Con Juan Daniel Oviedo como fórmula y un discurso de unidad, Paloma Valencia escala en las encuestas y se perfila como la rival de Iván Cepeda en segunda vuelta

 - Después de que nadie daba un peso por Paloma Valencia, ahora es una fuerte candidata por la Presidencia

“Y la paloma voló como mostrando el camino”. Quién lo hubiera creído: aquel fragmento de la composición de Octavio Daza, titulado Figuras de amor e interpretado por Jorge Oñate en 1992, terminaría convirtiéndose —34 años después— en una especie de premonición política.

Hoy ya sabemos hacia dónde voló esa paloma. Alzó vuelo alto, sorteó tempestades y terminó posándose en el escenario más ambicioso: la Presidencia de la República. Contra todo pronóstico, Paloma Valencia se ha consolidado como la candidata de mayor crecimiento y posicionamiento en la contienda, tras imponerse en la gran consulta y sellar una fórmula que ha dado de qué hablar con Juan Daniel Oviedo como vicepresidente.

Antes del 8 de marzo, la candidata del Centro Democrático apenas rozaba el 5 % en intención de voto. Hoy, según la más reciente medición de CELAG, se ubica en el segundo lugar con un 21,1 %, una cifra que no solo sorprende, sino que confirma una tendencia ascendente. La paloma sigue volando con fuerza. Y no es casualidad. Su crecimiento responde a una estrategia clara: capturar el voto de centro y de centroderecha. En ese vuelo han sido determinantes figuras como Carlos Fernando Galán y Enrique Peñalosa, además de otros aliados que han contribuido a darle impulso a una candidatura que, hasta hace poco, parecía marginal.

Las encuestas lo empiezan a confirmar: hay una reconfiguración del mapa político. Y en ese nuevo tablero, la figura de Oviedo juega un papel clave, aportando equilibrio, técnica y conexión con sectores menos ideologizados. Todo apunta a que Paloma Valencia llegará a una segunda vuelta frente a Iván Cepeda. Y en ese escenario, no sería descabellado pensar en su victoria. Ha logrado construir un discurso menos confrontacional, más orientado a la unidad y con una narrativa que busca desmarcarse de la polarización que hoy fractura al país.

Esa capacidad de cohesión, sumada a una estrategia política efectiva, podría ser el viento que termine de impulsar a la paloma hasta su destino final: la Casa de Nariño.

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