Opinión

Duque: ¿rechazará el lenguaje de la agresión?

Quizás Duque puede destacarse dando ejemplo en el uso lenguaje; para ello no necesita permiso de nadie. De ello dependerá, en alto grado, su capacidad de reconciliación

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julio 02, 2018
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Duque: ¿rechazará el lenguaje de la agresión?
Duque pertenece a una generación fresca que puede dar un salto adelante hacia la convivencia pacífica entre colombianos

Duque tiene la oportunidad de dar la pauta y frenar el lenguaje de alcantarilla y de supresión hacia los que algunos prominentes de su partido consideran son sus enemigos.

El lenguaje es la morada del ser; el hombre habita en esa casa que es el lenguaje, decía Heidegger en una carta sobre el humanismo. Las palabras pueden convocar y unir. También pueden ser usadas para despreciar al otro, incitar a la violencia y, en Colombia, para casar apuestas justicieras por mano propia.

El lenguaje ofensivo aparece en todas partes. En el fútbol, si gana Colombia un partido de fútbol, hinchas felices agreden a japonesas aficionadas con el verbo. Las palabras jugaron un papel en el asesinato de Andrés Escobar en el 94 después del involuntario autogol en el partido contra Estados Unidos. La violencia verbal está presente en el trabajo, en la vida de las familias, en la política, en la movilidad. Lo usan hombres y mujeres, gente de izquierda o derecha, paisas, costeños o rolos, jóvenes y viejos. Y, lo más grave, se convierten, con alguna frecuencia, en la eliminación física del otro.

El presidente electo Duque tenía doce años cuando cayó el muro. No tiene por qué heredar los prejuicios propios de la guerra fría a escala global y criolla. Puede que los populismos de derecha o izquierda tengan hoy espacios políticos en lugares en los que la marcha del mundo global dejó rezagados a los antiguos trabajadores, sea Hungría o, talvez ahora, en México. Sabe que el presidente saliente, Santos, no es comunista ni castrochavista, clichés pobres (y efectivos) que alentaron su propia campaña. El comunismo fue sepultado en 1989.

Pertenece Duque a una generación fresca que puede dar un salto adelante hacia la convivencia pacífica entre colombianos. Siempre y cuando marque la diferencia en el lenguaje.

Es cierto que, en política, el lenguaje de la ofensa y la aniquilación del adversario por la calumnia y el desprecio son pan de cada día en diferentes toldas. Con las redes sociales, al alcance de todos, el impacto es, exponencialmente, mayor. Sin embargo, quien gobierna debe dar la pauta en el lenguaje.  Guerrilla y paras asesinaron de forma infame; no obstante, los falsos positivos son aún mas graves por provenir del estado. Igual ocurre con el lenguaje.

 

“Le doy en la cara, m…”, del Eterno, gobernando,
no puede ser emulado,
en ninguna circunstancia por el nuevo presidente

 

“Le doy en la cara, m…”, del Eterno, gobernando, no puede ser emulado, en ninguna circunstancia por el nuevo presidente. Aunque haya sido ejemplo entre seguidores que esperan que Duque prosiga el camino de la agresión.

El lenguaje de otro prominente, Popeye, no descalificado por los líderes de su movimiento, al referirse al presidente Santos hace apenas un año como “esa cosa con ojos”, es el del asesino: apretar el gatillo requiere distancia entre quien mata y su víctima; cosificarla y degradarla es la mejor receta para el crimen serial.

Por esos lados va el uso del verbo “neutralizar”que, desde hace años, en lenguaje bélico, es un sinónimo de “eliminar”, utilizado por un senador del CD. Al afirmar que “Colombia tiene que neutralizar la conspiración contra Uribe y su partido, que dirige un columnista asentado en Miami, cuyos cómplices trabajan, agazapados, desde altísimos cargos en la rama judicial y en curules del senado…”, no se puede evitar el miedo. ¿Cómo entenderá el señor congresista la neutralización?

Otra perla del uso del lenguaje, eficiente en su impacto, fue la del gerente de la campaña del No en el plebiscito, de buscar que “la gente saliera a votar verraca”. Sin ese resultado, derrota estrecha del Sí, la historia de los dos últimos años sería diferente y Duque no sería hoy el presidente electo.

Finalmente, el senador que trató de h.p. a su  colega Claudia López, tampoco fue reprendido. Al contrario, recibió mensajes de apoyo de sus pares.

La política antidrogas será la de hace tres décadas, inefectiva. No hay propuestas novedosas en materia económica. No hay señales de planes para la reducción de la inequidad. Sin embargo, quizás Duque puede destacarse dando ejemplo en el uso lenguaje; para ello no necesita permiso de nadie. De ello dependerá, en alto grado, su capacidad de reconciliación.

 

 

 

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