cajón y lugares comunes sobre la amistad que quedó en un video en el que la oratoria fría del asesino se remonta sobre el llanto de los huérfanos.

Acudir a cargar los sarcófagos de sus víctimas más notables se convirtió más tarde en práctica recurrente de ‘Kiko’ Gómez y en símbolo de la impunidad lograda con el terror que ha sembrado.

De acuerdo con decenas de testigos que he entrevistado, Barrancas, aterrorizada, sabía que Luis López era una nueva víctima de alias ‘Brayan’, un sicario que vivía en la propia casa de ‘Kiko’ para atender los ‘trabajos’ más urgentes. De allí salía, encomendado a Dios, a cometer los homicidios que le encargaba el jefe y regresaba, con la satisfacción del deber cumplido, a ayudar en oficios domésticos.

El homicidio de Luis López Peralta se ventila, con ‘Kiko’ Gómez como acusado, en un proceso penal en Bogotá, tras 15 años de haber estado escondido entre cajones de oficinas judiciales venales de La Guajira y Bogotá.

La impunidad de ‘Kiko’ Gómez ha llegado al extremo de haber recibido en acto solemne título de “doctor honoris causa” de la Universidad de La Guajira (pública), pese a ser un analfabeta funcional. Es por esa razón que sus adláteres y quienes le tienen pavor prefieren referirse a él como doctor.

Al cabo de 15 minutos de espera se nos pidió a los asistentes ponernos de pie para recibir al juez, Guillermo Sanabria Cruz. Entró provisto del luto histórico representado en la toga negra que en 1694 comenzó a utilizarse en los estrados judiciales de Inglaterra con motivo de la muerte de la reina María II. Desde entonces se ha propagado por el mundo el uso de ese manto oscuro con la creencia de que les concede mayor respetabilidad a los magistrados.

El juez, un hombre apacible, vigilante y gentil, ocupó su puesto en la cabecera principal del recinto y me pidió instalarme en el pupitre de madera, ubicado a su derecha, destinado a los testigos.

La Fiscal del caso, Cuarta Delegada ante la Corte Suprema de Justicia, Yenny Claudia Almeida; su fiscal asistente, Miriam Medrano; la delegada de la Procuraduría y la representante de víctimas, María Velandia, fueron las primeras en ocupar sus puestos reglamentarios.

El abogado defensor de Gómez,  Sergio Ramírez Mantilla, ordenó sobre su mesa varios manojos de legajos, un computador portátil, una libreta de apuntes de papel amarillo y dos botellas de agua que cargaba entre un talego.

La última espera fue para que llegara ‘Kiko’ Gómez, a quien vigilantes carcelarios lo trasladaron desde su celda en la cárcel La Picota, en el sur de Bogotá, hasta el tercer piso del edificio judicial de la calle 31 con carrera sexta, donde está la sala.

El acusado, de saco y corbata, entró esposado. En la mitad de la sala uno de los custodios le liberó las manos y antes de sentarse al lado de su abogado, pasó, con aspavientos, a saludar a las fiscales, la abogada de las víctimas y a la representante del Ministerio Público. Por último, se dirigió a mí pero le dejé la mano extendida, pues, por principio, no suelo estrechársela a criminales de su catadura.

El magistrado me informó que permitiría el ingreso momentáneo de periodistas para hacer tomas de la audiencia, siempre que no lo captaran a él, ni a mi (no sé por qué). Son las únicas tomas posibles, repetitivas, que vemos siempre, incluso de los debates judiciales más interesantes del país.

Yandra Brito fue abaleada cuando iba en una camioneta

Yandra Brito fue abaleada cuando iba en una camioneta

Sin mayores preámbulos, el juez le pidió a la Fiscal de la Causa comenzar a interrogarme y sus primeras preguntas fueron sobre mi carrera profesional. Debí contarle que comencé el 19 de mayo de 1975 en El Tiempo, de Bogotá (estoy a unas dos semanas de que ese pedazo de mi vida cumpla 40 años), luego hice parte del equipo fundador de la agencia de noticias Colprensa, fui periodista del Noticiero TV-hoy, editor y fundador del memorable diario La Prensa, de Bogotá; editor general del diario más grande de Ecuador, El Universo; luego de El País, de Cali y, por último, durante una década, corresponsal para el área andina de The Miami Herald y El Nuevo Herald, hasta cuando comencé un proyecto independiente, en el que me encuentro ahora, para producir documentales, libros y prestar asesorías a medios de comunicación de distintos países. Me preguntó por mis diversos premios, entre ellos dos Rey de España que gané con Andrés Pastrana, quien luego sería Presidente de la República, y me solicitó enumerar los doce libros periodísticos que he escrito. Se hizo tan extenso todo este relato que me percaté por primera vez de mi vecindad con una vejez que siempre he ignorado y el juez, amablemente, hizo notar que ya era más que suficiente y debía poner punto final a esa fastidiosa autobiografía.

