De Peñalosa a Claudia López: ¿cambio o continuidad?

La transición en la alcaldía no es tan elemental como lo desean sus propugnadores, porque a sus consideraciones se contraponen algunas de las mas importantes

Por: Jorge Ramírez Aljure
enero 24, 2020
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De Peñalosa a Claudia López: ¿cambio o continuidad?

El concepto de democracia de algunos colombianos no evoluciona. Sobre todo, la de aquellos que consideran que esta solo la pueden ejercer quienes dada su prosapia están llamados para dirigirla mientras al resto de ciudadanos se nos obliga a aceptar sin reatos las obras con que nos atiborran sus talentos y agradecerles que gasten parte de sus preciosas vidas en gobernarnos.

De Peñalosa a Claudia ha reunido no solo las recomendaciones de los pares sociales del primero, que pese a la mediocridad de país que nos han generado sus notables, consideran su accionar por principio incomparable, a las que se suman las de quienes encuentran en sus hazañas, porque no son para menos, la concreción de grandes negocios y proyectos en el fiel cumplimiento de los ideales del mercado salvaje, sin que importe que el destino de la ciudad y de quienes en ella viven no sea precisamente congruente con aquellos. Y, por supuesto, no faltan las de quienes desperdician las oportunidades de aportar algo novedoso al tema para dedicarse con exceso de ditirambos a cumplir con el viejo resabio de alabar impunemente al que consideran su patrón natural.

El paso de Peñalosa a Claudia no es tan elemental como lo desean sus propugnadores, porque a sus consideraciones caseras se contrapone, nada menos, la muy universal del cambio climático que, como prueba de nuestra pereza para plantearnos problemas trascendentales, es un evento comprobado.

Y no por cualquiera sino por el Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC), grupo de científicos especializados que, para octubre de 2018 -evaluados los incrementos preocupantes que ha venido adquiriendo el fenómeno- han decidido denominarlo Crisis Climática, con un horizonte de desventuras que ya no amenazarían a las futuras generaciones, sino que se proyectan sobre nuestras cabezas a 11 años vista, de los que quedarían a la fecha un poco menos de diez.

Salvo que la humanidad entendiera que su acción desconsiderada con el planeta, nuestro hogar según el papa Francisco, debe cambiar radicalmente, acción que con el paso del tiempo se hace más acuciante en camino de salvar la especie. Pero que poco importa para quienes sustentan su poder en el manejo de un modelo económico depredador y consumista como el que nos avasalla, pues su reflexión al respecto, debido a la deformación que acompaña la ambición disparatada en que se debaten, hace nugatorias soluciones razonables y solidarias.

Comportamiento demencial que, en el mejor de los casos, apunta a que su dinero en exceso, como último negocio terrenal, les permita abandonar el planeta cuando este ya no los aguante, dejando por supuesto al resto de sus semejantes librados a su suerte. Que no será muy distinta de la que les espera a ellos enfrentados a un universo desconocido y letal, solo limado de su relativismo absoluto e infinitas incertidumbres por las promesas, candorosas por naturaleza, de un positivismo cientificista cuyas encomiadas bondades acabaron con lo único cierto que teníamos, la Tierra como hogar.

Por lo que la tarea a seguir deberá ser si no totalmente contraria a la del hacedor Peñalosa sí lo suficientemente diferente, en cuanto -como parece esbozado en el programa de la elegida Claudia López- el medio ambiente estará por encima, o su consideración prevalecerá sobre los negocios estrafalarios que se puedan hacer a nombre de la ciudad. Lo que en el fondo significa que los intereses de Bogotá, con todo lo que esta representa hoy -no como amontonamiento de edificios y obras faraónicas para descreste de citadinos sino con sus recursos naturales y las oportunidades de desarrollo especial que estos ofrecen a todos sus habitantes- se identifican con su crecimiento sostenible.

Crecimiento sostenible, es decir, acorde con el entorno al que estamos obligados si queremos librarnos y librar a quienes nos rodean del caos, la impotencia y el terror de los que hoy somos apenas testigos mediáticos. Más cuando la naturaleza ha sido pródiga con nuestros pueblos para avanzar en un modelo de desarrollo ecológico que nos beneficie a todos y no en proyectos posmodernos para llenar los bolsillos de unos pocos inconscientes que comprometen el futuro de la humanidad en muy corto tiempo.

Decisiones desconcertantes pero ineludibles soportadas en la biomimesis y la bioeconomía que han venido a animar las acciones presentes y futuras del ser humano que de la prepotencia ha tenido que pasar a la humildad como medio de salvar su frágil existencia. Algo va del señor Enrique Peñaloza a la doctora Claudia López.

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