El autoritarismo de Timochenko y el partido FARC

Algunos reincorporados de las FARC critican que entrar al partido, de este mismo nombre, fue casi una imposición por parte de los altos mandos de esa guerrilla

Por: JOHAN ANDRÉS NIÑO CALDERÓN
febrero 26, 2020
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El autoritarismo de Timochenko y el partido FARC
Foto: Twitter @PartidoFARC

Varias luces devela entre lo claro oscuro el otrora comandante Timochenko que se extiende al  núcleo dirigente cercano a él, quien hoy es presidente del desdibujado partido FARC, a propósito de la actual situación de esta colectividad política tras ser publicada su última entrevista al diario El País de la ciudad de Cali realizada por la periodista Olga Criollo.[1]Unas luces son interpretables de manera explícita, en otras hay que buscar detrás del telón para encontrarle la realidad que pretende ocultar o matizar.

De dicha entrevista es posible develar lo que es la postura, contradicciones y abdicaciones del núcleo dirigente cercano a Rodrigo Londoño, la estrategia mediática y partidaria para deslegitimar nuevos procesos organizativos de los mismos reincorporados hombres y mujeres, que escapan a sus hilos de poder, y a su vez, deslegitimar a sus críticos que aún quedan dentro del partido FARC.

Aquí, una enumeración de lo ya dicho, a partir de las palabras del mismo Rodrigo Londoño en dicha entrevista:

1. Rodrigo Londoño empieza diciendo que no era una obligación para exguerrilleros y exguerrilleras entrar al partido. Esto es desconocer la fundamentación vertical que se mantuvo en la transición de partido político alzado en armas a partido político bajo la legalidad del Acuerdo Final. Se hizo un paso de una figura a otra bajo la formalidad del Congreso Fundacional.

2. Continúa reconociendo que para recibir los beneficios del Acuerdo final no es necesario ser del partido. Lo anterior, es una realidad aceptada tardíamente en el discurso, pero, ¿y en la práctica? Desde el comienzo se creó el imaginario en la militancia de que si no se era del partido (soportando las mil y una señales del curso equivocado por el que lo llevan), no habría manera de salir adelante como reincorporados y menos aún si era a través de nuevas propuestas colectivas ajenas a la luz de la razón resplandeciente de la dirigencia a la que él representa.

3. Luego da paso a que en el partido deben estar solo los que son “conscientes” y “comprometidos”. Podemos decir que está dando a entender a) o que las y los miles y miles de excombatientes que han abandonado tal colectividad no eran conscientes y comprometidos en la lucha de la que vienen por décadas por una Nueva Colombia, y por tanto se fueron del partido o b) no son conscientes y comprometidos en que es necesario seguir el mal gobierno de la dirigencia actual del partido para salir adelante con el mismo.

Seguramente miles y miles se sienten conscientes y comprometidos en no ser acólitos de la b), así sean tratados como la a).

4. Rodrigo Londoño prosigue a decir que la crítica a la realidad fatal que asiste a las y los reincorporados sólo es válida dentro del partido. Justamente eso es desconocer que miles y miles no se sienten allí representados ni personas activas en las decisiones de su destino.

Con esto solo busca negar las nuevas realidades colectivas de la reincorporación: no son un pequeño sector como dice él, y es ahora donde las bases empiezan de verdad a tener poder de decisión.

Valga decir que si no se está en dicho partido no se tiene por qué obligar a dar el debate solo allí adentro, porque es un debate público frente una realidad que impacta a todos y todas, máxime cuando se refiere a la reincorporación en todas sus dimensiones.

Así resulta entonces más que necesario el debate y la molestia de esta dirigencia, es que este se les escapa de todo control vertical-centrista.

Sin embargo, el presidente de FARC pretende reconocer la maraña formal legal del Estado moderno para excusar la mala gestión como dirección del partido.

Este reconocimiento es de doble rasero, ya que sirve también para desconocer la crítica pública, lo cual es omitir uno de los fundamentos de lo político y su praxis, teniendo como consecuencia justamente la evasión de toda crítica. ¡Imagínese una sociedad sin el derecho político de criticar públicamente en el discurso y en la práctica a quienes pretenden representarlos!

Ahora bien, sumemos a lo anterior que, en plena campaña por la presidencia del partido, usa en su discurso un falso atentado en su contra, que tiene más dudas que certezas; y es diligente en salir (ahí sí vale la opinión y debate público) a apoyar las tesis de la gobiernista Nancy Patricia Gutiérrez, para ahora pasar a un sorpresivo comunicado criticando la gestión de Duque.

5. Rodrigo Londoño da paso a decir que los ajenos a la dirigencia que él lidera quieren imponer la combinación de las formas de lucha. Esta afirmación, además de temeraria e irresponsable, es un señalamiento más que peligroso que debería tener consecuencias legales. Esta es la manera en que pretenden acabar con las organizaciones de reincorporados hombres y mujeres críticas de sus gestiones y ajenas a su alcance.

