Duque, el socialismo del siglo XXI y el futuro de Colombia

"Lo que está en juego es la defensa de nuestros valores, de nuestras libertades, de nuestra democracia y de nuestro Estado de derecho"

Por: Martin Eduardo Botero
noviembre 01, 2019
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Duque, el socialismo del siglo XXI y el futuro de Colombia
Foto: Instagram @ivanduquemarquez

Queridos lectores, vivimos en una época de profundos cambios en el escenario político, social y económico en los que nuestro país continúa resbalando y se hunde cada vez más en el abismo, acuciada como está por conflictos internos y externos que dividen las generaciones e invitan a los conflictos generacionales, con mafias que mandan y desafían tanto a la sociedad como al estado y, más en general, a la organización social. Todo ello junto con fenómenos sociales que elevan el nivel de la tensión creando un peligroso humus en el que fuerzas disgregadoras amenazan cada vez en mayor medida a la democracia y la libertad de todos, la estabilidad y los niveles de bienestar social y la paz.

Esta situación conlleva una serie de nuevos desafíos en términos de mantenimiento de la seguridad pública y del orden público y la salvaguardia de la seguridad en el territorio (seguridad interior) —presagia un futuro desalentador para el país, ya que no se logra discernir una dirección—. ¿Cuánto tiempo vamos a perpetuar esta situación insostenible? No se pueden infravalorar los problemas con que nos enfrentamos. Es importante subrayar esto, especialmente en los tiempos que corren. Como muchos saben, están soplando al mismo tiempo vientos extremadamente peligrosos de socialismo siglo XXI o Bolivarianismo “en términos de proceso de destrucción de la vieja sociedad y construcción de un nuevo modelo de convivencia humana”.

Esto no solo ha contribuido a la debilidad y la inestabilidad política en algunos países vecinos, sino también a la creciente radicalización que puede conducir al extremismo violento y al terrorismo, entre otras cosas, fomentar la expresión violenta o disturbios, revueltas y protestas callejeras y la polarización y, en algunos casos, incluso guerras civiles y propician las condiciones favorables para que se extienda el terrorismo internacional. El sufrimiento de las gentes de esas tierras próximas a nosotros es nuestro sufrimiento, merece ser condenado con el más fuerte lenguaje. Y no podemos perder más tiempo, debemos alzar nuestra voz y, sobre todo, romper esa muralla del Bolivarianismo, que atenta contra toda sociedad libre, democrática y justa. El socialismo siglo XXI no es una solución, porque a largo plazo perjudica a los mismos que pretende proteger. Seamos claros: Más socialismo siglo XXI significa invariablemente más extremismo, violencia y guerras destructivas Reconozcámoslo sin ambages. El silencio ante esta barbarie es complicidad —y esto es lo que más me preocupa— y esto es percibido por los pueblos como una auténtica amenaza a la paz y la seguridad internacionales.

Las crecientes oleadas de extremismo violento y la intolerancia creciente, alimentado por fracasos políticos y económicos no podrán ser detenidas sin superar el odio entre los pueblos y construir un futuro compartido. Nos preocupa la posible continuación de esta tendencia. Es una tendencia que durante los próximos años ejercerá fuertes presiones sobre nuestros sistemas de previsión y la opinión pública está lógicamente preocupada. Tenemos que resistir, corremos el riesgo de inestabilidad en nuestro propio continente. La cuestión es que la diplomacia está fallando. Y si bien es preciso ser más vigilantes frente a las amenazas auténticas del socialismo siglo XXI. Lógicamente, el derecho de la opinión pública a la seguridad es una de las libertades fundamentales, pero ¿cómo puede garantizarse dicha seguridad?

La gestión de las crisis debería ser una de las cuestiones más importantes de la futura política colombiana en materia de política exterior y de seguridad y defensa. En este asunto no podemos seguir pasando la pelota adelante y atrás. La democracia es algo que no debemos dar nunca por sentado. La oportunidad que representa la presidencia Duque no permanecerá siempre. Necesitamos una presidencia fuerte, una presidencia en la que cada vez aspiremos a más y tengamos más confianza en nosotros mismos, con la habilidad diplomática, técnicamente competente y capaz de generar resultados prácticos y asumir el liderazgo que, acertadamente, exigen los ciudadanos y no la interminable autocontemplación.

Los ciudadanos no quieren menos presidencia. Quieren más: más acción conjunta contra el terrorismo, más acción conjunta en materia de defensa y asuntos exteriores, de inmigración, de orden público y seguridad. Quieren que presidencia piense a lo grande. Y, sin embargo, en casi todos estos ámbitos, se empeñan en llevar la contraria a la opinión pública. Es como si esta institución padeciese un impulso obsesivo de autoafirmación recurriendo a una actividad frenética: buena, mala o indiferente. Lo que importa es estar ocupados. La estrategia existe, pero por desgracia nos hemos desviado del camino a la hora de implantarla. Va siendo hora de que ponga en orden nuestra casa, ante una situación tan delicada. La presidencia debe ser capaz de tomar decisiones rápidas, prever situaciones futuras y no nos pueden coger desprevenidos y divididos. Ha llegado el momento de las decisiones, no sólo de las palabras.

Lo que aquí está en juego es la defensa de nuestros valores, de nuestras libertades, de nuestra democracia, de nuestro Estado de derecho y de nuestra solidaridad y se sitúa en el corazón del modelo social democrático que todos queremos proteger y mejorar. No puede haber margen para la negociación cuando se trata de la seguridad del territorio colombiano o de su gente. La defensa de nuestra libertad y seguridad, por la que hemos pagado un precio tan alto, exige una constancia infatigable y medidas enérgicas y coordinadas. Si la presidencia se empeña en negarse a escuchar la voluntad de la gente, su base democrática irá desapareciendo de manera lenta pero segura. Cuando a los pueblos se le priva de su legítimo derecho a opinar sobre su futuro y se sienten abandonados, acaban vengándose en las elecciones, ya que son ellos los que constituyen la esencia y la fortaleza democrática.

