De Napoleón Bonaparte

Un texto a raíz de los doscientos años de la muerte del militar francés

Por: Hugo Machín Fjardo
mayo 18, 2021
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De Napoleón Bonaparte

Este 5 de mayo se cumplieron 200 años de la muerte de Napoleón Bonaparte (1769 -1821) luego de permanecer desterrado cinco años y medio en la inhóspita isla de Santa Helena en el Atlántico, tras su última derrota ante los ingleses en Waterloo.

La Revolución francesa, ocurrida a sus 20 años de edad, lo tuvo como ferviente defensor al punto de que luego de la caída de Robespierre fue encarcelado por jacobino. A los 26 años, comandaba el ejército francés en Italia donde obtuvo resonantes victorias.

Paradójicamente, será en su etapa dictatorial, luego del golpe de Estado que dio en 1999, en que promovió un nuevo Código Civil, la tolerancia religiosa y colocó a la educación como prioridad, cuando Napoleón incidiría en la independencia americana del imperio español.

Independencia convertida en innumerables guerras civiles entre caudillos y diferentes clases sociales, con el resultado de que América al sur del Río Bravo quedó constituida como “una nación de repúblicas”, según el uruguayo Carlos Quijano.

Otra paradoja histórica fue que las colonias españolas en América reaccionaron en defensa del rey Fernando VII supuestamente obligado abdicar en Bayona el abril de 1807 — de hecho, la batalla de Las Piedras de 1811 fue librada en la Banda Oriental (hoy Uruguay) con ambos ejércitos bajo la bandera de la corona española— cuando en realidad, el hijo de Carlos IV y María Luisa de Parma, vendió España a Bonaparte por una jugosa pensión y una cómoda y regalada estadía en Francia.

Tal es así que no hay historiador ibérico que pueda extraer algo positivo de la trayectoria de “el Deseado”. Al contrario, se le cuestiona por haber derogado la Constitución de Cádiz de 1812 [La Pepa] y crear un Estado represivo; haber reintroducido la Inquisición en España, ganándose el favor de la iglesia; abolir toda idea liberal importada de Francia y dejar hundir al país en una miseria agravada por las destrucciones de la guerra. Un fraude, como resultó ser Juan Carlos de Borbón en el siglo XXI.

También hay que recordar que el movimiento autonomista, que no insurgente, desatado en 1808 en tierras americanas, incubaba reclamos y levantamientos tanto de criollos como de indígenas.

La historiadora peruana Scarlett O'Phelan llegó a inventariar 140 revueltas con base rural en el Alto y Bajo Perú entre 1.700 y 1.783, contra medidas fiscales de los virreyes, por abusos de los corregidores, y ante la instauración de las reformas hacendísticas, detalla la autora vasca Ana de Zaballa Beascochea. En el imaginario colectivo ha quedado casi como exclusiva, la revuelta protagonizada por José Gabriel Condorcanqui Noguera Túpac Amaru, de cuya horrible muerte precisamente se cumplen este mes 240 años.

En México los hacendados e industriales, así como la Iglesia católica, eran quienes más sufrían la sangría aplicada por la corona española, que, solamente entre 1740 y 1803, triplicó la cantidad de oro y plata extraída de las minas novohispanas.

En la queja —Representación de Abad y Queipo— de 1771 el alto clero pedía la reducción de impuestos, suprimir las leyes que prohibían o limitan la producción desarrollada por criollos en tierra mexicana y los obstáculos a la ampliación del mercado. Similares quejas y pedidos de abolición de tributos y leyes prohibitivas pueden leerse en la Representación de 1799 y en la Representación a la Primera Regencia de 1810.

En el Río de la Plata, en la Representación de los Hacendados, redactada por Mariano Moreno en 1809, se solicitó al virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros el restablecimiento del libre comercio que había autorizado meses antes.

De 1810 a 1814, la idea autonomista fue cambiando hacia la independentista, en el intercambio generado entre delegados americanos y españoles en la Corte de Cádiz que llenaron el vacío de la corona española. Fue cuando, según algunos historiadores, se percibió que Napoleón pensaba llegar a ser emperador del gran imperio español.

Bonaparte tenía claro que en 1800 dos tercios del presupuesto real español eran llevados desde Nueva España. Por eso ahogó la primera revolución americana ocurrida en Haití (1791-1804) con el envío en 1802 de 25.000 soldados a la isla y el secuestro del afrohaitiano François Dominique Toussaint-Louverture —pionero en erradicar la esclavitud en su país con repercusiones en la región—, quien murió encarcelado en Francia.

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