Para desdicha del juez, la fiscal me pidió enseguida un relato de las investigaciones que he hecho a lo largo de estos primeros 40 años de vida profesional ininterrumpida y aunque nadie presentó ninguna objeción, preferí hacer un resumen de ellas, todas referidas a temas de corrupción, derechos humanos e historias de criminales de mayor y menor tamaño, de manera que el caso de ‘Kiko’ Gómez y su banda criminal, que comparte con Marcos Figueroa (hoy preso en Brasil) y otros, a estas alturas no ha sido para mí un trabajo propiamente de novato. Quise contarle a la audiencia mi investigación sobre el ministro de Defensa de Uribe al que le descubrí que dormía en una cárcel de Medellín con una amante narcotraficante que lo inscribió como cónyuge y la de un narcotraficante colombiano que mató en Caracas a un pobre hombre para hacer creer que el muerto era él debido al extraordinario parecido entre ambos, pero también pensé que no estaba en una conferencia y el juez podría imponerme una pena de arresto inconmutable e inapelable por salirme del tema central.

Entonces, la Fiscal preguntó cómo hacía mis investigaciones y le respondí, en forma concisa, que en trabajo de campo, hablando con testigos, contrastando versiones, escarbando archivos, siguiendo pistas, observando con agudeza y oyendo con atención, etc. Sin la menor duda, lo explicó mejor el maestro Ryszard Kapuściński: “El trabajo del periodista no consiste en pisar las cucarachas, sino en prender la luz para que la gente vea cómo las cucarachas corren a ocultarse”.

La pregunta siguiente fue sobre cómo y cuándo había comenzado a estudiar el caso de los homicidios que se debaten judicialmente en la audiencia en la que estábamos.

Le conté que Yandra Brito, ex alcaldesa de Barrancas (a quien nunca conocí), me había llamado para contarme que el gobernador de La Guajira, ‘Kiko’ Gómez, había asesinado a su esposo, Henry Ustáriz y ahora se preparaba para matarla a ella, con lo cual los dos niños huérfanos que habían adoptado iban a quedar por segunda vez huérfanos de padre y madre. Le recomendé denunciar las amenazas de muerte en todas las instancias que le fuera posible, comenzando por la Fiscalía General, y le expliqué que eso me daría soporte para investigar y publicar una historia.

– ‘Kiko’ Gómez me dijo que si quería matarlo primero a él, que buscara sicarios en Medellín porque todos los de La Guajira eran de él –me dijo Yandra.

En enero de 2013 le pregunté a un buen amigo de Valledupar si sabía qué había pasado con aquella ex alcaldesa de Barrancas que me había llamado cundida de angustia.

–Pues a ella ya la mató el gobernador de la Guajira, ‘Kiko’ Gómez. La mató en agosto pasado –reveló mi amigo.

Desde ese momento me dediqué en cuerpo y alma a seguir la zaga criminal de ‘Kiko’ Gómez.

El primer trabajo que escribí no fue para publicar sino un memorial de 22 páginas dirigido al Fiscal General de la Nación, con consideraciones y pruebas, en el que le pedí investigar una multitud de crímenes cuyo rastro había desaparecido de los registros judiciales. De ese documento han resultado las investigaciones que se llevan hoy. Pero faltan todavía muchísmas.

Yandra Brito me llamó animada por una investigación que publiqué en el Herald, de Miami, sobre la organización criminal, con asiento en Valledupar, de la familia de Edgardo Maya Villazón, entonces Procurador General de la Nación y hoy Contralor General. Con este caso luego publiqué uno de mis libros, “La caída del imperio Maya”, en el que incluí, entre otros materiales, fotos de hermanos del Procurador en fiestas con los jefes paramilitares de la zona y armados y vestidos con uniformes de escuadrones de la muerte. Uno de ellos era el director del hospital público más importante de la ciudad y usaba las ambulancias para transportar armas y sicarios. Otro era Fiscal, nombrado a dedo, y otro más había asesinado, entre otras personas, a dos sindicalistas de las depredadoras plantas carboneras de Drummond. A ningún pariente de Maya Villazón le pasaba nada porque él usaba su poder oficial para impedir que existieran procesos en contra de sus parientes. Un hijastro suyo (Hernando Molina) era al mismo tiempo gobernador de Cesar y combatiente de uniforme en el ejército paramilitar de alias ‘Jorge 40’. Hoy está prófugo pero nadie lo busca.

