Opinión

Del pasado al presente: primer año de Duque

Sigue la confrontación entre el pasado y el antepasado pero parece que poco interés se presta al presente y poco claro se ve el futuro.

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julio 10, 2019
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Del pasado al presente: primer año de Duque
La pobre calificación de las encuestas contrasta con la imagen de optimismo de los miembros del Gobierno. Foto: Twitter/Iván Duque

Aparecerán muchas mediciones con motivo de cumplirse el primer año de Gobierno del presidente Duque. Lo primero que ya permite comentarios es la pobre calificación que muestran las encuestas en prácticamente todos los aspectos de percepción de los ciudadanos, y el contraste con la imagen de optimismo que parece acompañar a los miembros del Gobierno.

Más que analizarlo como un año de ruptura – y para no contribuir al ‘adanismo’ en que se cae en los cambios de gobierno- es pertinente comenzar por ver cuánto hay de continuidad y cuanto de cambio en comparación con las tendencias que venían del pasado inmediato. De paso se tiene así en cuenta el ‘espejo retrovisor’ que seguramente servirá repetidamente como respuesta en cualquier análisis que cuestione algún pobre resultado.

En el marco general sería de destacar que se mantienen las estructuras y modelos generales que han defendido los últimos gobiernos. Se puede decir que en cuanto al manejo de la economía o al sistema político nada nuevo hay, ni se propone. En cuanto a su funcionamiento tampoco hay novedades en la caracterización que venía desde antes: la corrupción y la polarización son la marca del momento, y la incapacidad de realizar cambios o reformas sigue igual. También la capacidad de negación, de desconocer la realidad.

La variación que se presenta no es en el marco general o conceptual sino en la intensidad o profundización de lo último, lo cual pareciera ser un ADN de Colombia.

 

Ningún gobierno anterior había tenido tan poco para mostrar
en cuanto a resultados legislativos como este

 

En cuanto a la incapacidad de cambio se pasó el primer año y la primera legislatura sin lograr tramitar ninguna Ley de las que estamos pendientes desde hace más de un lustro. Pero ningún gobierno anterior había tenido tan poco para mostrar en cuanto a resultados legislativos como este; la reivindicación más importante es la Ley de las TIC pero en cuanto a las esperadas Reforma a la Justicia, Reforma Política, Reforma Electoal, Reforma Pensional, etc.  ni siquiera una propuesta o intento de presentarlas.

En cuanto a la polarización, la que existía en el pasado inmediato era la de una oposición contra un gobierno; cae dentro del orden natural, aunque podía ser algo desbocada por lo emocional al enmarcarse dentro de una protesta porque consideraban que el tratamiento dado al resultado del referendo equivalía a un cuasi golpe de estado. Pero una polarización promovida desde el Gobierno lógicamente toma otras dimensiones. Ejemplos como el trámite de las objeciones, o el sobredimensionar el caso Santrich es darle más importancia a profundizar la polarización que a gobernar en función del futuro.

Respecto a la corrupción, no solo ha aumentado, sino nos hemos ‘anestesiado’ porque la prensa se alimenta únicamente de los escándalos que siempre terminan con esa explicación. Se ha producido un círculo vicioso en que no se asume que la corrupción es una consecuencia de múltiples orígenes, sino la aceptamos como la fuente, explicación y causa de todos los males.

Lo anterior se complementa con un aumento en la negación por parte de las autoridades que parecen vivir en un país diferente al resto de los colombianos, donde todo va por buen camino y estamos ante grandes realizaciones. La situación económica no sería crítica  sino comienza un rebote que superará todos las expectativas de los analistas; los líderes sociales no son asesinados por sus gestiones sino por ‘líos de faldas’; las hectáreas de droga disminuyen de 80.000 hectáreas, a 60.000, luego a 36.864 (o una cifra muy exacta), para acabar en que los EE.UU. no nos descertifica porque bajamos de 209.000 a 203.000.

Así entre el atribuirle a la corrupción todos los males y el negar que estos existen, la conclusión es que pocas iniciativas hay para buscar corregir lo que no se reconoce, dándole más énfasis a la confrontación con el pasado.

La presencia de Duque incide pero sobre todo y concretamente por la incertidumbre que genera: por razón de su inexperiencia por no haber tenido en la vida ninguna gestión administrativa; por su falta de trayectoria política y de liderazgo como antecedentes; por la indefinición en la relación entre el presidente y lo que supone ser el Partido de Gobierno.

Todo lo anterior concluye en que sigue la confrontación entre el pasado y el antepasado pero parece que poco interés se presta al presente y poco claro se ve el futuro.

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