El “barra brava” del Cúcuta que se hizo velar en el estadio

Los amigos de la Banda del Indio de la que fue parte el furibundo hincha Cristopher Jácome cargaron su ataúd y lo velaron en pleno partido

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septiembre 26, 2013
El “barra brava” del Cúcuta que se hizo velar en el estadio

Cristopher Alexander Jácome tenía una sola pasión: El Cúcuta Deportivo. Para estar más cerca de su equipo se hizo miembro de La banda del indio, la barra más representativa de la ciudad. Cada domingo desataba su energía saltando los noventa minutos que dura un partido. Su aguante era inagotable. No importa si el equipo jugara como nunca y perdiera como siempre, él siempre estaba allí, fiel a su cita semanal en el General Santander.

El viernes 25 de marzo del 2011 él y sus compañeros de barra se reúnen en la cancha de microfútbol de la ciudadela de La Libertad, uno de los sectores más deprimidos y violentos de la capital nortesantandereana, a programar todas las actividades que desarrollarían el fin de semana, previo al encuentro del domingo. No se esperaban demasiados sobresaltos, el partido sería contra El Envigado, un club sin hinchada, así que la cosa no se pondría tan caliente como cuando el Cúcuta enfrentaba a Millonarios, Nacional o América, los clubes que más pasiones desatan en el país.

Después de deliberar un par de horas organizaron dos equipos y se pusieron a jugar un partido. El juego apenas comenzaba cuando dos hombres irrumpieron en la cancha de microfútbol. Uno de ellos se acercó a Cristopher y sin mediar palabra desenfundó una pistola  y le disparó seis veces en el rostro, el cuerpo y las piernas. No había necesidad de disparar tantas veces, ya con la primera bala, la que le arrancó un ojo, el joven hincha había perdido la vida. El balón se detuvo y en medio del estupor el segundo sicario se acercó a otro joven que miraba el partido desde una improvisada tribuna y lo acribilló a balazos.

Cristopher tenía 17 años y había cometido el delito de ser un barra brava.  Para las bandas criminales que controlan las calles y las buenas costumbres de amplios sectores de Cúcuta, La iguana, cómo se le conocía a Cristopher debido a su estrafalario corte de pelo, era un delincuente.

Su muerte hubiera sido una de las miles que suceden al año en esta ciudad sino fuera por el extraño homenaje que sus compañeros de barra quisieron hacerle.

La Iguana les había dicho más de una vez que el día que él se muriera quisiera que lo velaran en el estadio. Sus parceros estaban dispuestos a asumir el riesgo que puede conllevar realizar una acción de esas características con tal de cumplir su último deseo.

El sábado, un día después del asesinato, el cuerpo del joven permaneció en cámara ardiente. Sobre el ataúd descansaba la bandera roja y negra. Los integrantes de La banda del indio hablaron previamente con la madre de Cristopher y no sólo estuvo de acuerdo con la idea sino que ella misma pidió sacar el cuerpo de su hijo de la funeraria. Darle una última alegría a Cristopher le proporcionaba a la señora un consuelo para su pena.

El partido estaba por comenzar y los comentaristas radiales se preguntaban por qué razón ningún integrante de La banda del indio no había venido a la cita semanal. “Era muy extraño porque ellos nunca faltaban. No importaba quien viniera a jugar acá ni qué posición tuviera el equipo en el torneo. Ellos alentaban siempre”, recuerda Carlos Salazar, uno de los periodistas deportivos más reconocidos en la ciudad.

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Desafiando el sol de las tres de la tarde caminaron con el ataúd a cuestas hasta el estadio. Entrar a esa hora era imposible. El partido apenas comenzaba y la policía custodiaba las entradas del General Santander. Decidieron esperar en el patio de las banderas, una plaza aledaña al centro deportivo. “Por un momento pensamos en esperar ahí hasta que se acabara el partido y de pronto que saliera alguien del equipo y se despidiera de La Iguana… pero eso nos parecía muy poco” dice Gerson, uno de los amigos más cercanos de Cristopher.

Para no llamar la atención los hinchas taparon el ataúd con sus cuerpos. Sin embargo Salazar, que en el 2011 oficiaba como administrador del estadio dice que todos sabían que la banda iba a intentar entrar el féretro al estadio “Cuando sacaron el cuerpo de la funeraria alguien nos llamó y nos advirtió que ya iban para el General Santander. Nos llamaban cada diez minutos para decirnos donde estaban. Nadie hizo nada”.

Corrían 25 minutos del segundo tiempo y como es costumbre El Cúcuta perdía 1-0. “Ya en ese momento de los partidos la policía se va y deja las puertas abiertas. Ellos aprovecharon ese momento y entraron” me cuenta Salazar. “la policía no tenía nada que ver, ellos simplemente obedecían el reglamento”.

Más de trescientos hinchas entraron al segundo piso de la tribuna sur cargando el féretro. Los escasos espectadores que ese día alentaban al conjunto motilón sintieron que estaban presenciando una alucinación colectiva al ver la inmensa caja de madera que La banda del indio  llevaba sobre sus hombros.

Lo más increíble estaba por venir. Justo cuando entró el ataúd , en el minuto 37 del segundo tiempo, Diego Espinel, un jugador local adorado por la afición, marcó el gol del empate.

Los compañeros de la Iguana gritaban y lloraban a la vez. El juego era lo de menos ellos ya habían ganado su partido. El sol inclemente ayudaba a descomponer el cuerpo y ya el olor empezaba a hacerse insoportable. No podían dejarlo mucho tiempo allí. La misión se había cumplido y Cristopher desde donde estuviera había contribuido para salvar un punto.

Al otro día los noticieros de todo el mundo informaban del insólito suceso. Circulaba en las redes sociales la foto de los hinchas con él ataúd. Era la primera vez en la historia que un muerto entraba sin permiso a un estadio. La sociedad civil con su acostumbrada hipocresía repudió el hecho. Esto demostraba que los barras bravas  eran unos desadaptados, unos delincuentes.

Dos años han pasado desde este hecho y ha dado para todo, incluso para una película. En mayo se rodó en Cúcuta la película El último aliento protagonizada por Laura Londoño, Lincoln Palomeque y Natalia Durán entre otros donde se recrean, en una adaptación libre, los últimos momentos de Cristopher y su particular velorio.

El tiempo le ha dado la razón a La banda del indio. La entrada del ataúd ya no se asocia con el vandalismo sino con toda la pasión, el fervor y el amor que puede sentir un hincha hacia su equipo del alma.

Fotos: mundodeportivo.com

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