¿Dónde quedó el compromiso de Daniel Quintero con los acuerdos?

A pesar de que fue promotor del sí, ahora, como alcalde, parece haber olvidado lo que tanto defendía... ¿a qué se debe la desfinanciación de la paz en Medellín?

Por: Fredy Alexánder Chaverra Colorado
mayo 21, 2020
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¿Dónde quedó el compromiso de Daniel Quintero con los acuerdos?
Foto: Twitter @QuinteroCalle

Cada vez se torna más evidente que en Daniel Quintero hay dos perfiles: el Quintero activista y el Quintero político.

El primero se formó en una propuesta política irreverente, cotidiana y simbólica que buscó interesar a los ciudadanos en los asuntos públicos. Desde el movimiento del Tomate, el Quintero activista emergió como un perfil inteligente y estratégico en la forma de comunicar. Sin embargo, tras su fracaso en la intención de convertir a Tomate en un partido político y así participar en elecciones, el Quintero de las “tomatinas” fue transformando su perfil para ajustarlo con milimétrica precisión a las lógicas y formas de la política más tradicional.

En 2014 con la intención de llegar a la Cámara de Representantes (por Bogotá) se matriculó en el Partido Liberal por el ala de César Gaviria y creció bajo la tutela del senador Iván Darío Agudelo (antiguo socio del grupo político de la Universidad de Medellín). Ubicado en uno de los sectores más tradicionales del liberalismo, el activista se convirtió en político y logró conjugar en un perfil híbrido la habilidad de presentarse ante la ciudadanía como un independiente “sin partidos o jefes políticos” y la sagacidad para tejer alianzas, acuerdos y compromisos con los sectores más tradicionales de la clase política, especialmente del Partido Liberal.

Fue en representación del Partido Liberal que el Quintero político, tras el nombramiento de César Gaviria como coordinador nacional de la campaña por el sí, recorrió Medellín hablando del acuerdo e invitando a votar por el sí. Allí se volvió a conocer su faceta de activista, ya que con actividades simbólicas promovió la votación favorable al acuerdo en una ciudad gobernada por un alcalde que nunca se mostró muy cercano al proceso de paz. Sin lugar a dudas, Medellín fue una plaza hostil para los promotores del sí porque el uribismo logró posicionar en la ciudad una narrativa opositora muy efectiva a todo lo relacionado con la paz.

No dudo que Daniel realizó con mucho empeño esa tarea y sin importar el enorme costo político que suponía hablar de ese acuerdo en la Medellín de Fico no descansó hasta que se llegó el día las elecciones. En el activista no se cuestionaba su compromiso con la salida negociada al conflicto, la reincorporación de los exguerrilleros y con un acuerdo que estudio muy bien y del que habló en cientos de lugares. Ese compromiso lo refrendó al asumir la coordinación de la campaña presidencial de Humberto de la Calle, que en esencia basó todo su programa en una premisa, defensa del acuerdo y la paz.

Dejando de lado su faceta de activista y convertido en alcalde, se podría pensar que ese compromiso que en otros tiempos manifestó con el acuerdo de paz sería importante en su visión de ciudad. Nada más alejado de la realidad. Al revisar los diagnósticos, programas e indicadores del anteproyecto del plan de desarrollo de la Medellín Futuro no se encuentra la más mínima referencia al acuerdo de paz o al proceso de reincorporación de los exguerrilleros (entre otros componentes del acuerdo). Ahora, para el Quintero político, la paz solo es un apellido de gobernabilidad y un apéndice de su visión de seguridad y convivencia.

Al punto que una supuesta gerencia de paz que prometió crear y en cuyo diseño trabajó la exconcejal y activista social Luz María Munera (a quien se le retiró el nombramiento por cuestionar públicamente el ingreso del Esmad a la UdeA), parece que fue desmontada porque no figura en ningún lado del plan al igual que un presupuesto autónomo para la paz. Antes, el presupuesto para el Museo Casa de la Memoria resulta siendo inferior al asignado en alcaldías anteriores. Tampoco se menciona o promueve el Concejo Municipal de Paz y los indicadores presentados distan mucho de lo propuesto en el plan de gobierno y poco se articulan con el componente de paz del programa de desarrollo Unidos del gobernador Aníbal Gaviria.

Todo esto lleva a preguntar: ¿dónde quedó el compromiso de Quintero con el acuerdo de paz?, ¿por qué la gerencia de paz no figura en el plan de desarrollo?, ¿a qué se debe la desfinanciación de la paz en Medellín?, ¿qué pasará con la paz en la ciudad? Cuestiones que ni el mismo plan de desarrollo de la Medellín Futuro le interesa responder.

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