Argumenta que Corporeconciliación quiere hacerle daño al partido a propósito. Todo su débil argumento de ser un hombre amante de la crítica se desvanece línea tras línea, ya que apela a la vieja renovada práctica mediática discursiva usada por el uribismo para hacer ver como el coco a quienes proponen transformaciones en medio de la hecatombe.

El presidente de FARC, argumenta que la ruptura con sus otroras bases, es en realidad el resultado de la mala leche de quienes vienen organizándose en nuevas colectividades en reincorporación fuera del alcance de sus designios.

Aun así, se autodenomina amante de la crítica, y cae en el cinismo de decir que incluso un partido se puede acabar por falta justamente de la crítica, ¿está develando lo que pretenden que suceda con el partido?

Se sigue el mismo patrón usado por la dirigencia del partido FARC en el Valle del Cauca, evidenciada a través de un comunicado en contra de estas nuevas colectividades, a las que en dicho escrito tildan de traidoras y de servir a intereses guerrerista, mencionarlas en el mismo escrito con críticas a la segunda Marquetalia.

¿De dónde viene la mala leche que él menciona en la entrevista con este tipo de discursos, comunicados y señalamientos?

6. Rodrigo Londoño omite toda respuesta al aburguesamiento de la dirigencia de su círculo cercano, la cual señalan las mismas bases exguerrilleras en dicha entrevista.

En cambio, se remite nuevamente a hablar en términos de verticalidad absoluta, aduciendo los problemas a una falta de comunicación de arriba hacia abajo, lo que genera críticas a la gestión de la dirección.

De tal manera, oculta que, en esta concepción vertical, pretenden perpetuar una cultura de obediencia militar pasada de los que ocupan el más bajo puesto en la pirámide de poder del partido y que no cuentan con posibilidades reales de poder de decisión.

Aquí se hace lo que los “jefes” digan, ¿una nueva forma de hacer política?

Manifiesta que el partido puede desaparecer si no lo hacen bien, como si la gestión de esta dirigencia fuera envidiable, y que, aun así, la paz no puede desaparecer. Nuevamente, ¿está develando lo que pretenden que suceda con el partido a cambio de seguir con su grupo dirigiéndolo?, ¿sigue pretendiendo tener las riendas de la ya diezmada colectividad FARC así sea a través de terceros?

Acto seguido, pasa a negar como persona singular y por extensión de sus cercanos Mea Culpa alguna, toda Mea Culpa la endilga a la asamblea. Vaya forma de eludir toda responsabilidad ante la actual debacle, vaya sentido de autocrítica la del grupo dirigente del partido FARC.

7. Como si lo anterior no fuera suficiente, reduce el horizonte del partido FARC a un cálculo de votos, y critica a algunos que soñaban con un millón de votos, debería reconocer que él soñaba con tres millones. Pero más importante es el reducir el horizonte político del partido a una suma y resta de contiendas electorales, esto es desconocer deliberadamente los fundamentos críticos del pensamiento marxista y marxiano hasta el sol de hoy.

Sin duda, lo anterior da cuenta de los serios vacíos del pensamiento crítico marxista en los que se ha sumergido esta dirigencia de FARC, para así caer en los mares del pensamiento instrumental posmoderno hecho práctica liberal. No es una actualización a la luz del marxismo latinoamericano, como querían hacerlo ver en los estatutos fundacionales, pensamiento que quedó reducido a letra muerta, sino una abdicación del marxismo en su totalidad.

Se traduce en un “no necesitamos militantes, no necesitamos masas, que se vayan, no es cierto como dije anteriormente que eso me preocupe, aquí necesito votos y nada más que votos, ¡el partido como escuela de lo político crítico para qué!”.

Y, sin embargo, de manera cínica más que contradictoria, para eludir realidades de personas no excombatientes que están ejerciendo cargos públicos a nombre de los reincorporados, sí son válidas las tesis de que debe ser un partido abierto a la gente, pero ojo, cuidado, abierto a la gente profesional que sirvan a la tesis instrumentalista de lo político, no a las masas y saberes populares, éstas cuentan sólo a la hora de los votos. ¿Una nueva forma de hacer política?

8. Finalmente, remata con que sabía que no se iba a cumplir lo acordado por estar en el papel, aun así, firmaron el Acuerdo Final y reduce todo lo que sucede a su simple experiencia personal, pero se zafa de toda responsabilidad de lo que le acontece a la colectividad: no importa cómo termine esto, fue una experiencia personal así se vaya al traste el colectivo.

9. De lo anterior, más que lamentable es evidente en qué espectro ideológico y práctico político se encuentra el pequeño núcleo que dirige a la ya pequeña colectividad del partido FARC.

A su vez, es la postura de la negación consuetudinaria de la responsabilidad que le asiste a él y a sus colegas cercanos como dirigencia, por el desastre en que sumergieron al partido, negarlo los hace aún más culpables.

Reincorporado

Miembro de Corporeconciliación

[1] Ver la entrevista completa en https://www.elpais.com.co/politica/me-da-pesar-que-me-mate-quien-no-lo-deba-hacer-rodrigo-londono-timochenko.html

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