Opinión

Diferencia, ¡cuál diferencia!

Que no se engañen los países europeos: los terroristas de aquí son tan terroristas como los de allá

Por:
noviembre 17, 2015
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Desde el viernes por la noche, en las redes sociales, muchos se han roto las vestiduras y entraron en furia cuando en Twitter se hicieron símiles entre la tragedia que vive Francia por culpa de los terroristas del Estado Islámico y las acciones de las organizaciones terroristas de Colombia.

Minimizar la barbarie de las Farc en el país, por el hecho de que al parecer está cerca de sellar un proceso de paz con el gobierno, es como tratar de tapar el sol con los dedos. Que sea lea bien y claro: las Farc han hecho en Colombia cosas iguales o peores que las que hizo el Estado Islámico en París la semana pasada.

Un primer ejemplo se remonta al 7 de febrero de 2003. Ese día las Farc hicieron explotar un carro bomba en el Club El Nogal de Bogotá. El artefacto explosivo fue armado con 150 kilos de anfo en el taller de un tal Alipio Murillo, en la localidad bogotana de Suba.

Los encargados de ingresar el vehículo al club fueron el profesor de squash John Fredy Arellán y su tío Oswaldo Arellán, quienes, al mejor estilo del Estado Islámico, se inmolaron o fueron inmolados por sus compañeros guerrilleros en el interior de El Nogal. O no quisieron salir o no se les permitió hacerlo. Eso tal vez poco importa, al menos desde la óptica de las Farc.

Las Farc han hecho en Colombia
cosas iguales o peores
que las que hizo el Estado Islámico en París

El saldo trágico: 36 muertos y 158 heridos. Ese día Colombia la sacó barata porque el objetivo de la guerrilla era matar a todas las personas que se encontraban en el club, como lo pretendió el Estado Islámico en el teatro Le Bataclan de la capital francesa. Entonces, ¿es odioso comparar el atentado a El Nogal con lo que acaba de suceder en París? Para nada, no hay diferencia. Ambos fueron actos terroristas.

Tres años después —febrero de 2006—, también guerrilleros de las Farc, se percataron de que los concejales del municipio de Rivera, en el Huila, iban a sesionar en un estadero ubicado cerca del pueblo.

Pues bien, el grupo terrorista contactó a uno de sus guerrilleros que también era concejal de Rivera y este les aviso el momento preciso en que podían dar el golpe. De pronto un grupo de hombres armados —al estilo Estado Islámico— irrumpió en el establecimiento y masacró a diez políticos del remoto poblado. ¿Es odioso comparar lo de Rivera con lo que acaba de suceder en París? Para nada, no hay diferencia. Ambos fueron actos terroristas.

Sigamos repasando la historia: 2 de mayo de 2002. Ese día las Farc y un grupo de paramilitares se "enfrentaron" en el empobrecido municipio de Bojayá, en el Chocó. Las dos bandas terroristas hicieron que la población civil tuviera que refugiarse en la iglesia del pueblo. Allá cayó un cilindro bomba que les causó la muerte a unas cien personas, muchas de ellas niños, mujeres y ancianos. ¿Es odioso comparar lo de Bojayá con lo que acaba de suceder en París? Para nada, no hay diferencia. Ambos fueron actos terroristas.

Y como si todo lo anterior fuera poco, en abril de 2002 las Farc asaltaron a sangre y fuego la sede de la Asamblea de Valle del Cauca, en Cali, y secuestraron a 12 diputados. Cinco años después el grupo guerrillero anunció que en "confusos hechos" murieron 11 de los 12 políticos secuestrados. Los "confusos hechos", en realidad, obedecieron a una masacre perpetrada por ellos, quienes tenían orden expresa del llamado secretariado de dar muerte a sus rehenes si eventualmente la fuerza pública intentaba rescatarlos. ¿Es odioso entonces comparar lo de los diputados del Valle con lo que acaba de suceder en París? Para nada, no hay diferencia. Ambos fueron actos terroristas.

Y del ELN —también con ganas dizque de iniciar formalmente un proceso de paz— ni hablemos. Con el acto terrorista que perpetró el 18 de octubre de 1998 en Machuca (municipio antioqueño de Segovia) quedó retratado de cuerpo entero su estilo.

En esa oportunidad sus guerrilleros instalaron un artefacto explosivo sobre un tubo conductor de petróleo que, según providencia de la Corte Suprema de Justicia, "produjo la descomunal conflagración que en minutos arrasó con buena parte de las viviendas y produjo una tragedia humana de incalculables proporciones: casi un centenar de muertos —entre niños, adultos y ancianos— y graves heridas por quemaduras a un número de aproximadamente treinta personas". ¿Es odioso comparar lo de Machuca cometido por los 'elenos' con lo que acaba de suceder en París? Para nada, no hay diferencia. Ambos fueron actos terroristas.

Entonces, en síntesis, que nadie en Colombia se ofenda porque se compare al Estado Islámico con las Farc, el ELN o los paramilitares, que, dicho sea de paso, han cometido y siguen cometiendo unos actos terroristas que el cielo no perdona.

Que no se engañen los países europeos: los terroristas de aquí son tan terroristas como los de allá.

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