Opinión

Del Sagrado Corazón al cianuro

Como vamos, vamos mal. Colombia va mal. La protesta social puede estar a la vuelta de la esquina y entonces no habrá bolillo que ataje ni chorros de agua que apacigüen

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octubre 24, 2019
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Del Sagrado Corazón al cianuro
¿Por qué seguir siendo poca cosa? Hay como construir futuro para todos. Repito, para todos, si somos generosos con los acuerdos de paz

Debo confesar que con la edad me venía volviendo flojo. Lo cierto es que después de una carrera pública larga, alcancé a sentir en estos días que me estaba reblandeciendo. Y a esto he resuelto no darle cabida pues son los años los que nos enseñan, los que convierten la vida en la madre de las experiencias, de la sabiduría; los que permiten superar tribulaciones y medir con cautela los éxitos y ponderar balances. Más, si, como en mi caso, se han acumulado 35 años (1984-2019), buscando soluciones al conflicto armado interno. Mejor dicho, explorando caminos para encontrar la esquiva paz. Y por Dios, en tanto tiempo ¡qué no me ha pasado! ¡Qué no se me ha dicho! ¡Qué dificultad no se me ha atravesado! Eso sí, con un trofeo único para mostrar: una formidable piel de cocodrilo. Por esto, de la flojera, he resuelto no dejarme invadir.

Desde antes de 1984 ya había transitado múltiples escenarios políticos. Ya como testigo, ya como actor. Desde chiquito, como decía mi mamá. Hijo de político e hijo del destierro. Los debates del Congreso no me fueron extraños a temprana edad. Ni la violencia, ni los golpes de Estado. Y conocí a propósito de todo ello, zánganos, turiferarios de turno, valores humanos, lagartos, estadistas de primera y de primera mano, y traidores de carne y hueso. Cuando vi a Manuel Marulanda (Tirofijo), por primera vez (época de los Acuerdos de la Uribe), ya había sido concejal de pueblos, diputado, representante a la Cámara, senador, presidente del Directorio Nacional Conservador. Luego ministro y más adelante constituyente. Lo que me permitió especializarme en flora y fauna política, dirigencia civil y del sector privado: alguno que otro patriota, algunos hombres probos (no muchos para ser exacto), ingeniosos por doquier, avivatos al por mayor y al detal, y mucha maleza y bichos raros. Adelanté un número importante de debates e iniciativas sin que me temblara el pulso ni la voz. Tampoco las piernas. La confrontación era cruda. Sin duda había que llenarse de fortaleza y ser valiente. Y mucho más cuando la paz requería estar a la altura. Se trataba de un reto de alto riesgo. Hice ruido y muchas cosas. Muchas.

Sin embargo, el pasado 29 de septiembre tuve dificultad cuando en las primeras de cambio quise señalar en un tuit que el doctor Ceballos, Alto Comisionado para la Paz, era un total fracaso. Entendí que al muchacho no le iba a gustar. Que lo haría sentir mal. Y que si de paso me refería al canciller Holmes Trujillo por hacerle eco a sus desatinadísimas  y muy panditas opiniones, el ministro se molestaría. Pero sabía, por conocerlos, que se estaban haciendo los pendejos con el tema cubano desconociendo el Protocolo que ampara la estada de los negociadores del ELN en La Habana.  Fue cuando me di cabal cuenta que me estaba reblandeciendo y que tenía que superar la bobada. Y entonces el tuit se fue: “…Ceballos no ha logrado producir un solo hecho de paz de lo que va del gobierno”. “…él y el Canciller saben perfectamente que desconocer el Protocolo que le da la razón a Cuba es crear guachafita. Pregunta fuerte: ¿Por qué se hacen los pendejos?”

Y es que la bobería lo lleva a uno a mirar para el otro lado. Alguna vez quise hacerle vía Twitter una observación muy justificada y seria al ministro de Defensa. Se lo comenté a alguien que me hizo la siguiente observación: “si bien es cierto que no es apto para el cargo, se trata de una muy buena persona. Un tipo correcto bien intencionado. No tiene la culpa”. En ese momento, por comer carreta, el pendejo fui yo. Guardé silencio. Para qué decirnos mentiras. El ministro de Defensa, buena persona o no, ha debido caerse hacer rato. Él lo sabe y el presidente también.

