Duque, un placebo presidencial

En términos simbólicos, el mandatario no duró un solo día en el poder, ya que desde su posesión fue defenestrado. Con eso en mente, cabe preguntar: ¿quién ocupa su lugar?

Por: Carlos Roberto Támara Gómez
noviembre 21, 2018
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Duque, un placebo presidencial
Foto: Instagram @ivanduquemarquez

Tomo la siguiente cita del New York Times y propongo en cursiva una nueva lectura.

“Nuevas investigaciones confirman que sí tenemos una respuesta bioquímica y molecular a los placebos, que por mucho tiempo han sido vistos como engaño o sugestión. El hallazgo podría cambiar drásticamente la corriente tradicional de la medicina occidental. O no.

Nuevas investigaciones confirman que sí tenemos una respuesta bioquímica y molecular a los placebos, que por mucho tiempo han sido vistos como engaño o sugestión. El hallazgo podría cambiar drásticamente la corriente tradicional de la política occidental. O no.

Propongo esa nueva lectura sin mayores cambios porque es cada vez más evidente que el período del presidente colombiano es el más corto de la historia de cualquier país, sin que mediara una revolución para tumbarlo. La imagen del placebo presidencial me ha venido como anillo al dedo para poder acercarme a la dilucidación de este fenómeno magnífico de la política colombiana.

Pero antes de intentarlo quiero auxiliarme con el mejor político volteretas de Colombia: Gaviria, quien dio muestras excelentes al comienzo de la segunda vuelta. Gaviria sostuvo con tierna lozanía,  como si se acabara de perfumar, en un programa en vivo y en directo con Yamid Ahmad, que jamás hubo presidentes títeres en Colombia y que él creía que ahora tampoco los  habría. Tal premonición, que luego combatió con su salto al vacío y triple giro mortal con garrocha sin mirar hacia atrás, tiene todas las trazas de estarse cumpliendo. Daremos las explicaciones respectivas.

La cita al principio hace parte de un artículo largo, que es una categoría periodística de lo que en su época Gabriel García Márquez llamó crónicas, y a cuyo uso nos regaló tantas manifestaciones de su ingenio: el ahogado más hermoso del mundo; el secuestro de Diana Turbay, etc.; que llevado a la literatura propiamente dicha puede categorizarse como género en Crónica de una muerte anunciada.

Pero, cómo devino la caída inmisericorde e irreversible del presidente. No hay sino que mirar el espectáculo del día de su discurso de posesión: el inefable presidente del congreso, senador Macías, peroraba exactamente lo contrario. Lo que quiero decir es que su gobierno no duró un solo día, pues se estaba cumpliendo la admonición de Gaviria de que no habría presidentes títeres, pues el presidente es otro. Así de sencillo. ¡No le busque otra explicación!

Alguien puede imaginarse al señor Macías haciéndole mandados al presidente en el Congreso. ¡No, ni de fundas! ¿Sacamicas, Macías? Olvídense. Ya ese tiene jefe desde hace rato.  Y la razón es obvia: quién le ha dado más; o más insidiosamente todavía, ¿quién podría darle más, siendo que el presupuesto está por decidirse y tenemos ministro de Hacienda en deuda moral?

Y si el presidente no duró un solo día, defenestrado desde su posesión, entonces ¿quién está allí? Respuesta: el placebo. Tómese al pie de la letra la definición: los placebos que por mucho tiempo han sido vistos como engaño o sugestión. Una definición en que, hacemos la salvedad, Gaviria no intervino pero que le viene como a su anillo el dedo.

El problema real ahora es demostrar la naturaleza bioquímica y molecular del asunto y en eso debe concentrarse este artículo para que sea irrefutable.

Ya planteado el problema, cabe dilucidarlo haciendo la pregunta adecuada cual es: ¿existe la bioquímica política o la política molecular? Habría que demostrar primero que eso existe y luego dejar como irrefutable que el caso del placebo presidencial califica en ese campo.

