Opinión

De lo real a lo virtual y viceversa

El encierro nos fue desgastando, la comunicación virtual dejó de ser tan gratificante, añoramos el contacto humano y empezamos a recorrer #de lo virtual a lo real”, sin saber cómo nos irá

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julio 03, 2020
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De lo real a lo virtual y viceversa
El teletrabajo hizo que muchos empezaran a sentir nostalgia por la oficina, el taller, la fábrica

El planeta en este milenio había ido entrando paso a paso al mundo virtual. No todos al mismo tiempo, por supuesto. había países más desarrollados en investigación tecnológica, en la aplicación de programas para facilitar la vida y en educación en tecnología. Otros, como muchos de nosotros en Latinoamérica, vamos todavía a paso de mula (por aquello de la mula al jet) pero al fin y al cabo avanzábamos en esa dirección.

En Colombia prácticamente ya no queda gente que no sepa manejar un teléfono inteligente y con este adminículo han tenido que aprender a conversar por chat, consultar páginas web, mandar y recibir correos, pagar cuentas en los portales y todos esos tímidos avances tecnológicos. Hasta las abuelitas y abuelitos, de los que habla Duque, disfrutan y comparten las historias que llegan en el wasap y pueden ver a sus nietos en una llamada con vídeo. Pero de esto, que es aparentemente poco, a la virtualidad total hay un buen trecho.

Sin embargo, el coronavirus nos empujó a un mundo virtual mucho más agresivo que el en que vivíamos y está exigiendo mayor esfuerzo de parte de la gente común y corriente. Los profesores y profesoras tuvieron que aprender a las carreras a dar clases virtuales, inventando instrumentos pedagógicos para no aburrir a sus alumnos y permitir la participación así sea a través de una comunicación Virtual. La música se convirtió de repente en un pocotón de individualidades conectadas para conformar coros o sinfónicas. Los encuentros de amistad o de amor en un extraño contacto remoto, se impuso la telemedicina y el teletrabajo. Muchas otras cosas de la vida real se convirtieron en actividades virtuales, como el mercado.

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Las multitudes en el día sin IVA, las protestas masivas en las calles, la presión a los gobernantes para que abran las economías dejaron ver ese cansancio acumulado por no salir a la calle

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Pero el encierro nos fue desgastando y la comunicación virtual dejó de ser suficientemente gratificante para reemplazar definitivamente al contacto humano real. Comenzamos a salir haciéndole el esguince a la norma, buscando certificados falsos, inventando ocupaciones. La economía, resentida profundamente por la falta de producción real y de consumo ídem, le pasó la cuenta a los países y a las familias. Ningún apoyo, por solidario que se llame, ha podido reemplazar el ingreso generado por un trabajo formal o informal, pero real, al fin y al cabo. Y lo peor, se dispararon las crisis emocionales, los abusos intrafamiliares, el mal genio y todo lo relacionado con la psiquis, alterados hasta no soportar más las cuatro paredes.

Las multitudes en el día sin IVA, las protestas masivas en las calles, la presión a los gobernantes para que abran las economías dejaron ver ese cansancio acumulado por no salir a la calle, no conversar cara a cara y, así sea muy difícil el trabajo, muchas personas comenzaron a añorar la oficina, el taller o la fábrica. Y empezamos a recorrer el camino inverso #de lo virtual a lo real” sin saber todavía cómo nos irá en ese nuevo mundo, o mejor en el mismo viejo mundo con sus mismos viejos vicios y virtudes.

Esta situación me recuerda la Alegoría de la Caverna, en la que Platón cuenta como los seres humanos estaban encerrados en una cueva sin poderse mover, solo mirando las paredes al frente de ellos por las que les hacían pasar figuras que eran proyección de sombras. Esa era la realidad que conocían hasta que algún día dejaron salir alguno a ver el mundo real y pudo apreciar el sol, la naturaleza y hasta su propio rostro en las aguas de un río. Después a ese pobre ser lo volvieron a encerrar en la cueva. Entonces empezó a contarles a sus a sus vecinos de encierro que había un mundo real fuera de allí, pero nadie le creyó.

Tal vez hacia el futuro los que se quedaron en la cueva son los que fueron atrapados por la virtualidad. Supongo que mucho más los jóvenes a los que les tocó el coronavirus casi sin conocer el mundo real y puede pasar que se nieguen también a salir de la caverna porque confundan, sin culpa, lo virtual con lo real. A esos habrá que reeducarlos para que no se extravíen con la ilusión que hemos vivido estos meses de contactos por zoom, de teletrabajos y telerrecreación.

 

www.margaritalondono.com

 

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