Jaime Bayly, el famoso presentador que desde Miami ataca a los mamertos y adula a fachos

Este excéntrico peruano que se declara drogadicto, alcohólico y gay es imbatible con sus entrevistas provocadoras en su programa Mega TV donde estuvo Rodolfo

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junio 10, 2022
Jaime Bayly, el famoso presentador que desde Miami ataca a los mamertos y adula a fachos

Jaime Bayly tiene dos pistolas. No sabe ni cómo se disparan, pero tenerlas lo hace sentir más seguro. Hay gente que lo quiere matar. Los primeros en la lista son los chavistas. El peruano recibió cerca de 650 amenazas de muerte por haber dicho, por ejemplo, que Maduro necesita usar un pañal en la boca debido a la “diarrea verbal” que padecía. Él cree que lo van a ir a buscar en cualquier momento en su casa en Miami Beach, ubicada a tres cuadras de Mega TV donde realiza uno de los programas más corrosivos, descaradamente derechistas y políticamente incorrectos de la televisión hispana. Uno de las pocas virtudes que se atribuye Bayly es el de no temerle miedo a nada, ni siquiera a la muerte. Esa valentía la aprendió a golpes, por culpa de su padre quien, como se abuelo, también se llamaba Jaime.

Estaba en una casona en Lima que este escritor mayestático ha descrito tan grande y llena de animales como la Hacienda Napoles de Pablo Escobar. Su papá se tomaba al día dos botellas de brandy. Cada mañana la resaca le hacía fruncir el ceño. Pero una vez amaneció más irritado que nunca. En el tejado de la casa docenas de palomas habían anidado y amanecían gorjeando a la vez. El sonido podía ser arrullador o enloquecedor dependiendo de la ira que guardaras adentro. Así que Don Jaime sacó una escopeta y su hijo, dormido en su cuarto, escuchó las explosiones, una tras otra, repetida y firme. Cuando salió al pato vio, entre la nube de plumas, un reguero de palomas despedazadas. Jaime se sintió en ese momento como una de esas aves. Pensó en que no tenía lugar allí.

Porque era difícil ser el hijo maricón de un hombre de armas tomar en el Perú de la década del sesenta. Era un niño delicado al que le incomodaban hasta las botas que le obligaban a ponerse cuando iba con su papá al monte a cazar venados. Su papá disparaba contra todo lo que se movía y Jaime lo único que quería era encerrarse en su cuarto a seguir leyendo a Balzac. Porque fue un devorador de libros inclemente, un tipo rodeado de toda la música del mundo que tuvo, entre otras desgracias, ser un genio antes de los 20 años.

A esa edad podía hacerlo todo, escribir novela con una crueldad y precisión pasmosa, apoyar, contraviniendo a la intelectualidad marcadamente izquierdista, a un candidato descarnadamente neoliberal como Mario Vargas Llosa contra las propuestas populistas y engañabobos del ingeniero Alberto Fujimori en el Perú de 1990. Desde entonces Bayly se reveló como uno de los más descarnados opinadores políticos del continente.

Bayly cree que a pesar de las amenazas, de la drogadicción “No sé cómo no morí de una sobredosis a los 23 años” y de la obesidad –no le puede decir que no a cualquier cosa que parezca un chocolate- le ha tocado muy fácil y siempre ha sido un hombre feliz. Nunca fue a la guerra, nunca fue pobre “nunca he trabajado porque escribir y aparecer en televisión no es trabajo, es placer”.  Sin embargo nada ha sido fácil para este eterno niño terrible de la televisión latinoamericana.

Desde su aparición en la televisión peruana hace más de treinta años cuando tenía apenas 18 años, Bayly fue un fenómeno por su estilo provocador, capaz de hacerle perder el control a quienes se sentaban en el banquillo del set. A los 21 se ganó la inquina del entonces candidato presidencial, Alan García, por haberle preguntado en un debate presidencial si era cierto que había sido internado en una clínica psiquiátrica. García nunca se lo perdonó y lo persiguió hasta forzar su exilio a Miami. El cubano anticastrista Carlos Alberto Montaner lo rodeó y el peruano fue armando un arraigo que lo puso a volar. Con su pluma ágil terminó la novela No se lo digas a nadie, publicada en 1994 en la que puso en clave autobiográfica al descubierto su homosexualismo. El eco del escándalo sonó en Lima. Bayly fue encontrando su fórmula de éxito y popularidad. Sabía dónde golpeaba. Entró al mundo de la literatura pisando duro no solo por sus sino por su buen tino a la hora descubrir escritores, como ocurrió con el chileno Roberto Bolaño.

El avance de Hugo Chávez con la ola de gobernantes de izquierda en Latinoamericano lo pusieron en pie de guerra. Volteó a mirar a Álvaro Uribe Vélez, entonces una gobernante solitario en el desierto del vecindario y aprovechó su programa en Frecuencia Latina, con el que regresó al Perú, para hacer evidente su admiración. Cuando en junio del 2009 Residente, el cantante de Calle 13, vistió en la presentación de unos premios una camiseta con el mensaje de Álvaro Uribe paramilitar, Bayly fustigó sin ambages al grupo puertorriqueño. Ese año lanzó su estrafalaria campaña prometiendo acabar con el Perú y ser mejor la primera dama y no el presidente. Llegó su novela La lluvia del tiempo, en la que destapó una supuesta hija no reconocida de Alejandro Toledo, el recién elegido presidente, con lo que firmó su segunda boleta de exilio. Desempacó maletas en Bogotá siendo fichado, con jugosos honorarios, por NTN 24 el recién creado canal internacional de RCN dirigido por la periodista Claudia Gurisatti, con quien sus afinidades políticas eran totales.

Sin embargo en Mega TV su influencia política no ha perdido vigencia ni influencia con su programa. La entrevista con Rodolfo Hernández, realizada el pasado jueves 9 de junio, marcó tan interés que por primera vez un canal colombiano, Red Mas, decidió transmitir en directo el encuentro.

Bayly, al borde de los sesenta,  avejentado y gordo, odiado y hermoso, aún  guarda con celo sus armas debajo de la amohada, así no las sepa usar sabe que, con sólo encañonar, podrá asustar a cualquier chavista que venga a matarlo.

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