Opinión

Desde el paisaje de Gustavo Zalamea

Bogotá, la Plaza de Bolívar y sus símbolos

Por:
enero 28, 2017
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El tema de la cuidad en la obra de arte la plantea desde múltiples puntos de vista pero sin duda la Plaza de Bolívar es uno de sus lugares cuando Zalamea piensa en términos sociales y políticos. En éste territorio, Zalamea hace una investigación plástica sobre los acontecimientos de su realidad. Es el lugar donde suceden las catástrofes. Aldo Rossi en su ensayo sobre la “Arquitectura de las ciudades” anota: ”La ciudad y la región se convierten en una cosa humana porque son un inmenso depósito de fatigas. Son obras de las manos, pero en cuanto a Patria artificial y cosa construida puede atestiguar valores. Son permanencia y memoria. La ciudad es su historia".

Por otro lado, Camus en su ensayo sobre el Artista y su Tiempo anota sobre el  compromiso  con la realidad:

En el momento mismo en que el artista se decide a compartir la suerte de todos, afirma al individuo que él es. Y no podrá salirse de esa ambigüedad. El artista toma de la historia lo que puede ver de ella él mismo o sufrir él mismo, directa o indirectamente, es decir, la actualidad en el sentido estricto de la palabra… Nosotros los escritores del siglo XX, ya no estaremos nunca solos. Debemos saber por el contrario que no podemos evadirnos de la miseria común y que nuestra única justificación, si es que tenemos alguna, es hablar, en la medida de nuestras posibilidades, por los que no pueden hacerlo. Pero debemos hacerlo, en efecto, por todos aquellos que sufren en este momento, cualquiera sea la grandeza, pasada o futura, de los estados y los partidos. Para el artista no hay verdugos privilegiados

gustavo zalamea

 

Es referente geográfico, es paisaje de un tiempo, es el protagonista de la tragedia del poder. Desde ese mundo vemos que existe una conciencia que dice y afirma. Es la representación de su posición, es la interpretación de lo  que sin duda su fábula. De lo que es capaz de crear el artista para redimir lo irremediable.

El impulso lo lleva a ser también testigo y demuestra en el acto creativo donde la memoria, tiene una enorme prioridad. Para él es importante mantener la fuerza de lo propio.

Cuando Zalamea se pinta frente a la ventana del estudio muestra y su realidad presente y el compromiso del pintor pintando. Primero viene la situación de los múltiples espacios y después, la composición de crónicas y fantasías.

 

 

A Zalamea le interesa interpretar la complejidad
porque en su lenguaje quiere representar
las presencias y ausencias

 

 

Es verdad que a Zalamea le interesa interpretar la complejidad porque en su lenguaje quiere representar las presencias y ausencias. Se trata de sucesión de historias cotidianas que encadena los días con los tiempos. Los pictóricos, los literarios, los homenajes. Los recuerdos.

Bogotá es uno de esas imágenes que hacen parte de un fondo existencial. En la ciudad acontecen esas historias de la geografía, relato social, las instituciones, el sentido colectivo del individuo, los símbolos de poder se trata de la Plaza de Bolívar.

Para una mejor perspectiva, nos podemos refugiar en los términos de la técnica cinematográfica: el zoom y el paneo. Dos de sus movimientos internos que construyen su ritmo.  Durante mucho tiempo, en el comienzo de los años 80, en la obra de Zalamea iban apareciendo espacios interiores que se contienen a sí mismos. Durante mucho tiempo, los espacios iban hacia el interior del cuadro. Vino la ciudad desde la ventana, el edificio, la plaza, la montaña. Todos sustantivos. Pero en algunos, el artista pinta un autorretrato, donde él es un objeto pictórico que la espalda pinta. Se mira mirando la realidad. Se pinta en un espacio que muestra la visión y la razón de su imagen. Plantea la propuesta plástica de una posición de testigo.

zalamea 1

 

Mobby Dick, de Malleville  ha sido una de las guías de este destino pictórico. Y a través de este relato, puede pensar en la historia de los hombres que se debaten entre todas las verdades y mentiras posibles en medio del imprevisible mundo del mar y la soledad. Zalamea junta su lucidez sobre la realidad con su capacidad de soñar, imaginar encuentros, y plasmar nuevas ideas. 

Zalamea busca que la imaginación del cazador de sueños y tormentas y ballenas se una a esa cruda realidad.  Siempre con la brújula del ritmo, con la que comienza y acaba cada travesía.

