De los hombres y la religión: una raza no tan superior

Por: Alonso Rodríguez Pachón
noviembre 01, 2013
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Lo más posible, es que al empezar a leer, se encuentre en contradicción con el siguiente tema. Pero en ocasiones, emergen preguntas que alguna vez en la vida las haya escuchado. Como también, ninguna vez en su vida las haya imaginado.

Muchas veces, en el ciudadano de a pie se llega a estimar que los humanos no son animales. Pueda que sí, pueda que no. Es una discusión debatible y por supuesto, existen infinidad de teorías. Pero es posible llegar apresurada y asertivamente a la conclusión que por el hecho de ser seres humanos ¿anula una condición de animales?

Con frecuencia se suele pensar que entre los seres humanos y los animales existe una abismal diferencia, empleando una particular costumbre selectiva, en una especie de estratificación de razas que, ignora tajantemente un concepto genérico que no nos hace tan dispersos: “seres vivientes”.

Pues bien, esa es la idea dogmática y, que más específicamente, se nos ha impuesto a nivel religioso, dando paso a un olvido de lo racional. Querer pensar que eso es lo único a lo que se debe estar programado a que nuestros ojos vean y nuestros oídos escuchen. Apropósito, esto recuerda, y tomando en un doble sentido una frase del célebre neurólogo austriaco Sigmund Freud: “Sería muy simpático que existiera Dios, que hubiese creado el mundo y fuese una benevolente providencia; que existieran un orden moral en el universo y una vida futura; pero es un hecho muy sorprendente el que todo esto sea exactamente lo que nosotros nos sentimos obligados a desear que exista”.

Pero será que ¿una de las cosas que nos hace distintos los hombres de los animales es la religión? Dirán que sí. Pero solo porque tenemos una manera de venerar, casi tan grotesca, así como aduladora y fanática, casi enfermiza de creer en algo tan quimérico, tan utópico. Y digo utópico porque la existencia del hombre es corta. Será por eso.

¿Por qué la religión nos llega a separar de los animales? Por la forma de rendir culto. Porque ofrecemos una especie de actos de sumisión, en cambio los animales no. Y porque somos “seres razonables” y tenemos Dios y los animales no. ¿Dirán que si?

Existe un eufemismo que deslegitima cualquier orden en contra de la naturaleza, porque las acciones y forma de ser sociales, en ocasiones rechinan cuando su práctica es al extremo. Luego entonces, pregunto: ¿No nos equipara a los animales en un punto o nivel -supuestamente- irracional?; entonces, qué pasa por ejemplo con el pastor -no todos- que se enriquece a costa de otros y a favor de emplear su fabulosa hipnosis y la verbalidad malintencionada, actuando y haciendo alusión a un Dios… Ahora recuerdo parte de una frase mencionada por Ricardo Arjona en una de sus interpretaciones: "...da asco el pastor que se hace rico con la fe". En el mismo sentido, qué pasa con los sacerdotes -no todos- que cometen actos de pederastia. Por supuesto, aún, eso también da asco, da tristeza; en cambio, los animales son el gran ejemplo de la naturaleza porque ellos nunca obran en contra de los suyos. ¿De qué sirve ir a un culto, para encontrar el yo interior, cuando en la práctica se obra mal? Siendo hijos de Dios ¡Dónde ha quedado la humanidad, la moral y la ética! ¿Acaso no usan la razón? De todas maneras como humanos, así como los animales, también sabemos quedar en estado de cripsis. Porque eso sí, el arte del camuflaje abunda.

¡Somos una sociedad panegirista! ¡Cómo! ¿Los hombres por ser racionales tenemos un Dios, y los que son irracionales no? Entonces ¿Cuál es el Dios de los animales? Entendamos esto: o sea que los animales por ser menos racionales -o no tan racionales- no tienen Dios. Ahora, dirán -en algunos casos- que los que no tienen, o están obligados y no creen, pero presionados socialmente a creer necesariamente en un Dios son también irracionales y serán llevados a las guillotinas del infierno. Bueno, será creer en este caso que los únicos -si se puede decir- que “se salvan” pueden ser los ateos, los aconfesionales, heterodoxos, agnósticos… incluidos los animales. Porque como ellos, despreocupados, no están a expensas de si los castigan o no, de si los llevan al infierno, de si los controlan o juzga una divinidad. Entonces ¿Quién los castiga? ¿Ellos mismos? No será más bien que todos tenemos Dios, pero tenemos la “libertad” de creer o no creer en él.

Entonces ¿El “Dios” de los que razonan, ora por todos, incluyendo también por los animales? Es paradójico no creen. No se supone que ¿Es el Dios de los que tienen capacidad cognitiva? ¿Dónde quedan los irracionales?

Por lo menos los animales no idolatran a nadie, y siguen su existencia con normalidad. No sé si es un gran ejemplo de la naturaleza animal o algo lamentable. Pero cuando vemos la naturaleza humana, todo se torna diferente.

Ahora ¿Dónde queda todo este dogmatismo? De cuando acá la religión -como entorno de ciertas normas morales- para una conducta “individual” deja de ser unilateral y pasa a ser bilateral. ¡Qué! ¿Acaso la religión no es algo intrínseco de los seres? Y entiéndase algo intrínseco como algo propio, libre y autónomo.

Está mandado a recoger ese discurso que pretende tendenciosamente una doctrina, y que en su esencia, se supone, debería ser tan íntima, tenga que permear la órbita personal de los individuos como si fuera algo obligatorio. Pero, si este opone resistencia está en todo su arbitrio. El llamado es a no dejarse tentar por una percepción que sesgada y egoísta, la asuma un tercero. Pero que tampoco se aspire a que un credo -cualquiera- se encamine a un mercadeo de calle, a un abismo ecuménico. Porque irónicamente eso, nos hace una raza no tan superior.

APOSTILLA:
De todas formas, a colofón de estos enigmas, todos vivimos y existimos sobre la misma superficie. Sin embargo la reflexión que nos embarga: ¿Habrá un dios para todos o un dios para cada quién?

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