"El año que le queda a Duque de mandato será muy difícil”

El Coronel John Marulanda, presidente de la Asociación de Oficiales Retirados, mira para dónde va Colombia en diálogo con el periodista Ricardo Angoso

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julio 16, 2021

El coronel John Marulanda es un militar con un largo historial como conferencista, articulista en varios medios y una larga formación en varios países y universidades, sobre todo en cuestiones relacionadas con inteligencia militar, seguridad nacional, prevención, negociación y gestión de crisis y psicología política, por citar tan solo algunas de sus áreas de trabajo. Ahora, desde la presidencia de ACORE, nos da su opinión sobre la situación por la que atraviesa el país.

Ricardo Angoso: ¿Cómo analiza el desarrollo de las últimas protestas en Colombia y más concretamente el impacto del denominado Paro Nacional?

Coronel Marulanda: Sobre lo que está pasando en Colombia, tengo la impresión, como muchos colombianos, que al lomo de una legítima y legal protesta social está cabalgando un plan para desestabilizar la nación y eso ha quedado meridianamente claro cuando en cinco ciudades del país, en un acto coordinado y organizado, se efectuaron actos vandálicos que no tenían nada que ver con la legítima protesta y que terminaron con la destrucción de edificios, la quema de vehículos, el bloqueo de rutas públicas, los ataques a la fuerza pública y muchos más actos ilegales. Incluso con policías y manifestantes heridos. Más allá de lo que ahora estamos viendo en Colombia, con estas protestas legales y legítimas, se está llevando a cabo un plan para desestabilizar el país, que incluye, obviamente, los recientes atentados en Cúcuta, el atetando contra el presidente Duque, el carro-bomba dentro de unas instalaciones militares y un plan pistola con ataques a la policías, en que ya han fallecido numerosos agentes. De modo que, lo digo tajantemente, sí hay un plan para desestabilizar a Colombia.

R.A.: Pese a todo, estas protestas llegaban en un momento de cierta zozobra por el covid-19, descontento, crisis social y económica y cierta sensación de desgobierno, ¿no cree que el país está ante una grave crisis o al menos en un cierto estado de confusión?

C.M.: Creo que se está generando esa sensación, pero entre la sensación y la realidad siempre hay una gran diferencia. Colombia, por una parte, está asediada por todos estos hechos de vandalismo y violencia que vemos en nuestras calles, que tienen mucho que ver con un terrorismo urbano que busca la destrucción; pero, por otro lado, Colombia está asediada por una campaña a través de las redes sociales que trata de vender una idea que no obedece a la realidad. Fíjese que cuando se inició este Paro Nacional, hace ya más de ocho semanas, en menos de ocho días se regó la idea de que el gobierno colombiano ejercía como una dictadura, siendo incluso este ejecutivo comparado por algún periodista con el golpista de Birmania, y que había una policía masacrando a una gente inocente. Y ese mensaje dañino, manipulador, se propagó a través de las redes sociales, principalmente vídeos montados y recortados, claramente amañados.

En fin, se orquestó toda una campaña a través de las redes sociales muy bien organizada y estructurada con el fin de dañar la imagen de Colombia, cuyas plataformas estaban enclavadas en otros países, como Venezuela, por poner solamente un ejemplo. Se sigue propagando en el exterior esa imagen de que Colombia está pasando un mal trance, lo cual es cierto porque atravesamos una situación crítica en lo que se refiere al orden público agravada por la pandemia por culpa de los mismos que incitaban al paro y a la protesta en medio de un pico del covid-19. Las Fuerzas Armadas siguen incólumes, sin una sola denuncia de violencia contra la misma por su proceder, y la policía nacional sigue aguantando estoicamente los ataques reales recibidos. El Gobierno nacional sigue trabajando como siempre lo ha hecho y, sinceramente, no creo que haya desgobierno aunque entiendo que se haya podido generar esa imagen en la opinión pública.

R.A.: Lo que sí queda más o menos claro a tenor de los últimos atentados y la situación de inseguridad creciente que padece el país es que el proceso de paz no dio los resultados esperados y no trajo la anhelada estabilidad y seguridad para los colombianos, ¿lo cree así?

