De por qué Vargas Lleras será el próximo presidente

“Aunque Fajardo sea buen candidato, pasará a la historia como el Mockus de las elecciones pasadas”

Por: Eliseo Garzón
Enero 09, 2018
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De por qué Vargas Lleras será el próximo presidente

En Colombia la presidencia de la República no es un cargo que se gané por méritos, es decir, por la mejor propuesta o perfil del candidato, es una posición que se obtiene por la combinación de herencia con trayectoria política, no importa que sea buena o mala. No en vano personajes que aparentemente cumplían estas condiciones como Horacio Serpa, Noemí Sanín y Álvaro Gómez intentaron varias veces llegar al solio de Bolívar y hubo factores que en su momento afectaron sus nobles intenciones.

Me permito compartir tres razones, a modo de análisis, que permitirían explicar por qué Germán Vargas Lleras podrá ser el próximo presidente de Colombia. Están sujetas a críticas y se hacen con total objetividad entendiendo que más allá de la pasión, lo que prima es la sensatez en este tipo de elección.

La primera condición es contar con el apoyo irrestricto de los “cacaos” o grandes empresarios del país, es decir, quienes controlan la mayor parte de la generación de empleo y riqueza. Su aval es fundamental porque además de financiar la campaña presidencial, que sin duda es importante pero no prioritario, establecen compromisos claros con el candidato elegido para que este no vaya a proponer políticas que afecten sus intereses.  Los “cacaos” controlan los gremios y tienen una gran capacidad para influir sobre la fuerza laboral del país intercediendo por el candidato que les garantizará mantener el statuo quo.

Esta primera razón es la que deja por fuera a candidatos interesantes como Sergio Fajardo, quien a pesar de tener buena imagen e ideas, estas últimas se terminan convirtiendo en una amenaza a los intereses de los grandes empresarios. Asuntos como las propuestas tributarias y de generación de empleo son muy susceptibles para estos poderosos grupos que prefieren estrechar lazos con el candidato que les ofrezca tranquilidad en este sentido.

La segunda condición es sin duda la “maquinaria política”. Por esta se entiende el poder burocrático que un candidato logra obtener gracias a un partido ha tenido participación en el gobierno por años, y que para ser sinceros en Colombia únicamente proviene de los dos partidos tradicionales a pesar de las disidencias que han aparentado algunos candidatos presidentes como Uribe y Santos.

El gobierno es el primer empleador del país, siendo claves los cargos de libre nombramiento y remoción, así como la absurda cantidad de contratos de prestación de servicios, los cuales que se han convertido en una herramienta clave para generar afectos políticos. Garantizar la permanencia en estos cargos que han sido logrados por años despista las simpatías por otros candidatos para focalizarla en aquel que independiente de su preparación brinde esta seguridad.

Esta segunda condición vuelve y juega en contra de Sergio Fajardo, quien no cuenta con “maquinaria” y solo debe acudir al voto de opinión que es bastante fluctuante. También es una desventaja para el candidato del uribismo, Iván Duque, que por estar en posición al gobierno en los últimos 8 años no cuenta con fuerza electoral en los organismos del Estado.

La tercera condición es la imagen, buena o mala, que tenga el candidato.  Esto obedece al reconocimiento de la ciudadanía por su trayectoria y afinidad con los medios de comunicación, estos últimos ligados a los “cacaos”.  Un expresidente afirmaba que no importaba si de él hablaban bien o mal, lo importante era que hablaran, en relación con la terrible situación de ser un desconocido o novato en las lides políticas.

Aunque todos crean que Vargas Lleras está llevado por el coscorrón, este hecho hizo que sin querer su popularidad aumentara, a pesar que sea a costa de una imagen negativa.  El reto de la campaña, que no es complejo, es convertir este reconocimiento en un factor a favor, lo cual en un país de memoria de corto plazo, es totalmente factible.

Con lo anterior es más fácil entender por qué Vargas Lleras lleva la ventaja en esta competencia a pesar que las encuestas lo coloquen en tercera o cuarta posición.  El primer golpe de opinión que empezará a debilitar a los otros candidatos será el resultado de las elecciones al Congreso que miden la “maquinaria” de los partidos, base de las elecciones presidenciales. El segundo golpe lo protagonizará la forma en la que los medios de comunicación, de propiedad de los cacaos, manejen la campaña, que sin duda no será imparcial porque uno de ellos, quien todos sabemos, contará con el aval de los empresarios quienes ayudarán a limpiar la mala imagen que de él se ha hecho.

Aunque Fajardo sea buen candidato, pasará a la historia como el Mockus de las elecciones pasadas, o la Noemí Sanín de hace algunos años, esto es, la esperanza del pueblo que por alguna extraña razón no logró sentarse en el solio de Bolívar porque aparentemente perdió las elecciones.

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