Dejamos de traer médicos pero importamos marines

¿Quién entiende esto? ¿Por qué el doble rasero? Una mirada al respecto

Por: Carlos Tamara
agosto 03, 2020
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Dejamos de traer médicos pero importamos marines

Si no estoy mal, se ha formado recientemente un escándalo sobre la solicitud que hiciera algún alcalde de médicos cubanos a Colombia, de los mismos que han venido ayudando a nivel mundial a muchos países, incluso más desarrollados que el nuestro. Pero no caí en esa celada pues imaginé enseguida que era una simple cortina de humo mientras se soslayaba cierta derrota en línea de nuestro personaje de marras. Archí conocido, ahora más que nunca, cuando rueda una serie en YouTube de mucha y creciente audiencia.

Lo que extraño es que esos mismos personajes no se inmutan ante la presencia, ya no de médicos, sino de personal militar de los Estados Unidos en Colombia. ¿Por qué tan distinto rasero? Alguna diferencia debe haber entre un médico y un soldado marine norteamericano, ¿o no?

Si los unos pudieran encarnar el inicio del castro-¿duquismo?-leninismo en Colombia entonces, ¿qué encarnarían los soldados norteamericanos?

No cabe pensar que estén precisamente recogiendo café.

Lo que me trae a colación una serie de cosas que han estado sucediendo. Por ejemplo, si no olvido, han desmontado al menos dos intentos masivos de falsos positivos. Y siguen ocurriendo cosas anómalas como esas.

Mientras tanto en las calles el propio ejército de Estados Unidos reprime, según señalan incluso los gobernadores demócratas, violentamente a su propia población, y se oyen voces sobre violación flagrante e inconstitucional de derechos civiles.

Y entonces salta una pregunta obvia: si eso hacen allá, ¿qué tantas cosas no serán capaces de hacer con nuestra inerme población? Además, si taparon los falsos positivos cuando fueron militares colombianos los implicados, ¿qué no se tramará cuando se trate de los militares de Estados Unidos?

¡No es esto espeluznante!

¿Será que son más respetuosos incluso con las indígenas, o con otras chicas de la ciudad, o del Eje Cafetero? ¡Casos ya se han visto en Cartagena, o recientemente con una menor indígena, y en otras circunstancias de llegada de Presidentes de ese país!

¿Será que esos marines puedan tener abstinencia sexual por mucho rato?

Durante la Segunda Guerra Mundial, el novelista Alberto Moravia escribió La romana y el pasaje, una obra que retrata la forma cómo los soldados norteamericanos degustaban de las carnes tiernas de las chicas italianas por, siquiera, una hogaza de pan. Recuerdo el tono absolutamente existencialista de esa obra. A Moravía le dolía Italia y, sobre todo, que entre los soldados hubiera negros. Moravía con ese toque racista pretendía exacerbar la conciencia anti yanqui de una ocupación nazi fascista, por otra supuestamente libertaria.

A continuación transcribo algo aparecido en The New York Times:

He estado pensando mucho en mis experiencias en Guatemala esta semana, ya que he visto la última ola de ira por el Proyecto 1619, la edición especial de The Times Magazine el año pasado que se centró en el pasado de esclavitud de Estados Unidos.

“La historia sigue siendo la historia. No podemos cambiar lo que sucedió ", escribió Seth Cotlar, un historiador de la Universidad de Willamette, en Twitter hace unos días. "Pero lo que siempre cambia es cómo seleccionamos partes del pasado de la nación y las incorporamos a nuestro presente".

Para muchos afroamericanos, el legado de la esclavitud es directo, sus daños continuos. No hay opción para elegir una versión más cómoda de la historia. Pero uno de los mayores beneficios de la esclavitud y su andamiaje de supremacía blanca otorgado a los estadounidenses blancos es que no tienen que perpetrar personalmente la injusticia para cosechar las recompensas de un sistema injusto. Ser blanco en Estados Unidos puede ser como apostar en un casino que otra persona ha arreglado en secreto a su favor. Alguien más ya ha hecho el engaño. Así que ahora el jugador puede seguir escrupulosamente las reglas, obteniendo el doble beneficio de las ganancias de los juegos manipulados y una conciencia tranquila.

Pero eso solo funciona mientras los jugadores no sepan que el casino está manipulado. Tan pronto como se convierte en conocimiento público, jugar ya no es irreprochable. Mantener las ganancias del juego amañado es moralmente cuestionable en el mejor de los casos.

Igual cosa podría pasar aquí. Los soldados norteamericanos no tendrían que inventar los falsos positivos. Ya alguien ha hecho el engaño.

Parodiando se podría escribir esta frase: ser marine de los Estados Unidos en Colombia puede ser como apostar en un casino de Cartagena que otra persona ha arreglado a su favor.

Nota: el artículo se intitula: Verdad, autoimagen y memoria histórica.

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