Los dos jóvenes emprendedores paisas que hace 12 años empezaron con una pequeña empresa a producir barras de chocolates finos, no imaginaban que el crecimiento de Lök Foods sería tan acelerado ni que, en pocos años, su chocolate terminaría abriéndose paso en uno de los mercados más exigentes del planeta. Cuando Carolina Angulo y Alberto Henao fundaron la empresa, lo que tenían claro era que para marcar diferencia tendrían que hacer un producto de alta calidad y que además tuviera un impacto social real. Apenas cuatro años después de haber sido fundada en 2014 lograron poner sus chocolates finos ocho países y hoy han logrado entrar al mercado chino, un destino que durante 2024 se consolidó como el más relevante para las exportaciones colombianas en Asia.
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Lök Foods es uno de esos nuevos nombres. Su modelo se sostiene sobre una relación directa con cerca de 1.500 familias cacaoteras de Arauca, muchas de ellas campesinos que decidieron sustituir cultivos ilícitos por cacao de alta calidad. La empresa compra el grano a precios justos y lo transforma en chocolate premium con estándares internacionales, lo que le ha permitido competir en mercados sofisticados. Esa historia de origen, sumada a la calidad del producto, se convirtió en una ventaja para acercarse a compradores chinos interesados en alimentos con valor agregado y trazabilidad clara. La llegada a Asia no fue un salto improvisado, sino el resultado de alianzas comerciales y de un trabajo constante de posicionamiento internacional.
El aterrizaje de Lök Foods en China no es un caso aislado. Forma parte de un movimiento más amplio de empresas colombianas que han entendido que el mercado chino, liderado desde hace 14 años por el presidente Xi Jinping, exige escala, cumplimiento riguroso de normas y una narrativa clara sobre el origen de los productos. En ese proceso ha sido clave el trabajo conjunto entre empresarios colombianos, compañías chinas interesadas en importar y las instituciones que han servido de puente. La Embajada de China en Colombia, encabezada por Zhu Jingyang, junto con la Cámara Colombo-China, ha acompañado la construcción de relaciones comerciales que hoy se traducen en negocios concretos.

Otro de los sectores donde esa diversificación es visible es el de la floricultura. Prime Flowers, una comercializadora de capital colombiano fundada en 2015, logró posicionarse en un mercado altamente competitivo gracias a la calidad y durabilidad de sus flores. Desde su oficina en Guangzhou, la empresa distribuye rosas y flores frescas provenientes de más de 30 cultivos de Colombia y Ecuador en 12 ciudades chinas. La vida en florero y la presentación de sus productos le han permitido competir favorablemente con proveedores locales. A partir de su base en China, Prime Flowers amplió su radio de acción hacia otros mercados del sudeste asiático, como Vietnam, Malasia, Singapur, Hong Kong e Indonesia, consolidando una red regional que tiene a China como eje.
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La presencia de Prime Flowers muestra cómo empresas relativamente jóvenes pueden adaptarse a las exigencias logísticas y sanitarias del mercado chino, al tiempo que aprovechan la reputación internacional de Colombia como productor de flores de alta calidad. Detrás de ese crecimiento hay una combinación de conocimiento del mercado, presencia física en territorio chino y relaciones comerciales estables, factores que hoy se repiten en otros sectores.
En la industria manufacturera, Colcerámica representa a un jugador con mayor trayectoria que también ha sabido leer el momento. La empresa, parte de la Organización Corona y propiedad de los descendientes de la familia Echavarría Olozaga, ha logrado exportar productos cerámicos como sanitarios y grifería al mercado asiático. La adaptación a las estrictas normas de calidad chinas fue un proceso largo, pero necesario para competir en un entorno donde los estándares técnicos son elevados y la competencia es intensa. Ese esfuerzo se inscribe en una estrategia más amplia de internacionalización de manufacturas colombianas, que buscan dejar de depender exclusivamente de los mercados tradicionales.
A estos nombres se suman empresas que ya habían abierto camino. El café, por ejemplo, se convirtió en el cuarto producto de exportación más importante de Colombia hacia China. La Federación Nacional de Cafeteros lidera los envíos de café verde de alta calidad, mientras que marcas como Juan Valdez han ganado espacio con café procesado a través de plataformas digitales como T-Mall, JD.com, Dewu y TikTok. Colcafé, del Grupo Nutresa, ha fortalecido esa presencia con café soluble y granulado, apoyándose en su planta en Malasia y en su oficina en Shanghái para abastecer no solo a China, sino también a Japón y Corea del Sur con café, té y chocolates.
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Ese 2024 marcó un punto de inflexión para los empresarios colombianos con presencia en Asia. China concentró el 26,2 % del total de las exportaciones nacionales hacia aquella región, superando con holgura a Japón, que representó el 16,6 %, y a Corea del Sur, con el 15,3 %. Aunque el grueso de los envíos sigue estando dominado por la canasta minero-energética, que explica cerca del 78 % de lo que Colombia vende al gigante asiático, el avance de productos agrícolas, agroindustriales y manufacturados muestra un cambio de ritmo y de ambición. En ese escenario, nuevas empresas colombianas comenzaron a ocupar un lugar que hasta hace pocos años parecía reservado solo para grandes jugadores.
El panorama que dejó 2024 muestra un mercado chino cada vez más relevante y, al mismo tiempo, más diverso para Colombia. Al cierre de 2025, productos como el aguacate Hass, el guacamole, el limón y la carne bovina superaron los USD 121,5 millones en exportaciones, confirmando que la oferta colombiana se está sofisticando. En ese contexto, la llegada de empresas como Lök Foods, Prime Flowers y Colcerámica no solo amplía el portafolio de productos colombianos en China, sino que evidencia una transformación en la forma de hacer negocios: más alianzas, más valor agregado y una apuesta clara por competir en uno de los mercados más grandes y complejos del mundo.
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