Échele ojo a los cambios de Petro: lo que debe aprender Colombia del NO en Chile

Aunque en 2020 el 80 % votó por una nueva Constitución, con Boric se echaron para atrás. ¿La razón? Los cambios drásticos pueden echar a perder todo lo conseguido

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septiembre 22, 2022
Échele ojo a los cambios de Petro: lo que debe aprender Colombia del NO en Chile

Chile ha sido un referente para Colombia a lo largo de más de cuatro décadas. Sus innovaciones institucionales nos han servido para hacer cambios en el sistema de financiación de las viviendas, el manejo de las pensiones y también de la salud. Para no hablar de que hace 90 años, los chilenos ayudaron a la conformación de nuestra Policia Nacional.

Desde la época de Pinochet y después durante los gobiernos de centroizquierda, fueron varias las innovaciones que se copiaron y adaptaron a nuestras condiciones locales. Pero también más recientemente ha sido un referente negativo con las violentas protestas sociales que se dieron a finales de 2019, que se repitieron en nuestro país.

Como resultado, ese país dio un giro brusco hacia la izquierda radical con el nombramiento de Boric como el presidente más joven en la historia de Chile en 2021, pero con muy poca experiencia para manejar la complejidad de su agenda de cambios con la que resultó elegido.

Los resultado en el país austral fueron premonitorio y hoy tenemos a Petro en el poder en nuestro país. En ambos casos, como también sucedió en el Perú con la elección de Castillo, estas elecciones demostraron un rechazo a la clase dirigente política tradicional buscando un cambio sin importar el costo y con consecuencias impredecibles.

Cito estos antecedentes porque hace solo tres semanas, los chilenos votaron obligatoriamente, y el 62 % lo hizo por el NO en contra de la nueva Constitución, que salió cocinada de la convención y que no unía a la sociedad. Lo que es más impresionante es que votaron en contra las clases populares, e inclusive los indígenas, que iban supuestamente a beneficiarse de una propuesta para ser un Estado cuasiautónomo dentro del Estado chileno.

El resultado fue una total sorpresa que ninguna encuestadora atinó a predecir. El 80 % de la gente en 2020 había votado por cambiar la Constitución, antes de la elecciones que llevaron a Boric al poder. En esta última votación, el mensaje fue muy claro: la mayoría de los chilenos, sin distinción de clase, sí quiere un cambio, pero sobre todo, quiere seguridad y recuperar la estabilidad perdida. Y el adefecio que se cocinó que nació sin el consenso y un terreno común no lo iba a ofrecer.

No hay una constitución perfecta que resuelva todos los problemas, pero para un votante con un mínimo de sentido común y unas preocupaciones más básicas, era claro que una propuesta con tanta controversia no tenía sentido apoyarla. La nueva que surja debe de proveer un piso común que brinde seguridad a la sociedad, devuelva la confianza en el sistema y la esperanza de poder tener unos avances más incluyentes y de de beneficio para todos.

Los resultados del NO en Chile, de nuevo nos muestran el camino para Colombia y para otros países latinoamericanos donde la izquierda ha llegado o piensa llegar al poder, creyendo que taparon el sol con las manos. Por lo tanto, surgen dos preguntas muy importantes: ¿Qué pasó? ¿Qué lecciones valiosas nos deja a los colombianos?

Hablando con un querido amigo empresario chileno hace unos días, me señalaba algo muy interesante de la historia de su país que antecedió la situación que viven en la actualidad.

Chile es un país de centro, donde los más adultos vivieron la época de Allende a principios de los 70 y Pinochet hasta el 89. Durante cinco décadas, esta generación le tocó ver el costo que tuvieron que pagar para armar su país y donde hoy llegan unos jóvenes sin experiencia e idealistas apoyados por el Partido Comunista, a tratar de recrear los sueños que se vivieron a principios de los 70 con Allende.