C.M.: Estoy totalmente de acuerdo con lo que usted asevera, no lo puedo estar más. Además, el proceso de paz se ha legitimado a través de medios y de campañas pero no legalmente. A estas alturas está claro que la mayoría de los colombianos le dijo que "no" a ese proceso y la inconsistencia moral del mismo es lo que estamos viendo ahora en las calles colombianas, asistiendo a una repotenciamiento del Ejército de Liberación Nacional (ELN) y de las FARC, que se dividieron en dos grupos, pero todos implicados en el gran negocio del narcotráfico. Tenemos, además, una producción de cocaína como nunca habíamos tenido en nuestra historia y una extensión de hectáreas dedicadas a los cultivos ilícitos desconocida hasta ahora, aparte del desorden social motivado por el negocio del narcotráfico. El proceso de paz de Santos no nos trajo la paz ni un país en vías de desarrollo, sino que vemos complicaciones en todos los órdenes de la vida, pero especialmente en los aspectos económico y social. Por no hablar de la seguridad, que cualquiera puede atestiguar que no va por el mejor de los caminos.

R.A.: Aparte de todos estos elementos a los que nos referíamos antes, luego están las próximas elecciones y el aluvión de precandidatos, con casi cuarenta en liza, ¿Cómo examina este ambiente de cierta confusión y atomización reinante?

C.M.: Desde el punto de vista político tampoco la situación de Colombia está clara. Yo creo, sin embargo, que quienes parecen tener las cosas más claras y con más determinación se encuentran en las filas de la izquierda. La derecha liberal tradicional en Colombia ahora está buscando su candidato y en los últimos días han surgido una serie de candidatos que llaman poderosamente la atención porque podrían tener algunas posibilidades, como es el caso de la senadora María Fernanda Cabal. Sería maravilloso que por primera vez en la historia de Colombia una mujer tomara las riendas del país. Hay muchos candidatos, pero creo que la gente en esta ocasión está cansada de ver las mismas caras, los mismos nombres de siempre, y una figura como Cabal podría ser una sorpresa y arrasar con todo lo demás, por ese efecto de cansancio que hay con respecto a caras ya muy vistas.

R.A.: ¿Qué le parece la entrada de los militares en la vida política?

C.M.: En Colombia ya tenemos partidos políticos organizados y dirigidos por soldados salidos de nuestras Fuerzas Armadas, como es el caso de la Unión con Fortaleza, y tenemos otros organizados por generales y suboficiales. O sea que ese proceso ya se está dando. Muchos militares en la reserva quieren participar en la política y algunos ya lo hemos hecho desde el retiro, como es mi caso, en que participé como candidato al Senado por el Centro Democrático, o como el coronel Plazas Vega. Ahora no estoy en el Centro Democrático, pero estoy seguro que muchos militares participarán en la campaña electoral para las elecciones de 2022.

La posición de Acore respecto a las elecciones del próximo año es clara: estatutariamente nosotros no podemos realizar campañas partidistas pero sí podemos organizar actos con los candidatos, como ya hicimos en el pasado, para que nuestros asociados escuchen las propuestas de los mismos y de los partidos que se presentan a las elecciones. Ya lo estamos haciendo en estos momentos y hemos recibido a varios candidatos para escuchar sus propuestas.

R.A.: ¿Cómo examina la crisis de la frontera con Venezuela y el desafío migratorio de la llegada de millones de venezolanos? ¿No cree que esa situación genera inseguridad e inestabilidad para Colombia?

C.M.: Totalmente de acuerdo con lo que dices. La frontera colombo-venezolana es la más peligrosa de América Latina y me atrevería a decir hasta del mundo, solamente comparable a la siria. Aquí ha habido un flujo migratorio mayor que hasta el de Siria, con cuatro millones de migrantes, y ninguno de los dos países, ni Venezuela ni Colombia, ejerce un control completo de esa frontera. Esa frontera se ha convertido en una tierra de nadie en donde el ELN, las Farc, el Cartel del Golfo, el Cartel de Sinaloa y un sinfín de bandas delictivas y criminales están dedicadas a sus actividades ilícitas, como el tráfico de narcóticos, la minería ilegal, el tráfico de personas y de combustible...Esa frontera es una fuente de desestabilización y de ahí se origina este proceso al que me refería antes que atañe a toda la región, tal como hemos podido comprobar últimamente en Chile, Ecuador y Perú, por citar tan solo algunos países, pero la joya de la corona es Colombia, que ha resistido sesenta años el asedio de grupos extremistas de izquierda que no consiguieron llegar al poder. Estos grupos ahora, sin embargo, están viendo que el escenario les es propicio por esta convergencia de elementos críticos para el país. Y en este contexto, con la grave crisis social y económica que atravesamos debido a la pandemia, la frontera juega un papel fundamental, ya que es muy difícil de controlar. Si hay un problema serio de seguridad en América Latina, es la frontera colombo-venezolana.

 

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