El amansador de caballos del Casanare al que Álvaro Uribe quiere ver presidente

Alirio Barrera arranca campaña para ser el candidato del CD con el espaldarazo del expresidente y su hijo Tomás, y metérsele en el camino a Zuluaga y Cabal

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septiembre 13, 2021
El amansador de caballos del Casanare al que Álvaro Uribe quiere ver presidente

En diciembre de 2020, cuando los medios apuntaban a una posible candidatura de Tomás Uribe como el ungido del Centro Democrático para las presidenciales de 2022, el hijo mayor del presidente sorprendió no sólo negando que tuviera aspiraciones políticas sino recomendando a un nombre que en el país sonaba a nada: Josué Alirio Barrera Rodríguez. La respuesta que dio Tomás generó todo tipo de preguntas: ¿de dónde había salido el gobernador del Casanare, el único que ha completado su periodo de cuatro años al frente del cargo? “Ustedes deberían entrevistar a Alirio Barrera. El exgobernador de Casanare creo puede ser una revelación en la política colombiana, primero por su historia de vida, un hombre que nació en la pobreza extrema y dejó saneado al Casanare, con turismo y cuatro universidades”.

Es que trece años antes, en agosto de 2007, Josué Alirio Barrera Rodríguez había hipotecado su casa en el barrio El Porvenir del municipio de Aguazul, Casanare, para poder comprarle a Don Juan Maldonado, reconocido criador de caballos, dos animales, ambos cruces de Andaluz con Cuarto de milla. La idea era poder amansarlos, enseñarles a caminar y correr, que aprendieran trucos y obligarlos a sentarse cuando escucharan la orden, manejarlos como si fueran una extensión suya. Una vez domados, los llevaría a fiestas y exposiciones en todos los llanos orientales y ganar los botines que un coleador promedio gana por show: 18 millones de pesos.

Nada había sido fácil para él. Nacido en 1977 en la vereda Monteralo, del municipio de Aguazul, Josué Alirio fue el séptimo de trece hijos de un matrimonio católico y campesino, formado por José Alirio Barrera y Constantina Rodríguez. Desde pequeño le tocó combinar sus estudios en el colegio Camilo Torres de Aguazul –a donde iba descalzo- para vender melcochas y empanadas y ayudar así a los precarios ingresos del hogar. Mientras tanto los grupos armados hacían presencia en la zona. El joven Josué veía cómo sus amigos empezaban a llegar al colegio en motos, con tenis importados y ropa de marca. Los laboratorios de coca se extendían como una plaga por todo el Casanare y Barrera Rodríguez empezaba a caer rendido ante el canto de las sirenas. Sin embargo, una tarde su papá llegó a la casa con dos volquetas. Hicieron un trasteo inmediato a Yopal. Durante años la familia formada por 15 personas vivió en un pequeño cuarto sin ventana exterior y con un solo ventilador que no era suficiente para apaciguar el calor infernal y el zancudero de las tardes llaneras.

A los 17 años conoció a la joven Maricela Duarte mientras trabajaba en la plaza central de Aguazul vendiendo verduras y chorizos. Un año después se casarían y se fueron a vivir a un barrio humilde como el de El Porvenir. Poco a poco fueron reformando la casa, ahorrando y comprando los caballos que amansaría –oficio que aprendió de su papá- y lo sacarían de pobre.

Álvaro Uribe invitó a Barrera Rodríguez a su finca El Ubérrimo para montar caballo y hablar de política, las dos pasiones que hoy los tienen más cerca que nunca.

Y la oportunidad de destacarse le llegaría en julio de 2009. Ese mes fue invitado a una exposición equina que organizaba la Fuerza Aérea en Bogotá. Álvaro Uribe sería el invitado de honor. Sin embargo, la atención del presidente se la llevó Josué Alirio y la manera en la que había presentado a sus dos caballos. Se acercó a hablarle como un campechano más y Barrera Rodríguez aprovechó para expresarle a Uribe su admiración absoluta. Es que, gracias a la Seguridad Democrática, Aguazul había dejado de ser un campo de combate entre guerrilleros y paramilitares y la tierra había multiplicado su valor. Uribe anotó el nombre del amansador de caballos y tres años después, cuando fue a Yopal a hacer campaña por Óscar Iván Zuluaga, el candidato que buscaba derrotar a Santos en las elecciones del 2014, Barrera Rodríguez habló con él y le ofreció todo su apoyo para lo que necesitara Zuluaga. Fue tan abnegada su labor que, tras las elecciones, lo llamó personalmente para que fuera a Bogotá a una reunión en la sede del Centro Democrático. Después de mucho insistirle Uribe le entregó el aval y, contra todo pronóstico, ganó en octubre de 2015 las elecciones a la Gobernación del Casanare con una diferencia de 30 mil votos sobre su más cercano rival. Su apariencia de vaquero, con botas texanas y sombrero, además de su inconfundible hablado campesino, fueron su sello de campaña, su marca del éxito.

Los logros como gobernador no pasaron inadvertidos para Uribe y el Centro Democrático: dejó al departamento sin deuda pública, le limpió los $170.000 millones que tenía encima y que pesaban como un yunque, dejó un superávit de $21.000 millones dejando a Casanare en el puesto 11 en el ranking de competitividad, cuando siempre había ocupado la casilla 23 y la 25.

Fue tan notoria su administración de los recursos públicos que fue elegido en 2019 para viajar a Estados Unidos y asistir a una reunión con Donald Trump, un desayuno en Mar-a-Lago, su lujosa residencia en Palm Beach, Miami, y en donde conversó, traductor de por medio, sobre temas de economía con el entonces presidente y varios de sus congresistas. En esa misma gira y ungido por Uribe viajó a Israel y China en donde también mantuvo reuniones de alto nivel.

Desde el 31 de diciembre de 2019, cuando dejó su cargo, se dedicó de lleno a su negocio de amansar caballos. Nunca se quitó las botas texanas ni el sombrero, siempre pareció más un vaquero y nunca creyó que podría aspirar a ser, siquiera, precandidato presidencial. Pero ha sido tanta la presión de Tomás Uribe y del propio expresidente que desde comienzos de octubre comenzará una correría por toda Colombia para darse a conocer. Las opciones parecen pocas, teniendo en cuenta los pesos pesados que se someterán a la consulta del Centro Democrático, que elegirá candidato a través de una encuesta el próximo 22 de noviembre, como el excandidato presidencial Óscar Iván Zuluaga y la senadora María Fernanda Cabal, ampliamente conocidos en todo el país. Pero si Uribe le da a bendición podría dar la sorpresa. Su historia y sus orígenes podrían ser la sorpresa que salvaría del desgaste a un partido como el Centro Democrático, que luce cansado después de la caótica presidencia de Iván Duque.

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