Opinión

Del acuerdo sobre víctimas

Cinco señalamientos sobre aspectos sensibles del Acuerdo presentado ayer

Por:
diciembre 16, 2015
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Desde el inicio de los diálogos sostuve que cualquier acuerdo que salga de La Habana es preferible a continuar con una guerra que ya tiene demasiadas víctimas y demasiados años. También he repetido que perdonar y aceptar beneficios para los victimarios en un contexto de justicia restaurativa que permita transitar de la Guerra a La Paz tampoco puede implicar que las víctimas renunciemos a nuestros justos reclamos de justicia,verdad, reparación y garantías de no repetición.
Atendiendo esos principios y conocido ayer el Acuerdo entre victimarios y gobierno sobre el punto de las víctimas, debo manifestar:

  1. Nunca nos consultaron nada sobre el particular, ni a las víctimas nos permitieron expresar qué esperábamos de ese acuerdo a pesar que las 47 asociaciones agremiadas en la Federación Nacional de Víctimas de Las Farc (Fevcol), que representamos a más de 112.000 víctimas lo solicitamos, y de los varios escritos y foros que hemos organizado para solicitar ser escuchados. (Algo así como si los médicos formularan medicamentos sin escuchar a los pacientes).
  2. A pesar de lo anterior las víctimas de las Farc expresamos nuestro beneplácito porque los diálogos han avanzado bastante, a tal punto que de verdad vislumbramos la firma de la terminación de este bárbaro y prolongado conflicto, firma que los colombianos debemos respaldar para que en el futuro nuestros nietos puedan disfrutar de un país mejor al que nos tocó vivir a nosotros.
  3. Nos preocupa eso sí que el Tribunal Especial de Paz o de Justicia Transicional, jurisdicción especialmente creada en el acuerdo para juzgar a los exguerrilleros de las Farc, por tener origen en los acuerdos, llegue a priorizar los derechos obtenidos por los victimarios en la negociación con el gobierno sobre los derechos constitucionales y legales de las víctimas a la justicia, la verdad, la reparación y las medidas de no repetición.
  4. Nos preocupa que las Farc no hayan asumido la responsabilidad de reparar integralmente a sus víctimas y que el acuerdo haya dejado en cabeza del Estado, bajo el principio de la subsidiariedad, la responsabilidad de indemnizar a las víctimas cuando los victimarios no tengan cómo hacerlo. Cierto es que los guerrilleros rasos no tienen ninguna capacidad económica para reparar a sus víctimas, pero no lo es menos que sus comandantes se han lucrado de los inmensos y malditos negocios del narcotráfico, la minería ilegal, el secuestro y la extorsión. Algunas de las preguntas que surgen con respecto a este punto son: a) ¿Tendrán en cuenta los magistrados del nuevo tribunal que los guerrilleros rasos cumplían órdenes, que hay unos máximos responsables, y que por esa vía de la autoría material de los guerrilleros rasos  no pueden los comandantes eludir y endosar al estado la obligación de reparar a las víctimas? b) ¿Los gigantescos recursos obtenidos por las Farc en esos negocios ilegales van a ser utilizados para reparar a las victimas? (De hecho ya hay bastantes bienes y dinero en manos de las autoridades que han sido incautados a las Farc y su destino final aún no está claro). ¿O el acuerdo va a permitir que con el silencio y vacío normativo sobre el particular vayan esos recursos a ser utilizados por los victimarios en su nueva vida en la legalidad?
  5. Nos preocupa a futuro que las Farc hayan sido tan renuentes a obligarse con el importantísimo componente moral de toda reparación integral: contar la verdad seguida de una sincera petición de perdón del victimario a sus víctimas. La verdad es la medida de satisfacción más importante para las víctimas. Valga recordar que si las Farc hubieran dicho la verdad sobre la masacre de los diputados, tal como se lo sugirió en su momento Timochenko a Alfonso Cano en correo ampliamente divulgado por los medios de comunicación (que se trató de un error militar de las Farc y no de un intento de rescate del ejército), a mí jamás me hubieran puesto preso; sin embargo, por ese ocultamiento político de la verdad con el propósito de endilgarle al Estado responsabilidad por la muerte de mis compañeros, me correspondió a mí y a mí familia soportar toda ignominia, la infamia y la carga emocional de otra y peor revictimización.
    En términos generales, el acuerdo parece bueno aunque despierte dudas. Y su importancia nos obliga a estudiarlo rigurosamente, porque como dicen los abuelos, “el diablo está en los detalles”.

 

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