Opinión

Nosotros aquí y ustedes allá

¿Dónde encajamos en esta locura?

Por:
febrero 05, 2017
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Después de dos semanas en Estados Unidos bajo la presidencia de Trump, se me ocurre que uno de los efectos más importantes que ha tenido en la gente que me rodea y en mí es este constante pensar en dónde encajamos en esta locura. Se me ocurre que no tener que pensar cual es “el lugar de uno” es una forma de privilegio, no sentir que por quien se es hay un límite o una línea que no se puede cruzar. Esos límites eran el espíritu de la segregación acá en Estados Unidos pero también de la exclusión de las mujeres de tantas partes en la historia, pero también en Colombia, pues esas líneas de “no pasar” pueden ser legales, pero también culturales, sociales o de todo tipo. Son las líneas de decirle a un niño que no puede jugar con Barbies, a alguien que tiene la piel más oscura que no puede entrar alguna discoteca o restaurante.

Hace casi diez días, le dijeron a los nacionales de 6 países (incluso si tenían residencia americana) que no podían entrar a Estados Unidos solo por el hecho de ser de ese país. El ban era independiente a si hubieran cumplido todos los requisitos legales (como obtener una visa o residencia) para hacerlo. Conozco gente de Irán, por ejemplo, atrapada acá o atrapada allá en este momento o gente de Siria que tenía listos los papeles para traer a su familia. Tengo amigos, de Nigeria o India, por ejemplo, que llevan en Estados Unidos 18 años, pero aún no son estadounidenses y que temen ser los siguientes. A pesar de que, como dicen ellos, “This is – con todo lo bueno y con todo lo malo - home”. Tengo otros amigos que como yo no somos de acá, pero estamos acá, y muchos que a pesar de ser de países de mayoría musulmana, son profundamente seculares (Turquía, Egipto, Indonesia, Pakistán) y que los sorprende tanto la etiqueta pública “musulmán” como me sorprendería a mi, de repente, la de “peli-café”. La fe – como me dijo mi amiga egipcia – es algo que se termina, y debería terminarse sobre todo a los ojos del estado, en la puerta de mi casa. No debería tener ninguna relevancia, como no la tiene el color de pelo. Siguen ellos (los de los otros países musulmanes) decíamos entre chiste y angustia para ventilar la ansiedad y después seguimos nosotros, los latinos. A todos nos dijeron, de todas formas, que no viajemos fuera del país, vaya y sea que no podamos volver a entrar.

 

A todos nos dijeron, de todas formas,
que no viajemos fuera del país
vaya y sea que no podamos volver a entrar.

 

Entre chiste y saña hubo un leak, aparentemente falso pero vaya uno a saber, en el que efectivamente el ban se extiende a países en los que el gobierno gringo registra presencia de terroristas. Adivinen: Colombia, Venezuela, Egipto, Pakistán. Pensaba, con todo y todo, que en el fondo no pasa nada, estoy en el mejor lugar posible para estar en estos momentos dentro de Estados Unidos (en un estado, en una ciudad y en una institución profundamente liberal) y que, al fin de cuentas, para mi acá, no es necesariamente “home”. Yo soy “International Stundent” y esa categoría, a la que ahora me aferro, todavía es una que me protege y me aleja un poco. Es distinto para mi otra amiga colombiana, que vive acá con su familia hace 10 años y que ya es ciudadana americana pero sus papás no.

 

It’s love, not hate, that’s what makes America great!”
cantábamos en la marcha del sábado pasado,
donde casi todos eran gringos

 

Pero pasan cosas bonitas también. “No fear, no hate, refugees are welcome here!” “It’s love, not hate, that’s what makes America great!” cantábamos en la marcha del sábado pasado, donde casi todos eran gringos y yo, que no he entiendo bien en qué categoría encajo, me sentía un poco incómoda (¿puedo yo protestar contra un presidente que no es el mío?). Un señor (de otra parte, a juzgar por su acento) llevó a su hijo de unos 12 años, gringo (también a juzgar por su falta de acento). Era importante que el niño viera que la marcha estaba repleta, así como es importante para mis amigos que son de acá pero no nacidos acá ver a sus amigos gringos tan confundidos como ellos y pintando carteles, así como era importante para mis amigos gringos ver que a nosotros también nos importa, así como, fue importante para mi que un par de personas me preguntara por whatsapp por el leak de colombianos y me preguntaran si sabía algo, si estaba bien. Mientras escribo esto, escucho en CNN sobre la “normalización de Trump”. Es importante saber que estamos acompañados, ahora pero también siempre, y creo que el problema de normalizarlo (o cualquier injusticia) es dejar solo al que le caiga. Es difícil que no pase, en Colombia nos pasa, nos ha pasado, pero vamos a ver.

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