La captura fue confirmada el 22 de octubre de 2014 en Brasil por el presidente Juan Manuel Santos. Foto: Policía Nacional/ElHeraldo

Marcos de Jesús Figueroa, Marquitos | Foto: Policía Nacional/ElHeraldo

No obstante, entregué a la Fiscalía la totalidad de mis pruebas y, modestia aparte, gracias a ellas, dos de los hermanos de Maya fueron condenados y apresados. Contra el tercero, en enero pasado fui testigo de la Fiscalía en la Corte Suprema de Justicia y espero que salga pronto el fallo. Se dijo que ocurriría en febrero pero no ha pasado nada y temo que Maya Villazón pueda estar otorgándoles puestos y negocios en la Contraloría General a los magistrados que pueden (y deben) condenar a su hermano. Una práctica que ya utilizó cuando fue Procurador General y ahora ejerce con maestría su sucesor, Alejandro Ordóñez.

En la audiencia de ayer declaré sobre el imperio del miedo y el terror sembrados por la organización criminal de ‘Kiko’ Gómez en la Guajira, de tal manera que resulta prácticamente imposible conseguir personas que hablen de frente y con nombre propio. Recorrí cementerios en el desierto con familias de decenas de víctimas de ‘Kiko’ y las fotografié al lado de las tumbas con la condición de que nunca las publicaré sin el permiso expreso de ellas.

Más que las ametralladoras, la principal arma de ‘Kiko’ Gómez y los suyos es el miedo insuperable que inspiran.

Con ayuda de las familias de las víctimas durante dos años elaboré e ilustré, hasta donde fue posible, una lista de 131 homicidios que fue publicada en Las 2 Orillas y puede ser consultada aquí: Los 131 asesinatos en los que está involucrado el nombre de Kiko Gómez 

Hasta ahora, ‘Kiko’ Gómez tiene tres procesos por nueve homicidios solamente pero falta que sea llevado a juicio por, al menos, 122 restantes.

Cuando dije esto en la audiencia fue más intensa que nunca su asombrosa mirada de odio. Yo, que soy ateo, diría que vi en ella la encarnación invencible del demonio.

Fue más intensa que cuando le hice saber a la concurrencia que, por diversas fuentes, supe en estos día que ‘Kiko’ Gómez está ofreciendo mil millones de pesos para que me maten. Una grabación en tal sentido, según me dijeron, ya está en poder de la Fiscalía y la semana entrante lo averiguaré.

Kiko’ Gómez mantiene en los juicios contra él un aire de tranquilidad y altanería, afianzado en la confianza que le brinda saber que valiosos testigos en su contra han sido asesinados recientemente, otros han desaparecido y a los demás los han amenazado de muerte en un plan meticuloso y sistemático que ha recorrido cárceles, pueblos, casas y oficinas. Este programa, de amplio espectro, incluye también amenazas por Internet y teléfono. Yo lo llamo “el cartel de los testigos mudos”.

El abogado defensor de Gómez también me interrogó. Al comienzo en forma estruendosa, hiriente e insultante, de manera que, con la venia del juez, debí ponerlo en su sitio.

Quería, a gritos, que le diera la lista de las fuentes cuya identidad guardo en reserva, amparado en el sigilo profesional, establecido en la Constitución Nacional.

Quería, más o menos, saber si yo vi con mis propios ojos a su cliente asesinar personas y si poseo las pruebas fotográficas y fílmicas.

Se refirió a mi trabajo como “de oídas”, quizá con el interés de demeritarlo porque no es un peritaje judicial controvertible.

Pero se equivoca. El periodismo, con las mismas técnicas que yo utilizo, ha limpiado a muchas sociedades de lacras como ‘Kiko’ Gómez y su mafia (y aun peores). En casos más recientes, Daniel Coronell, por ejemplo, hizo explotar la corrupción en la Corte Constitucional y otros, entre ellos yo, pusimos al descubierto al juez de Barranquilla que le vendió a ‘Kiko’ Gómez un Habeas Corpus para facilitarle la fuga. La información que hubo a la mano en ambos casos, fue, claro (y por fortuna), de oídas. En periodismo muchas veces solamente hay que oír bien.

Lo demás es cuestión de encender las luces a tiempo para que la sociedad pueda ver cómo las cucarachas corren a esconderse.

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