Obsérvese que tenemos anticipado un soporte empírico de hecho irrefutable que nos podría relevar de mayores demostraciones: ¿si no existe la bioquímica política, cómo es que Gaviria pudo haber dado el triple salto mortal con garrocha, como si fuera un gas noble (Argón, Neón, etc.) y coludirse en las huestes del candidato ganador de las encuestas sin romperse ni mancharse. Ni siquiera en ese momento produjo reacción en cadena, que luego se dio cuando se le partió el partido (¡¿?!) lo cual solo quiere decir, que Gaviria no era propiamente un gas noble…puro si no que tenía algunas excrecencias polutas de otros gases. Pero eso es harina de otro costal.

Eso podría demostrar lo bioquímico, pero ¿lo molecular? Bueno, toda reacción tiene carácter molecular pero pueden acusarnos de soslayar la investigación. Esta demostración es más difícil pues exige recurrir a complicadas reacciones químicas para las que ningún lector promedio está preparado. Cuadre, por ejemplo, la siguiente ecuación química: mole + cular; es decir: un mol de europio con un cul de argón gavirista qué producto nos resulta. ¡Listo!

Ahora viene lo más mamey. Demostrar que el placebo, a pesar de que no sirve para nada, resulta sirviendo para algo. Estoy mil por ciento seguro que al menos cinco millones de ciudadanos avergonzados nos relevarían de ello, que esto no necesita demostración; sin embargo, aceptamos que la reciente gira presidencial por Europa, no la eludimos, nos puede obligar a ello. Es decir, después de ese viaje debemos admitir, no sin rubor, que un placebo sirve menos que un cul de argón, cualquier cosa que eso signifique en la política molecular. Pero eso hace parte de la naturaleza del placebo, precisamente, que es lo que se quería demostrar.

Ahora bien, cómo es que está reaccionando el cuerpo de la nación ante semejante inoculación. Palabra de fea pronunciación que ha ayudado a implementar Gaviria. Podemos decir que al menos dos inoculaciones vienen de ese aprovechamiento del placebo: el nombramiento del Contralor afín a su corriente; y el nombramiento egipcio de la bella Ana Milena, que no Nefertiti. Obsérvese que aquí el placebo puede tener un brazo armado en la cancillería combinando todas las formas de lucha para placebiar el poder.

Subsisten grandes incógnitas. Si el placebo es la distracción para los virus, bacterias y otros especímenes saprófitos entonces dónde está la medicina real. ¡Ay! Para mí tengo que es un jarabe tan amargo que prefieren no sacarlo a relucir. Y ahora con el IVA nos va salir más caro todavía.

La verdad es que nuestro futuro es inextricable. Léase si no esta nueva cita:

“Entonces ¿qué tal si la razón por la cual un medicamento o tratamiento no funcionan en una prueba clínica no es porque hay incompatibilidad bioquímica para el paciente, sino porque en algunas personas el fármaco interrumpe la respuesta al placebo? En caso de que fuera así, ¿el uso del placebo por sí solo reduciría la aflicción? O, más aún: ¿qué tal si la respuesta a un placebo es la que impide, para personas con cierta variante genética, que el fármaco funcione como se espera, y un cambio en el contexto psicosocial mejoraría la efectividad de la droga?”

Quiero interpretar como si estuviera pasando a limpio. Ya sabemos por el discurso de asunción que el verdadero fármaco está en el senado, flanqueado por Macías. Ellos esperan que el uso del placebo sea suficiente, pues el fármaco verdadero no necesariamente funcionará como se espera. Pero, ¿por qué? ¿Cuál es la película de terror armada para distraernos?

Imagino que es porque el brebaje que nos recetarán es absolutamente impotable. Por ejemplo, ¿cómo podría beberse un presupuesto tan amargo sin mermelada con albaricoque que lo endulce?  ¿Quién se traga ese cuento?

Hay que ponerla más grave. Si se ha puesto a pagar IVA hasta los huevos, ¿cómo podrían hacer para que 42 millones de colombianos se traguen el frasco entero de un presupuesto sin mermelada?  ¿Qué van a hacer con tanta plata? ¿Recoger café? ¡Ay, qué lindo, los angelitos!

* Las notas son tomadas de El poder curativo de no tomar nada y lo del brazo armado en la Cancillería es una metáfora.

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