 

Zalamea busca que la imaginación
del cazador de sueños y tormentas y ballenas
se una a esa cruda realidad

 

Zalamea, es como aquel que comienza pidiendo que lo llamen Ismael..., se monta en el Nantuket, saca el mapa de navegación para prever la ruta de su mundo creativo. Sí va a la plaza, a la vida, a las puertas del cielo o del infierno. Todo tiene el ritmo de su historia. Transfiere todas sus sensaciones a la tela o al papel. Arma y desarma. Construye y destruye, dibuja y borra, pinta y agota. Sacude el barco de la memoria y hecha andar los sueños.

Desde la conciencia de La Plaza

La Plaza tiene lugar, nombre propio y finalidad estética. Allí se reinterpreta el caos, o como dice Jaques Monod  es el reflejo del más básico principio   “ el hombre y las instituciones, no podrán alcanzar jamás una estabilidad. Ademas quién las desearía? La invención de los mitos y de las religiones, la invención de los vastos sistemas filosóficos, son el precio que el hombre tiene que pagar para sobrevivir como animal social”.

O también es la manera como Zalamea muestra su compromiso con la realidad. Albert Camus, le interesa ir más allá  y habla sobre el  inexorable compromiso del arte y el artista. “La obra de arte, en cierto sentido es la rebelión contra el mundo en lo que éste tiene de fugitivo e inacabado. El artista da una forma a la realidad pero, sin duda, está obligado a conservar lo que es la fuente de la pasión”

Y para pensar  con justificación. Zalamea tiene una imagen que hace parte simbólica de su sintaxis: en el símbolo del centro, en la arquitectura del poder, en el centro urbano típico que acumula las fuerzas. El ejecutivo, el legislativo, el judicial y la religión.

 

Congreso-Titanic

Congreso-Titanic

 

Zalamea, creo que sin quererlo pero pensando en la historia de la memoria, dice  Delacroix que ha querido desactivar fantasmas apocalípticos para mostrarnos el mundo real, sus peligros y abismos. Sus imágenes, de pronto, tocan la puerta de la conciencia dormida entre la comodidad. Y por eso, sus imágenes son cada vez, más severas. No buscan agradar sino darnos sentido de las proporciones o mejor, de las desproporciones.

Vemos al hombre sensible en su urgencia inminente y su sociedad decadente de fin de siglo, su percepción sensible y su sentido de la verdad que mas que verdad es un comportamiento y con él, nos deja saber casi a gritos, que está incómodo dentro de su sociedad en donde nadie cada cual vive retazos de realidad, donde cada cual tiene un presente único, un tiempo privado donde el reloj muestra una hora personal. Donde el único mecanismo es egoísta y distrae, la manera como puede aparecer la supervivencia  posible dentro de la pobreza y en una ciudad donde las calles son símbolo de amenaza, la muerte es un práctica  sin explicación y el miedo una condena.

La Plaza es una manera de entender el mundo y su tiempo de caos. En la plaza es  la biografía de los acontecimientos interiores y exteriores. La Plaza de Bolívar es el testigo. Desde 1978, la pintó. Después la incendió, la inundó y ahora como el Titanic, la hunde. Siempre reinterpreta el momento con sus lecturas y sus propias investigaciones plásticas y versiones apocalípticas.

Es un crítico observador de la política y del pensar. Por eso cuando pinta, muestra su desconcierto y su incomodidad ante la condición ciudadana. El arte es entonces un instrumento donde lo individual y lo social, pueden retomar la historia real y la historia de la memoria  junto con las imágenes plásticas.

 

Es un crítico observador de la política y del pensar.
Por eso cuando pinta, muestra su desconcierto
y su incomodidad ante la condición ciudadana.

 

El trabajo de Gustavo Zalamea, ha atravesado batallas y ha recorrido estadios que van en mundos múltiples donde ejercita desde la memoria hasta la severa conciencia, desde la vehemencia hasta lo lúdico.  En su camino,  el compromiso con la realidad hace parte de su ética. Pero de diversas  formas y  etapas hemos podido observar cómo el artista plasma una construcción de pensamientos diversos.  Cada obra es un “collage” de historias, temas y momentos que recogen un orden de ideasy las representa en un nuevo orden que desafía lo establecido

En 1932, Valery anotaba en una carta:

“Querido Amigo”, ¡La historia no se ocupa de los hombres!  La historia de los libros, es la historia que se enseña y, sólo se ocupa de los acontecimientos oficiales. Es básicamente un álbum de imágenes; y, a veces, una especulación sobre las entidades. Mire: hace poco que nos hemos dado cuenta que la gran navegación data del siglo XII. ¿Por qué?

 Hasta entonces, ni brújula ni el timón. Instrumentos que pueden fijar una hasta la popa, una hoja sujeta por un eje y movida por una barra. Todo llega tarde. Permite desarrollar la gran diferencia; se puede maniobrar, infunde ánimos, se ataca al Océano, se descubre América.

