Desde el Rincón Latino el Cura Hoyos intenta seguir pesando en Barranquilla

A sus 79 años y desde el barrio el Rebolo el ex alcalde sigue dando señales políticas. Ya advirtió que no votará por los candidatos de la Casa Char ¿Qué tanto importa?

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julio 14, 2019
Desde el Rincón Latino el Cura Hoyos intenta seguir pesando en Barranquilla

En la mañana del pasado domingo 30 de junio una multitud se congregó en el estadero el Rincón Latino en el barrio Rebolo de Barranquilla, desde donde el Cura Bernardo Hoyos logró llegar a la alcaldía en 1992 y repitió con 300 mil votos en 1997. Un  lugar que nació para escuchar música salsa y bailar pero que terminó convertido en un hervidero político que se ha mantenido activo incluso durante los periodos de ausencia carcelaria del cura Hoyos. Esperaban a Jesús Santrich, pero este nunca llegó.

Aunque a sus 79 años el cura Hoyos no está en actividad política, sigue siendo una figura que pesa en los sectores populares barranquilleros y nunca falta a su discurso de los domingos en barrio Revolo. El último fue para aclarar que no liderará movimiento político electoral pero sí está claro en que no votaría ni por Jaime Pumarejo para la Alcaldía ni por Elsa Noguera para la Gobernación, los candidatos de la Casa Char.

Hace 20 años era el hombre más popular de Barranquilla que en su momento logró el apoyo de figuras tan queridas en el Caribe como Diomedes Díaz y Joe Arroyo para prender la fiesta. El plato fuerte, sin embargo, sería el monólogo final del cura despotricando contra los políticos locales y el poder establecido. Sin embargo, esa tarde sus seguidores constataron que había cambiado. A diferencia del modelo 92, en donde arrasó sin atenuantes al prestigioso político y exministro Carlos Rodado Noriega con una alianza cívica sostenida por el M-19, esta vez su discurso se había atenuado. Además, estaba acompañado en la tarima de uno de los blancos de sus continuos ataques: José Name Terán. La estrategia funcionó, Bernardo Hoyos le ganó con holgura la alcaldía al médico Humberto Caiaffa. Su reelección se le debió entre otras razones a la solución de agua potable y cobertura de servicios públicos que logró con la llegada de la empresa mixta de la Triple A.

El sacerdote salesiano Bernardo Hoyos llegó a Barranquilla en 1984 a fundar la Universidad a Distancia del Sur. Pronto, la vocación de ayudar al otro le ganó a sus ínfulas académicas. Sus encendidas homilías en la zona popular de Don Bosco se empezaron a hacer conocidas en toda la ciudad. No obstante, todo el poder que tenía este pereirano quedó patentado cuando decidió rescatar la calle 17, la conocida zona negra de Barranquilla.

Antes de 1985, esta era una zona deprimida en donde confluían las aguas negras del sur y del norte. Las ratas y la basura se disputaban el caño La Ahuyama, el lugar a donde iba a parar toda esa porquería. Los perros flacos y los niños barrigones y enfermos formaban parte del paisaje. En seis años de habitar la zona el cura logró cambios visibles. Organizó marchas, recolectas, tocó todas las puertas que pudo. En 300 metros cuadrados creó una cancha de fútbol, un centro comunitario, un sitio de reunión para las asambleas semanales de los dirigentes comunales.

Además, en lo que era un lodazal infecto, Hoyos creó una policlínica y uno de los bailaderos de salsa más conocidos de Barranquilla: el Rincón Latino. En la zona negra Bernardo Hoyos se convirtió en un ídolo que volvió un destino obligado de políticos e incluso líderes empresariales de la ciudad. Para hablar con el influyente cura había que llegar hasta la llamada zona negra, con su pasado marginal e incluso peligroso.

Luego de que los salesianos le impidieran ser Secretario Departamental del Atlántico en la gobernación de Arnold Gómez Mendoza, Hoyos empezó a desmarcarse de la iglesia. Desde el Rincón Latino convocó a sus misas desprovisto de imágenes de santos, descolgando la cruz de la pared y poniéndola en el piso, al alcance de sus feligreses. Sus sermones, que llegaron a ser emitidos por Telecaribe, paralizaban la ciudad. Raras veces citaba la biblia o seguía el derrotero de una misa común y corriente. No. Lo que hacía era denunciar corrupción, privilegios y malversación de fondos.

Después de la misa comenzaba la rumba. En ese lugar, entre tragos de ron y canciones de Héctor Lavoe, la plana política del país a principios de los 90 montaba estrategias y alianzas. Era común ver a Ernesto Samper, Roberto Gerlein, Eduardo Verano, Gustavo Bell, Navarro Wolf y uno de los aventajados discípulos del Cura Hoyos, Hoenigsber Bonacelly conversando, fumando y bailando.

En su primera alcaldía todo fueron luces. En la segunda, en 1998, vendrían los problemas que lo mandaron a la cárcel. Al cura no solo se le cuestiona por haber ampliado 20 años el contrato con Aguas de Barcelona, una decisión mediada por $ 13.000 millones. En el año 2007, la Fiscalía lo llamó a juicio, junto a su sucesor en el 2001, Hoenigsberg, por los gastos injustificados en la alcaldía —$ 7.000 millones —.

Como si fuera poco, las denuncias llegaron con una carga de profundidad adicional para su pupilo Hoenisberg, quien fue señalado de haber recibido aporte económico de los paramilitares de Jorge 40 para las elecciones del 2003. Hoenisnberg había sido tesorero en la primera alcaldía y secretario de Hacienda en la segunda, su hombre de confianza en temas de dinero.

Sus malos pasos recibieron su castigo. El 27 de octubre del 2006, un fiscal de la Unidad de Vida lo acusó como presunto responsable de los delitos de injuria y calumnia por sus comentarios desobligantes. La situación se complicaría aún más cuando, un año después fue capturado por el DAS por el delito de “Peculado a favor de terceros” y “Celebración de contratos”. Aunque logró que le concedieran casa por cárcel. Estuvo cuatro años sin libertad por una grave actuación en su segunda alcaldía que le costó a la ciudad $ 4.900 millones. El cura Hoyos autorizó la compra de un terreno llamado El Vesubio para construir una urbanización para familias desplazadas, pero las obras nunca se entregaron a pesar de que el dinero fue desembolsado a la constructora Fondisocial que terminó absuelta.

El Rincón Latino se convirtió en un lugar obligado de políticos y dirigentes para tomarle el pulso a la ciudad y los  domingos, como si se tratara de una homilía el Cura Hoyos los aprovecha para dar declaraciones políticas como la del pasado domingo en la que le bajó el pulgar a los candidatos de Alejandro Char, solo que esta vez muy posiblemente no tendrá ningún efecto en los resultados de octubre que muestran a la casa Char inatajable.

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