¿Deberíamos marchar por la ciencia?

Científicos colombianos se unieron a la “Marcha por la Ciencia”, iniciativa que nació en EE.UU. como respuesta a los recortes de fondos para la investigación científica

Por: David Torres V
abril 24, 2017
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¿Deberíamos marchar por la ciencia?

Será que la ciencia y sus miembros se han desconectado de las realidades sociales y políticas del mundo contemporáneo o será que tenemos alergia a los espacios donde se toman las decisiones que nos afectan.

Hace algún tiempo que no publico alguna columna y me parece que la “Marcha por la Ciencia” es un buen motivo para hacerlo. Primero, me gustaría explicar de dónde surge esta iniciativa. Para nadie es un secreto que desde su campaña electoral, el actual presidente de los Estados Unidos, Donald Trump salió lanza en ristre contra el calentamiento climático, a pesar de las múltiples evidencias tanto científicas como en la vida diaria que vemos de este fenómeno.

No es necesario vivir en Miami ni en Holanda para saber que por ejemplo el clima del altiplano cundiboyacence ha cambiado drásticamente, se ha hecho más cálido y las temporadas de lluvias son cada vez más extremas. Sin embargo, esto no solo sucede allí, tragedias como la de Mocoa o Manizales son evidencia de ello, que en una noche llueva casi lo que suele llover en un mes completo nos indica que algo simplemente no marcha bien.

No obstante, este no es propiamente el motivo de esta columna. Mi interés es pensar por qué los científicos, aquellos seres inmersos en temas tan interesantes como por qué surgió la vida, la química de nuevos materiales o la existencia de partículas elementales entre muchos otros, salieron de sus laboratorios, oficinas y universidades a marchar.

Esto último me parece un síntoma preocupante. En mi opinión no creo que una marcha haga una gran diferencia, así como tampoco lo hace poner lindas fotos de perfil en redes sociales. Me doy cuenta de que parece que hace mucho la ciencia se desconectó de la sociedad y de la realidad, y se convirtió en algo que seres superdotados y excepcionales hacen en universidades y laboratorios.

A pesar de ello, esto no solo es consecuencia ni responsabilidad exclusiva de cómo trabaja la ciencia, sino también de cómo se divulga y cómo se enseña a las personas. Esto en particular me parece muy crítico y soy de los que cree que no debería ser responsabilidad exclusiva de aquellos con formación en pedagogía, sino que debe incluir a figuras relevantes y con amplio conocimiento sobre los temas tratados.

Además, actualmente vivimos en una era con un acceso sin precedentes a la información. Sin embargo, esto me lleva a una pregunta que vi en un libro que recientemente leí: ¿vivimos en una época ilustrada? El autor menciona que probablemente no, de hecho, también pienso lo mismo. Vivimos en una época rica en información, pero con pocas herramientas para manejarla y utilizarla, entiéndase no para buscarla, y ante todo con pocas personas muy capaces de asimilar esa información y poco dispuestas a tomar decisiones.

Eso es lo que me interesa cuestionar. Estamos haciendo ciencia per se, y se está convirtiendo en una burbuja en la cual quienes hacemos parte nos abstraemos para no interferir con nuestro objeto de estudio. Sin embargo, la marcha nos muestra que no solo nos abstrajimos, sino que nos aislamos de la sociedad y que nuestros canales de comunicación con la misma son poco efectivos o inexistentes.

Una de las principales consecuencias no es que se nos perciba como “bichos raros”, sino que aquellas cosas que merecen ser comunicadas tanto a gobiernos, como a sociedades y pueblos enteros nunca lleguen a su destino, o en su defecto sean tergiversadas por el camino en pro de los más variopintos intereses. ¿Será este un indicio del fracaso de la ciencia en comunicarse con el resto de la humanidad en una era gobernada por la tecnología que esta misma genera?

“Será la 'marcha por la ciencia' un indicio del fracaso de esta en comunicarse con el resto de la humanidad en una era gobernada por la tecnología que ella misma genera”.

A modo de propuesta, creo que las personas que de alguna forma tenemos relación con la ciencia debemos aprender a comunicarnos, no tanto entre nosotros mismos, sino con el conjunto de la sociedad. Debemos hacer que la ciencia, como mínimo, sea comprensible para las personas y no sea solo para aquellos que tuvimos acceso a una buena educación. Esta última no solo es un instrumento de conocimiento y progreso, sino una herramienta para una toma consciente de decisiones.

Además, también tenemos que perderle miedo a los espacios de deliberación y toma de decisiones. De ser posible debemos apropiar y utilizar estos escenarios, no se debe permitir que solo los intereses netamente económicos sean los que lideren aspectos tan importantes como si hacer o no minería en zonas ricas en fuentes de agua, ni tampoco que tomen la decisión de cortarnos el presupuesto simplemente porque los resultados no son los pensados o porque algún funcionario de turno pensó que nuestro trabajo era innecesario.

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