Dos mujeres le dan la fuerza a Iván Cepeda, el sucesor de Petro que no la tiene fácil con Abelardo de la Espriella

Su esposa Pilar Rueda y su hermana María han estado a su lado en la pelea contra el cáncer, enfrentamientos judiciales y ahora en la carrera hacia la Casa de Nariño

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enero 10, 2026
Dos mujeres le dan la fuerza a Iván Cepeda, el sucesor de Petro que no la tiene fácil con Abelardo de la Espriella

La más reciente encuesta de la firma AtlasIntel para la revista SEMANA movió el tablero político. Según ese sondeo, Abelardo de la Espriella aparece en el primer lugar con el 28 por ciento de la intención de voto; le sigue Iván Cepeda, candidato oficial de la izquierda, con el 26,5 por ciento; y en un distante tercer puesto figura Sergio Fajardo, con el 9,4 por ciento. Más allá de los porcentajes y de la foto del momento, el ascenso de Cepeda vuelve a poner el foco sobre una figura que ha hecho de la política una vocación persistente y, al mismo tiempo, profundamente íntima. Detrás de su trayectoria pública hay dos mujeres que han marcado su vida, no desde el protagonismo, sino desde la constancia silenciosa: su hermana María Cepeda y su esposa, Pilar Rueda.

Para entender a Iván Cepeda es inevitable mirar su historia familiar. La suya no es una biografía construida solo en los pasillos del Congreso o en los debates ideológicos, sino también en la experiencia temprana de la pérdida. En 1981 murió su madre, Yira Castro, cuando Iván y su hermana aún eran jóvenes. En esa casa, antes de la tragedia, la política no era una consigna abstracta: se respiraba en la vida cotidiana, en la defensa de obreros y campesinos, en una militancia que entendía la organización social como una responsabilidad ética. Yira Castro transmitió esa visión a sus hijos junto a su esposo, Manuel Cepeda Vargas, dirigente del Partido Comunista y luego senador de la Unión Patriótica.

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Trece años después, en 1994, la violencia política terminó de marcar a la familia. Manuel Cepeda fue asesinado en medio de la ola de crímenes contra líderes de la Unión Patriótica, justo cuando iniciaba su labor legislativa en el Senado. La muerte del padre consolidó entre los hermanos Iván y a María un vínculo que ha resistido el paso del tiempo y las presiones de la vida pública. Sus caminos tomaron direcciones distintas, pero siempre se han complementado.

Iván optó por continuar la ruta del padre en la política institucional. La lucha parlamentaria, la defensa de los derechos humanos desde el Estado y la búsqueda de verdad y justicia se convirtieron en su horizonte. María, en cambio, se acercó más al legado de su madre, centrado en la defensa de las víctimas y en el trabajo social desde fuera de los focos mediáticos. Ambos compartieron una formación académica en la Universidad de Sofía, en Bulgaria: Iván estudió filosofía y María sociología. Esa experiencia los conectó con una visión internacional, pero nunca los desligó de Colombia ni de las causas que heredaron.

En 1998, los dos hermanos fundaron la Fundación Manuel Cepeda Vargas, una iniciativa pensada para mantener viva la memoria y el pensamiento de su padre. María asumió un papel clave en la proyección internacional de la fundación, con un activismo constante y deliberadamente discreto. Años después, en 2020, Iván y María comparecieron juntos ante la Jurisdicción Especial para la Paz para solicitar su acreditación como víctimas, en un intento por cerrar el paso a la impunidad y reivindicar la verdad sobre el asesinato de su padre. Fue la continuidad de una historia personal que fue atravesada por la violencia política.

En ese mismo territorio marcado por la defensa de las causas sociales apareció Pilar Rueda Jiménez, la otra mujer decisiva en la vida de Cepeda. Antropóloga de la Universidad Nacional, Pilar se formó en medio de debates intensos, asambleas estudiantiles y una época en la que la inconformidad era una forma de identidad. Durante esos años se acercó, Rueda se acercó al M-19, no por la vocación armado sino por la afinidad con las ideas de cambio que profesaba aquella guerrilla. Con el tiempo, su ruta fue tomando otro rumbo: eligió profundizar en la academia y llevar esas inquietudes al terreno institucional. Ese tránsito la llevó a Estados Unidos, al Centro de Estudios Internacionales de la Universidad de Notre Dame, donde afinó su mirada sobre los derechos humanos y convirtió la reflexión en una herramienta concreta de trabajo.

En ese proceso coincidió con Gustavo Gallón, abogado y fundador de la Comisión Colombiana de Juristas, hoy embajador de Colombia ante Naciones Unidas en Ginebra, con quien estuvo casada antes de iniciar su relación con Cepeda. Pilar y Iván se casaron en 2012, cuando él era representante a la Cámara. Desde entonces, ella lo ha acompañado en su tránsito al Senado y en uno de los momentos más exigentes de su carrera: el proceso de paz con las Farc durante el gobierno de Juan Manuel Santos.

Mientras Iván participaba desde la Comisión de Paz del Senado, Pilar trabajó como asesora en el enfoque de género del Acuerdo de Paz. Durante los cuatro años de negociación, su labor se concentró en garantizar que la voz de las víctimas y la perspectiva de género tuvieran un lugar en el texto final. Ese trabajo fue financiado por la Organización Internacional para las Migraciones, vinculada a Naciones Unidas, y luego tuvo continuidad en la Jurisdicción Especial para la Paz. Desde 2018, Pilar hace parte de la Unidad de Investigación y Acusación, donde trabaja junto a un equipo de fiscales en casos relacionados con el conflicto armado.

Cuando el acuerdo con las Farc ya era una realidad, la vida personal de la pareja enfrentó una prueba inesperada. En diciembre de 2017, Iván Cepeda fue diagnosticado con un cáncer de colon. La enfermedad, que parecía superada, regresó años después con un tumor maligno en el hígado. Fueron tiempos de tratamientos intensos, ausencias intermitentes del Congreso y una batalla que se libró sin discursos ni dramatismos públicos. En ese periodo, la presencia de Pilar y de María se volvió central.

Esa misma actitud se mantuvo en la reciente campaña que llevó a Cepeda a convertirse en el candidato presidencial del Pacto Histórico. No hubo protagonismo personal ni grandes apariciones públicas por parte de ellas. Cepeda, conocido por su vida privada reservada y su distancia de los rituales sociales de la política, ha encontrado en su esposa y en su hermana un equilibrio que le permite sostener el ritmo de la vida pública sin exponerse más de lo necesario.

Hoy, mientras las encuestas lo ubican como una de las principales figuras en la carrera presidencial, para suceder a Gustavo Petro en agosto de 2026, Iván Cepeda sigue apoyándose en sus dos pilares. En un ambiente político atravesado por el choque constante y la mirada pública sin descanso, su papel deja claro que la fuerza de un líder no siempre se refleja en encuestas ni en cifras, sino en los vínculos cercanos que lo mantienen en pie cuando el ruido se apaga.

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