En el curso de cuatro décadas, dos generaciones de gente muy preparada fueron las responsables de los avances logrados y reconocidos por Chile. Lamentablemente, la permanencia en el poder encubó corrupción. Y la nueva generación de jóvenes políticos que se formaron desde 2006 y las marchas de 2011 y 2015, cuestionando todo lo anterior, son los que llegarían al poder en 2021, con una visión extremista y soñadora, despreciando los logros anteriores.

En medio de la pandemia y de un gran malestar social, el gobierno de Piñeira, para apaciguar la situación que se le salió de las manos con los disturbios de septiembre del 2019, sacó una serie de medidas sin reparar mucho en sus consecuencias.

Por ejemplo, se permitió el retiro de dinero de las Fondos de Pensiones, lo que empujó la demanda, y por ende, prendió la mecha de la inflación interna. Se definió una ruta para el cambio de la Constitución promulgada por Pinochet ya con 40 enmiendas en 30 años, donde se sembraron las semillas para lo que sucedió después, y que se materializó en el No a la nueva Carta, cocinada durante varios meses a espaldas de millones de chilenos.

Estos jóvenes políticos y sus aliados de la extrema izquierda liderada por el Partido Comunista no midieron las consecuencias de poner en juego los avances conseguidos y tratar de ignorar la historia. Chile logró un progreso significativo en las últimas cuatro décadas. Millones de sus ciudadanos salieron de la pobreza y con condiciones de vida envidiadas por otros países de la región. En este periodo de la historia de Chile fue notable la reducción de la pobreza, del 45% en los 80 al 8.6% en el 2019. Para no hablar de la transición pacífica de la dictadura a gobiernos de izquierda y de derecha, construyendo y no destruyendo sobre los avances logrados. .

En un reciente artículo de Sergio Muñoz Bata en El Tiempo, titulado Sí a la reforma, No a la revolución, mencionaba cómo hace 22 años Chile era un modelo para toda la región como resultado de las reformas de Pinochet de 1975 que sembraron las bases de su desarrollo en las siguientes décadas. En ese periodo, el país cuadriplicó su ingreso per cápita y llegó a ser el más próspero de Latinoamérica, mostrando los mejores índices de bienestar en saneamiento y mortalidad materna, y del Desarrollo Humano de la ONU.

Y el autor se preguntaba: “¿qué llevó a un puñado de chilenos a cuestionar su bienestar y al 80 % de ellos a aprobar la idea de redactar una nueva Constitución, después de 35 años de vivir en prosperidad y democracia? La única respuesta que se me ocurre es que la mayoría de los chilenos desea perfeccionar su democracia y vivir en una sociedad menos desigual y más inclusiva”.

Para hacer esta tarea, los votantes subieron al poder a una nueva generación de jóvenes políticos , que hoy pretenden gobernar a Chile. Son personas que no han tenido un experiencia laboral ni tampoco política, pero que defienden un ideal pero sin mayor capacidad de ejecución. Esta es una limitación muy seria, cuando pretenden reversar avances de muchos años y hacer cambios en un país que ha sido muy de centro izquierda y conservador.

La Convención que se eligió para redactar la nueva Constitución, quedó sesgada muy a la izquierda, como resultado de la fragmentación de los partidos, dejando por fuera unos sectores muy importantes de centro y de derecha. Quienes fueron elegidos, salieron de unas listas de independientes manejados estratégicamente por el Partido Comunista, vendiendo la idea de que era la forma de ampliar la participación de la gente del común.

Las propuestas que fueron surgiendo en el curso de los meses de elaboración de la nueva constitución, fueron encendiendo unos focos de resistencia que se acumularon, generando una oposición cada vez mayor que se movilizó. La asocian de Emprendedores de Chile, aprovechando su buen nombre, jugó un papel muy relevante para explicar el porqué se debía votar por el No, en defensa de la iniciativa privada y del tejido empresarial de la pequeña y mediana empresa

Tampoco ayudó para nada a quienes apoyaban el Sí, que la imagen de los constituyentes se fuera deteriorando por los escándalos de algunos de sus participantes borrachos, que se disfrazaban, o votaban desde la ducha, lo que le quitó mucha credibilidad.