Y qué tal el caso del ministro de Hacienda. Los que lo conocen dicen que en efecto es todo lo que se ha dicho de él y más. Claros y contundentes han sido los debates en contra suya. Pero dizque lo que lo salva, con caída de la ley de financiamiento y todo, es que es inteligentísimo. ¡Qué tal el argumento! ¡Inteligentes, al poder sin  importar lo que hagan! ¡Qué talito!

 

 

Cualquier cosa se puede afirmar, cualquier cosa puede suceder.
Como aquello de que en el famosísimo proceso de los falsos testigos
el único malo del paseo es el abogado. ¡Háganme el increíble favor!

 

 

Y dejemos a un lado el caso de la ministra del Interior. Poco se le ha oído.  Como inexistente, aunque dicen que es buena para manejar mingas. Más bien, como agregado a los sainetes que venimos resaltando, pregunto: ¿y qué tal aquél man que habiendo sido el gran saboteador del proceso de paz de La Habana, escribió un libro en el que trata de vendernos el cuento de que fue el salvador de ese histórico proceso? Santo cielo, en este país, antes del Sagrado Corazón, hoy del cianuro, cualquier cosa se puede afirmar, cualquier cosa puede suceder. Como aquello de que en el famosísimo proceso de los falsos testigos el único malo del paseo es el abogado. ¡Háganme el increíble favor!

Pues bien: sí me ha dado pena molestar a tipos como Ceballos y a otros conocidos de antaño, hoy con carro oficial blindado y con lo que llaman esquema. Pero es que desde mi último tuit he reflexionado una y otra vez y concluyo, también una y otra vez, que “una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa”. Por lo que entonces he resuelto regresar por mis fueros. Nada de flojeras. Por esto, si bien conocí imberbe al hoy doctor Ceballos, siendo secretario de la Comisión de Conciliación Nacional, muy recién salido del seminario -buen tipo entonces-, concluyo que hoy, o se está haciendo el tonto, o se volvió mañoso, o es un buscapleitos que se le subió el poder a la cabeza, tanto como para pensar él que solito puede cambiar normas ius cogens así y porque sí. En cuanto al doctor Holmes, lo respeto, he tenido siempre una muy buena opinión suya, pero se le fundieron los bombillos. Se le fue la Luz. Pensar en represalias para ofender a un país que tiene, en el caso que nos ocupa, la verdad, la razón y el derecho de su lado, es un despropósito. País que, por lo demás, le ha prestado a Colombia su suelo, su terruño, para lograr la paz. Qué vergüenza igualmente con aquellos países facilitadores y acompañantes que piden que se respete el Protocolo. Que no se burle el derecho internacional público. Que la buena fe no sea atropellada y que se recuerde que los acuerdos son para cumplir. Qué tontería quedar mal con toda la comunidad de naciones civilizadas.

 

 

El doctor Ceballos o se está haciendo el tonto, o se volvió mañoso,
o es un buscapleitos que se le subió el poder a la cabeza,
tanto como para pensar él que solito puede cambiar normas ´ius cogens´ 

 

Como vamos, vamos mal. Colombia va mal. Por lo que al país hay que buscarle un nuevo rumbo. Y pronto. Mientras se nos va el tiempo haciendo el oso por razones múltiples de todos conocidas se nos descuadernan las regiones y las instituciones, y la muerte violenta, siempre cobarde, sigue acechando; la corrupción y el narcotráfico nos arrincona y traga; y la desigualdad y la injusticia no dejará de pasar su cuenta de cobro. Es que el pobre sufre y la desesperanza se agiganta. Piensen en que hay una fiebre en parte del continente que puede ser contagiosa… La protesta social puede estar a la vuelta de la esquina. Puede no estar lejos el grito de ¡a la calle! Si se da el momento, no habrá bolillo que ataje ni chorros de agua que apacigüen.

¿Por qué no volvemos a pensar en la construcción del Arca de Noé? ¿Por qué seguir siendo poca cosa? Hay como construir futuro para todos. Repito, para todos, si somos generosos con los acuerdos de paz. Si recurrimos a la verdad, a las víctimas, a La Habana para continuar los diálogos con el ELN. Si se hace el acuerdo sobre lo fundamental ya previsto en los acuerdos mismos. Y con nueva Constituyente y todo.

 

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