Duque liquidó el uribismo: su desaprobación llega al 76%

Esta alarmante cifra es constancia del profundo nivel de desconexión del presidente, al igual que su falta de liderazgo y capacidad de gobierno

Por: Fredy Alexánder Chaverra Colorado
mayo 25, 2021
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Duque liquidó el uribismo: su desaprobación llega al 76%
Foto: Twitter @infopresidencia

Un pilar esencial de la narrativa uribista entre 2004 y 2009, los años más duros de la seguridad democrática, era el de construir una favorabilidad constante en la opinión pública. Diseñada a partir de un relacionamiento propagandístico con los principales medios de comunicación y las encuestas. A partir de las mediciones de favorabilidad se incubó la peligrosa propuesta de construir un Estado de Opinión en el cual la percepción de la mayoría erosionara las bases del Estado de derecho. Eran otros tiempos y no hay que subestimar que la popularidad del caudillo estaba por las nubes. Al menos, desde que las encuestadoras miden la favorabilidad de los presidentes, promediando el gobierno Samper, ninguno había registrado cuotas por encima del 70 y hasta el 80%. Era el huracán Uribe y su representación simbólica en el Estado de opinión.

De esos días, tan controlados por los canales privados de televisión y con poca prensa independiente, solo queda un vago recuerdo. Tras la revolución social que representó la irrupción de las redes sociales y el estímulo en la creación de múltiples ecosistemas de información, monopolizar la matriz mediática resulta imposible en una sociedad que se diga democrática. El Estado de opinión se agrietó y ya solo es un decadente monumento al autoritarismo. Duque no pudo jugar con esas variables de favorabilidad histórica y le tocó sortear con el estallido de una bomba social que se venía incubando hace décadas, también con el látigo de la posverdad. Una dosis de su propia medicina, pues en la campaña del plebiscito se dedicó a engañar y tergiversar el sentido del acuerdo de paz. Tanto él como Uribe lograron su cometido: que la gente saliera a votar berraca.

Aún sigue berraca, pero ya es contra ellos y su terrible gobierno, el peor desde que tengo memoria.

Con una desaprobación del 76% según la última medición de Invamer (y eso que en algún momento se trepó al 79%), el presidente ya superó con creces a Pastrana y Santos en el podio de los presidentes más impopulares. Es una cifra alarmante para cualquier gobierno, constancia de un profundo nivel de desconexión, falta de liderazgo o capacidad de gobierno. Pues Duque ha demostrado con mérito que es un presidente incapaz. Además, es un resultado que se debe llevar por delante la derecha y el uribismo, los sectores que lo encumbraron, sin la más minina capacidad de liderazgo, a la Casa de Nariño. Esa factura debe ser compartida con todos los partidos que en 2018 apostaron por su aspiración y que en algunas semanas volverán a los territorios buscando votos. Ellos también son responsables del desgobierno Duque.

Dice el presidente que “las encuestas no deben ser anclas emocionales” y antes deben ser una motivación para trabajar el doble. Al parecer, las últimas no pueden ser consideradas como anclas, sino más bien como evidencia de su hundimiento. Son la fotografía eterna de un presidente sin visión de país; narrativa o banderas propias, nada, ni sé cuál será su legado o si la discusión histórica orbitará en torno a si tendrá legado. Hasta a Laureano, Turbay y Uribe se les recuerda por lo peor. ¿Cuál será su lugar en la historia? De eso no hay certeza por estos días y solo es claro que la historia no lo absolverá. Su actitud temeraria en medio del paro nacional y su estigmatización de la protesta social, solo pueden llevar a recordarlo como un auspiciador de violaciones a los derechos humanos. Nada más.

También algo de responsabilidad debe recaer en los “alternativos”, tan embriagados por el ego del “soy yo o no es nadie”. Nuestra absurda división en 2018 posibilitó el retorno del uribismo en cabeza de un desastre andante. Sin duda, una equivocación que ya ha costado muchas vidas.

Para concluir, habría que recordar una clásica afirmación de la recién renunciada embajadora en Francia, Viviane Morales: “A mí no preocupa un gobierno que tiene un 20% de favorabilidad”. Pues Duque registra menos. Un epilogo patético.

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