Las dinámicas que ha empujando Boric y sus partidarios de la extrema izquierda ha aumentado el nivel de pesimismo de la gente, en un entorno que está muy enrarecido, complejo y de gran incertidumbre. Sus acciones se sumaron para aumentar el malestar producido por los levantamientos de septiembre del 2019 durante el periodo final de Piñera. El resultado es una acumulación de problemas muy serios, y que en el año largo de Boric, se han salido de madre .

En Chile la seguridad se ha deteriorado dramáticamente por dos fenómenos simultáneos. Los Mapuches en el sur están generando un gran problema de orden público. También la presencia de mafias internacionales y la migración especialmente venezolana. Las fuerzas de orden se sienten maniatadas y comienzan a operar a espaldas de Boric lo que puede ser el comienzo de una resistencia muy preocupante para el país como lo hizo Pinochet con Allende, que terminó en su caída y muerte después de un golpe militar.

Pero los problemas que enfrenta Chile hoy tienen otras dimensiones. La inflación se ha disparado por efectos internos y externos. En ese país ya se debilitó la economía lo que le va impedir a Boric cumplir con las altísimas expectativas de cambio que ofreció, comenzando por la decisión de una nueva Constitución, como lo demuestra el rotundo NO en contra de la propuesta.

No es difícil de reconocer que a pesar de los grandes avances durante cuatro décadas, Chile como sociedad tiene todavía un buen camino por recorrer y brechas importantes de desigualdad por cerrar. Pero ignorar la realidad con sus luces y sus sombras, sus logros y fracasos que se deberían capitalizar, hace mucho más difícil los cambios que se necesitan sin aumentar la polarización en la sociedad.

Es por esta razón que el contundente NO al documento de la nueva Constitución de hace tres semanas en Chile, que pretendía poner patas arriba al país, mandó el mensaje maduro y contundente en contra de destruir los avances logrados comprometiendo la seguridad tan valorada, sin importar el costo y a espaldas de una mayoría de la población, que de todas maneras había votado masivamente por su cambio.

Este es un evento histórico para Chile que en un momento tan difícil deja una lección muy potente: el atropellar una sociedad con muchos cambios muy grandes, sin honrar los logros del pasado, es el peor camino posible para convocar y conseguir su apoyo. Desafortunadamente, esta es la tendencia de la izquierda que fractura aún más la sociedad. Es una barrera que no se tiene en cuenta, cuando se quiere liderar un proceso tan complejo y que genera mucha resistencia, para avanzar en el camino del desarrollo.

Si no se valoran los avances de un país, como de hecho ha pasado en Chile y hoy se observa en Colombia, ¿cuáles son las bases sobre las cuales una sociedad se para para seguir adelante? La tendencia de ignorar esta realidad, especialmente acentuada desde la izquierda radical que ha llegado al poder en AL, es el camino seguro para frustrar las altísimas expectativas que han creado iluminados como Boric, Petro o López Obrador. El resultado es el aumento de los conflictos y el inmenso desgaste institucional tratando de reinventarse la rueda.

Mi amigo chileno concluyó nuestra conversación con una reflexión muy de fondo: “estamos pagando el analfabetismo funcional, que en la prueba PISA para adultos en Chile, Mexico y Perú (Colombia no participa) es superior al 89% y están en la cola, lo que impide a esta población, analizar conceptos y predispone a la persona a absorber slogans. Temas complejos que la gente no tiene la mínima capacidad de comprensión, como los ataques de la izquierda contra el lucro o el tema de la igualdad sin relacionarla con el esfuerzo individual, son palabra que envuelven conceptos que se  denigran”.

Todo suena bien para capitalizar electoralmente el resentimiento de la gente. El resultado lo estamos comenzando a ver en Chile y preparémonos para lo que se verá en Colombia so seguimos la misma partitura.

Por esta razón, la gente que creyó las promesas de la izquierda en Chile ahora comienzan a despertar a la realidad de un nuevo gobierno, incapaz de controlar el aumento de la inseguridad, de la inflación y el desempleo. La gente votó por el dolor y no por su compresión del fenómeno.

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