El líder de la ultraderecha da la gran sorpresa en España

Vox, con Santiago Abascal al frente, se convierte en la tercera fuerza política, recogiendo el voto de los españoles que se oponen a las autonomías, la inmigración, el feminismo y piden mano dura

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noviembre 10, 2019
El líder de la ultraderecha da la gran sorpresa en España

Hace poco menos de un año Vox era un partido que miraban de reojo quienes habían llegado para romper el bipartidismo en España. La formación de ultraderecha de Santiago Abascal, con una votación que no llegaba ni al uno por ciento, no inquietaba a nadie, parecía condenada a la irrelevancia. Pero 12 escaños de Andalucía en diciembre, y 24 diputados en abril hicieron resonar su nombre hasta en los oídos de los más despistados. La disparada de las últimas semanas convirtió a Vox en el centro de todas las portadas, de todos los comentarios, en la bestia negra de la política española. Las encuestas lo colocaban en tercer lugar detrás de los tradicionales Psoe (Partido Socialista Obrero Español) y PP (Partido Popular). Los sondeos no se equivocaron, esta noche Santiago Abascal, subió de 24 a 52 escaños, fue el gallo que destapó el 10-N

El político salido del PP fue capaz de osadías impensables. El martes preelectoral, después del debate televisado de los cinco candidatos, eligió a Dos Hermanas, el segundo municipio más poblado de Sevilla, para un mitin. Un reto directo a Pedro Sánchez. Porque ese es su bastión, porque allí anunció su candidatura a las primarias del Psoe, y es un fortín electoral de los socialistas. Abascal fue acogido con gritos de ¡Viva España!, a la Guardia Civil y Vox, dicen las crónicas. No hace mucho, en el centro de Sevilla la audiencia no pasaba de una quincena de personas a las que se dirigía con un megáfono. “Hoy estamos con 5.000 personas en el feudo del socialismo. Pedro Sánchez no se atreve a venir”, se atrevió a decir.

 

Santiago Abascal (Vox) y Pablo Iglesias (Podemos) antes de iniciar el único debate en televisión

La posición de fuerza coincidió con los resultados del debate de televisión el lunes pasado. Encuestas y medios le dieron ganador, no sin recordar que para las elecciones del 28 de abril no pudo debatir porque Vox no tenía representación parlamentaria. Esta vez frente a Pedro Sánchez del socialista Psoe, a Pablo Casado del conservador PP, a Pablo Iglesias de la izquierda radical de Podemos y Albert Rivera del centro de Ciudadanos, Santiago Abascal no partía como el mejor orador, ni el mejor polemista, título que tiene bien ganado Iglesias. Dicen sus allegados que había preparado el debate al milímetro, y es un hecho que hacia el final de las casi tres horas que duró, la opacidad del principio contrastó con la seguridad de un lenguaje directo y mensajes sencillos presentados contundentemente, pero sin agresividad corporal o verbal. Los adversarios no lo frenaron, le dejaron el campo libre.
La remontada de Vox fue de la mano del separatismo catalán, de la supuesta debilidad de Sánchez con los líderes del “procés”, de la violencia callejera en Catalunya, a las que anteponen la unidad de España. Fue también al lado de la nueva puesta en escena del franquismo por cuenta de la exhumación de los restos de Francisco Franco del Valle de los Caídos ordenada por el presidente en funciones, y que fue objeto de alusión tácita de Abascal en tres oportunidades durante el debate. En el restaurante Pepe de Despeñaperros, donde se reunieron los partidarios del Caudillo tras los actos, había muchos de Vox con sus manillas rojoamarillas y el lema “Por España”.
Abascal conoció el franquismo desde su abuelo que fue alcalde de Amurrio en el país vasco, su padre fue un dirigente del PP alavés. Él es bilbaíno, 43 años, un hombre de partido. Se enganchó en el PP desde los 18, se inició como concejal y recorrió varios cargos políticos en Euskadi. Cuando las luchas partidistas en su región lo dejaron sin escaño, se fue a Madrid en el 2009 bajo el ala de Esperanza Aguirre, quien lo puso como presidente de la Agencia de Protección de Datos, y cuando esta cerró, gerente de la Fundación para el Mecenazgo y Patrocinio Social (hasta su cierre), un polémico cargo con un único empleado, elevados gastos y hasta un apartamento a su disposición. Peleado con la cúpula del PP por “blanditos” se fue hace 6 años para Vox, el partido de ultraderecha, del que es líder indiscutido desde el 2014.

 

Con Pedro Sánchez en los debates de la investidura del líder del Psoe

Suya es la frase “dejaremos de dar risa para dar miedo a unos y ser vistos como la salvación por otros”. En ello está, como muchos en Europa. Con los líderes europeos de extrema derecha, en auge, Abascal coincide sobre la amenaza de la migración ilegal y que la soberanía nacional prevalezca sobre ciertas imposiciones de la Unión Europea. Pero él no es Marine Le Pen, su ídolo de Francia, ni Matteo Salvini, el poderoso vicepresidente de Italia, hasta hace tres meses. Es un político poco refinado sin muchas referencias culturales, que dice invariablemente, "al pan, pan... y al vino..., vino", pero que sabe conectar con quienes quieren mano dura, que ha buscado el espacio entre quienes se dicen indignados de pagar impuestos, soportar la violencia separatista, asqueados de la corrupción. Que no dudó en llamar al PP “derechita cobarde”. Y que grita a los cuatro vientos que lo suyo es defender la unidad de España, suprimir las autonomías, deportar a todos los inmigrantes en situación irregular, no concebir el aborto en ningún supuesto, proteger a la familia, los toros y la caza, reducir los impuestos.

Abascal no es un hombre común. Siempre va armado con una Smith &Wesson, y montado en una de sus tres motos, una de ellas idéntica a la de James Bond en El mañana nunca muere, cuando hace montañismo o avistamiento de aves en el tiempo libre que le dejan sus cuatro hijos, dos de su primera mujer que viven en Vitoria y dos con su nueva esposa, Linda Bedman, una "guapísima"  influencer con 120.000 seguidores en Instagram. Él también es activo en redes y desde allí, como en los grandes mítines suele tocar las fibras. Muchas banderas al viento, mucho hablar de la “patria”, mucho tiempo pasado. En marzo, asomado a un balcón con un casco de los Tercios de Flandes, Abascal era fiel copia de la imagen de Pizarro cuando salió a conquistar el Perú.

 

Durante el cierre de campaña en la madrileña Plaza de Colón que llenó hasta las banderas

Pero ahora es la conquista de España, con votos. Los encuestadores dijeron que en los últimos 15 días Vox iba ganando de a 35.000 diarios. En este perverso sistema electoral que ha realizado cuatro elecciones generales en cuatro años, se develó que el partido “antifeminista, eurófobo, nacionalista, xenófobo y confesional", ha escalado al tercer puesto de las fuerzas políticas en el Congreso de España,  con una faena en la que han salido por la puerta grande.

 

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