Opinión

Después del 2/10: ¿Paz con desempleo juvenil?

La incógnita a largo plazo es qué tan alcanzable es la paz con millones de jóvenes desempleados y subempleados y sin que el problema esté en la agenda de prioridades del posconflicto

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septiembre 09, 2016
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Para mi está claro el voto en el plebiscito del 2 de octubre: ¡Sí! Sé que los equipos que realizaron las negociaciones han hecho el mejor acuerdo posible y deposito, lleno de confianza, mi voto.

Más de cinco décadas de muertes violentas, desapariciones, millones de desplazados, miles de militares y policías muertos, heridos y lisiados, reclutamiento forzado de menores, deben quedar atrás de una vez por todas.

Estoy seguro de que el Sí ganará, aunque no sé si será por goleada o por ventaja magra, caso en el cual la descalificación y el intento de desligitimar el resultado serán mayores. En cualquier caso, vendrá un período en el que se pondrán en práctica los puntos del acuerdo que se relacionan directamente con los miembros de las ex – Farc, incluyendo los temas de la dejación de las armas, justicia, participación en política, entre otros.

Sin embargo, más allá del tema de la integración a la sociedad de la antigua guerrilla y de la justa celebración por los acuerdos, los problemas de fondo de la sociedad colombiana volverán a estar a la luz del día. Uno de ellos, dramático, de graves consecuencias presentes y futuras, es el del desempleo juvenil, que afecta, sin contemplaciones, a jóvenes de todas las regiones del país, con distintos niveles de escolaridad.

Vista a largo plazo, ¿qué tan alcanzable es la paz con jóvenes desempleados y subempleados en las dimensiones colombianas?

Para comenzar, los jóvenes (entre 14 y 28 años) son los más afectados por el desempleo.  Aunque no es un drama exclusivamente colombiano, el cuento es que, a pesar de que, a lo largo del siglo XXI, la economía colombiana ha sido una de las de mostrar en términos de crecimiento en la región, el desempleo de los jóvenes es aterrador.

Quienes minimizan la situación suelen referirse al caso de algunos países europeos. La comparación con España es la más frecuente. Sin embargo, no vale. Es cierto que allá se han presentado tasas superiores al 50% de desempleo entre los jóvenes y que, como acá, el desempleo juvenil duplica la tasa general. No obstante, hay que recordar que España fue uno de los países damnificados de la crisis financiera del 2008, reforzada con la de deuda soberana y que su economía, por años, creció negativamente. Nada que ver, entonces, con los datos macro de la colombiana.

Cifras más cifras menos, lo que ha pasado en los primeros quince años y pico del siglo XXI es que la tasa de desempleo abierto en Colombia ha sido de alrededor del 10 %. La de los jóvenes es cercana al 18 %. Y, para rematar, la de las mujeres jóvenes es superior al 20 %.

 

De los 8 millones de jóvenes en la fuerza laboral (14 a 28 años)
1,3 millones están desempleados
y varios millones subempleados

 

La población económicamente activa, equivalente a la fuerza laboral, está conformada en Colombia por, más o menos, 24 millones de personas que, o tienen empleo o están buscándolo. De esa cifra, la tercera parte son jóvenes (14 a 28 años) y de ellos unos 1,3 millones están desempleados y varios millones subempleados.

Fuera de las consecuencias para la sociedad de no utilizar productivamente el trabajo de la población joven, están los dramas personales de frustración de centenares de miles, incluyendo una fracción de aquellos que, diligentemente, han hecho la tarea de estudiar en una universidad, graduarse, hacer diplomados, especializaciones y magísteres…. para nada. La construcción de una hoja de vida laboral se ha convertido, para muchos, en misión imposible.  Llegar a los 35 sin experiencia laboral es un prospecto de miedo para jóvenes que carecen de oportunidades laborales.

Encontrar una solución no es fácil.  Algunos se refieren, con razón, a la desconexión entre la formación que otorga el sistema educativo y los requisitos del mundo laboral. Tan importante es, también, el hecho de que el aparato productivo colombiano formal no crea empleo para los jóvenes. No es mucho el empleo nuevo que se puede esperar cuando el 80% del valor exportable del país ha provenido en lo que va del siglo de petróleo y algunos derivados, carbón, níquel, banano, café, oro... Estructura poco afín a la que correspondería a las modernas economías del conocimiento, es decir, aquellas que construyen su riqueza a partir del trabajo de jóvenes educados con calidad.

Más grave, sin embargo, es que la problemática no esté en la agenda de prioridades, particularmente en las narrativas que se están construyendo bajo la sombrilla del “posconflicto”, tanto en los ámbitos gubernamentales como los legislativos y, también en contextos empresariales y de la sociedad civil.

Aprovechar el talento y la creatividad de los jóvenes, insertarse en la economía del conocimiento, alentar proyectos productivos liderados por ellos en ciudades y campo, potenciar el uso de las tecnologías de la información para aplicar novedosos modelos de negocios, apropiarse de las competencias del siglo XXI, son requisitos para una sociedad en paz moderna.

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