 Zalamea  es un testigo de su historia.  Y en el campo de la historia, los artistas son los seres que no les interesa el protagonismo, ni  las categorías acartonadas,  títulos burocráticos,  uniformes ni jerarquías; ellos simplemente plasman el grado de compromiso con la realidad y su conciencia.

Así aparece  el arte como una historia paralela a la historia de los acontecimientos, pero es raro pensar en investigar a las expresiones artísticas como una parte de la historia del presente. Lo único seguro, es que se trata de una versión de los hechos que siempre sobrevive a la eternidad o a los acontecimientos políticos.

La historia tiene maneras de verse y la interpretación artística como la de Gustavo Zalamea, estará teñida de emociones, pero al mismo tiempo, tiene razones de verdad y su conducta. Sigue las inquietudes de Leonardo cuando decía sobre la legitimidad del pensamiento artístico:

Un pensamiento que acaba de ser tan puro y central que va en pos de un ideal de la distribución uniforme de los conceptos en torno a una cierta actitud o atención característica y singular del que piensa, debe ahora intentar recuperar la diversidad, la irregularidad, lo imprevisto de los otros pensamientos y su orden ha de ser ordenar su aparente desorden

Y ya no se trata del compromiso político de los años setenta, sino de responsabilidad con la realidad tanto externa como la interna.  Por eso debemos recordar que la historia la hace cada cual entre sus días, dentro de sus propios límites, con las libertades de su imaginación, sin certidumbres del poder y con las referencias de su propia brújula.

Pero, ¿quién analiza las obras de arte como un testimonio sin compromiso de la historia? Los artistas, como lo dice Valery, están en la búsqueda de una conciencia, están en el umbral de una idea, que es el comienzo de una historia transparente. Porque para pintar, si se pinta bien, solo hay que continuar la evolución interna. Porque la idea está comprometida con la supervivencia de una verdad que no tiene compromisos y tiene sólo la ambición de comunicar un proyecto independiente

Se trata entonces de una filosofía de la búsqueda del tema que incumbe, de una verdad sin verdad, de una idea permanente con rumbo  propio que permite la posibilidad de la utopía

Zalamea es un ser inconforme con la historia socio política. Pero su expresión va cargada de una reflexión personal que no busca lamentarse de una situación, sino crear otra partir de ella, para exorcizar su visión y permitirle al acto creativo, toda su dimensión placentera. Se trata de una necesidad del espíritu que sigue lo que entendemos  coherencia a su percepción. El quiere entender la historia desde la condición más humana, quiere develar las fantasías de sus animales apoteósicos que habitan entre los mares, las ciudades reales o urbes inventadas o la plaza con sus actos apocalípticos.

Ahora vemos que se mueve en un  espacio tan amplio que es metafísico. Donde se mueven  las múltiples historias del presente y del pasado. Las imágenes de la belleza perduran en lo clásico, pero la pintura se desvanece en unos gestos de libertad contemporánea. Así lo bello tiene parámetros estéticos.

Zalamea quiere vivir cada instante. Quiere ser humano y se asoma a la ventana y pinta una visión. Y entre las muchas versiones esta la religión, cuando pinta  el símbolo  encaramado en la cumbre de una montaña y la iglesia en el abismo que para nosotros representa el perdón arrodillado, pero con la cima a cuestas.

Cada imagen de Zalamea viene cargada de conciencia. El artista ha estado alerta a los acontecimientos y los representa como dibujante.  Además, pinta para tener alternativas. Pinta imágenes que son su verdad.  Y fueron verdad antes de que ocurrieran los acontecimientos, como es la Plaza de Bolívar en llamas y el Palacio de Justicia.

A esa misma Plaza se la tomaron también otros personajes.  Llegaron los dinosaurios  con sus huesos.  El símbolo de la extinción, o  de los derrotados o de los que perdieron la vida en un territorio hostil.  Fuel a lucha luminosa entre el bien y el mal, donde sale siempre triunfante el mal,  o como opinó Seneca… en los tiempos de Roma “ nadie es bueno o malo en sí mismo… El hombre se equivoca porque no sabe el camino. El hombre bueno es el que no se llena de odio, sino que entiende las circunstancias ajenas”

zalamea 3

Dentro de este mundo de gigantes es inútil tamaño humano. Las ballenas  blancas son raros y grandes sobrevivientes de los mitos del mar. Pero sobreviven  porque el destino  no ha llegado aún a la hecatombe.  Pero en realidad, los seres desproporcionados a la escala del hombre,  tienden a desaparecer dentro de la explicación científica --con la razón científica-- los seres que son la poesía, hacen parte de lo imposible. Que fue otro de sus temas.

 

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