Dios cuida a sus borrachitos...

"No es tiempo de celebraciones ni de triunfalismos, pero estoy seguro de que Colombia por gracia divina tomó un rumbo que le evitó caer directamente al abismo"

Por: Dario Hidalgo
mayo 12, 2020
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Dios cuida a sus borrachitos...
Foto: Leonel Cordero

Sorprende de forma grata el comportamiento de los colombianos frente a la pandemia. Contra todo pronóstico la mayoría de la gente ha acatado las medidas de confinamiento. Casi todos los gobernantes han estado a la altura. Obvio, no faltan las ovejas negras que aprovechan la ocasión para hacer su agosto, pero en general los colombianos han evolucionado su comportamiento sin necesidad de que primero nos castigue el coronavirus.

Estamos en las primeras etapas de propagación, pero a diferencia de nuestros vecinos, por ahora salimos bien librados. En Ecuador, por ejemplo, su sistema sanitario está colapsado y tienen tal caos que ni siquiera saben cuántos muertos ha causado el coronavirus, pero se estima que son más de seis mil.

Por su parte, los gigantes de América, Brasil y Estados Unidos, a pesar de su poder económico, no dan pie con bola y no ceden en su empeño prepotente de mantener el consumismo así hiedan a cadáver, confiados en que los primeros muertos fueron en su mayoría ciudadanos que ellos consideran de segunda categoría. Lógicamente falta mucho trecho y estamos apenas en los primeros minutos de este partido, no se puede cantar victoria.

Si se analiza individualmente a Colombia se verá que hay muchísimos aspectos por mejorar, corrupción, demoras, violación de las medidas de confinamiento, médicos trabajando en condiciones deplorables; pero si comparamos con otros países, lo hemos hecho mejor que ellos y por eso nos está yendo de otro modo.

Recientemente entramos a una nueva etapa, si nos relajamos seguiremos la senda de Estados Unidos con decenas de miles de muertos en cuestión de tres semanas, si nos mantenemos, la curva seguirá su tendencia actual.

Afortunadamente, esta crisis llegó en un momento en que la oposición se encontraba fortalecida y las voces críticas tienen peso en el ambiente nacional. De lo contrario, estaríamos a merced de las mentes enfermas de la extrema derecha que se creen inmunes al coronavirus.

La presión social y la indignación han sido fundamentales, al principio se quería desconocer la gravedad de la pandemia. Pero en el momento oportuno, como si se alinearan la luna y el sol, cuando el gobierno se prestaba a desautorizar las medidas de confinamiento decretadas por los gobiernos locales, los jefes políticos de la oposición y del partido de gobierno sintonizaron en la necesidad de decretar una cuarentena obligatoria.

Si Petro no hubiera insistido en reabrir el San Juan de Dios, Claudia López aun pensaría en que el coronavirus es una “gripita”, como afirmó hace unas semanas. Las palabras de Petro la retaron y los resultados se ven a leguas, el liderazgo de la alcaldesa ha sido inocultable, en tiempo récord puso en funcionamiento un nuevo hospital. Además, la cantaleta de Petro y de Claudia López finalmente caló en el gobierno y se cerraron los vuelos internacionales, algo tarde pero tampoco demasiado.

Así mismo, cuando los periodistas independientes pegaron el grito en el cielo cuando se conocieron sobrecostos en la contratación de ayudas, los politiqueros tuvieron que recular. Los políticos corruptos quieren aprovechar las ayudas para continuar en su raponeria; algunos desadaptados continúan con las rumbas y reuniones; las ayudas no se reparten en todos los lugares; el personal médico trabaja sin elementos de seguridad y los beneficios financieros son para los mismos de siempre, pero la indignación social crece y el nivel de tolerancia de los ciudadanos se reduce en tiempos de pandemia por lo que a los avivatos les queda más difícil salirse con la suya.

Además es notorio que Duque se salió de las enaguas de Uribe y actúa independientemente, antes no daba un paso sin consultarle; y Uribe, más preocupado por sus investigaciones y escándalos, si acaso le paraba bolas. Ahora, en cambio, se lo nota bien asesorado y toma medidas tempranas como la suspensión de clases presenciales que le quitaron al virus una autopista de propagación.

Hay muertos, gente enferma y otra desesperada porque mañana no sabe qué comerán sus hijos. Los grandes problemas que tenía el país antes del COVID-19 no han desaparecido, los líderes sociales siguen siendo asesinados, corrupción, narcotráfico y violencia. No es tiempo de celebraciones ni de triunfalismos, pero estoy seguro de que Colombia por gracia divina tomó un rumbo que le evitó caer directamente al abismo. Dios cuida a sus borrachitos.

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