Señor presidente, este es un debate sobre el futuro de Colombia y sobre los problemas con que se enfrentan este continente – tenemos que hacer frente a los desafíos y superarlos, y necesitamos una visión política clara, así como de actuar con determinación y coraje político que lo que ha demostrado hasta ahora. Es su responsabilidad tomar las precauciones necesarias para defender nuestro modelo social democrático y desarrollar una política de buena vecindad; se comprometa y estreche sus vínculos de colaboración con los socios que comparten su visión liberal democrática. La presidencia tiene una gran responsabilidad en la transición que hay que realizar y el papel de la Colombia en el escenario internacional (puede ser necesario tomar sus propias sanciones selectivas y escalonadas junto con los países con los que tiene buenas relaciones, como, por ejemplo, un boicot de petróleo, una zona de exclusión aérea e imponer sanciones de inmediato contra el brutal régimen de Maduro, estar dispuesto a apoyar la presencia de la fuerza de paz híbrida de conformidad con el artículo 7 de la Carta de las Naciones Unidas, o aplicar sanciones económicas y bloquear los recursos económicos de todas esas personas e impedir que circulen libremente por nuestro territorio, así como imponer sanciones personales a los representantes del régimen unilateralmente en lugar de esperar al resto de la comunidad internacional, un embargo de armas eficaz, restricciones de visados, la congelación de activos y la prohibición de viajar incluso bloquear las inversiones, los equipos técnicos y la transmisión de conocimientos y hablar con sinceridad con China y Rusia, porque como sabemos estos países son muy responsables de la actitud de dichos regímenes). Asumir sus responsabilidades seguramente querrá decir algo en el futuro.

Venezuela y Cuba saben que Colombia ladra, pero no muerde, y por eso hoy solicitamos nuevas y firmes medidas económicas, jurídicas y militares. La condena pública no es suficiente. Queremos soluciones que reflejen la tragedia. Es esencial transformar la condición de país de conflicto y pobreza a paz y prosperidad. Ha llegado el momento de demostrar qué significa realmente ser un jefe de Estado y de gobierno en aras de construir un futuro estable, democrático y multiétnico —y también latinoamericano—. Sobre el sólido fundamento de estos valores y de estas prioridades, todos los ciudadanos estamos dispuestos a aportar su contribución haciendo frente a estos desafíos. Invitamos al presidente a ser audaz, valiente, decidido y asumir una mayor responsabilidad frente a los problemas y de desempeñar un papel protagonista, razón por la cual le recomiendo un refrán sueco: Gott lära av andras fel, eftersom man inte hinner begå alla själv —es bueno aprender de los errores de los demás, ya que no hay tiempo para cometerlos uno mismo—. Ese es el reto para la presidencia y un desafío para este gobierno y todos sus grupos políticos. Le deseo lo mejor a él y a su gobierno. Amén.

Nota

- Aunque la presidencia ha sido puesto a prueba en la votación popular y ha pasado por una revolución democrática confiamos en que Duque estará preparado para hacer frente a los desafíos del socialismo siglo XXI. Es usted un hombre justo, con su historial como muñidor de consensos, estoy bastante seguro de que reequilibrará la balanza un poco, tanto usted como nosotros esperamos mucho del futuro de Colombia. El presidente Duque es un buen ejemplo para seguir, ya que está haciendo una labor admirable, ha realizado un buen trabajo, tiene talento e iniciativa. Es relativamente cauto y seguro, ha dado pruebas de compromiso y dedicación, está a la vista de todos. Por lo tanto, señor presidente, quiero agradecerle el constructivo e intenso trabajo realizado.

- La situación en Venezuela sigue siendo uno de los retos mayores y más difíciles que tiene Colombia. Por desgracia, el desplazamiento en una dirección más autoritaria que hemos podido ver durante los últimos años apunta a una evolución de otro tipo. Falta mucho camino por recorrer antes de que sea un Estado constitucional en funcionamiento. La situación económica y social de Chile es muy difícil. Los acontecimientos en Ecuador son una preocupación para Colombia. Con respecto a Nicaragua, imperativo es la seguridad de la población y ofrecer apoyo político a los recientes esfuerzos para encontrar una solución justa que permita a todos los habitantes vivir juntos en paz y democracia. Cuba es la más antigua dictadura que queda en América Latina. Es nuestro deber hacer un mayor esfuerzo por apoyar a las fuerzas democráticas de ese país.

- Existe un extenso debate en torno a las pasadas elecciones, y aunque sin duda los comentaristas se habrán tenido que devanar los sesos más de una vez durante las transmisiones en horario estelar y otras, me atrevo a decir, no obstante, que no se trata de una derrota política de magnitud histórica imprevisible, sino de una secuencia de procesos con un significado político que acompañó el ambiente preelectoral. Es simplemente la reacción natural y sana del electorado, provocando así una ruptura del consenso y una expedición popular de castigo —y a su vez de las debilidades humanas y de la fragilidad de los hombres ante la demagógica y tiránica utopía como consecuencia de la locura del libre albedrío—. Se hace un llamamiento para que prestemos mayor atención a la sociedad, a nuestros ciudadanos. Estas elecciones son una respuesta, un castigo colectivo, entre otras cosas, por razones que deben ser buscadas en las malas políticas públicas, decisiones y prácticas, la gota persistente de verdades a medias, mitos propagados y declaraciones engañosas, la polarización social y la lucha interna.

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