Tras formarse en el sector privado, Yessica Sánchez descubrió que la gestión también sirve para exigir poder político para las mujeres del oriente de Cali

- De las empresas a los barrios del oriente: la administradora caleña que lucha para que las mujeres negras tengan voz

Durante mucho tiempo pensé que mi futuro estaba exclusivamente en el mundo corporativo. Estudié Administración de Empresas, construí mi experiencia laboral en el sector educativo y fui encontrando, casi sin proponérmelo, espacios de trabajo con las comunidades. En ese camino entendí que mi vocación iba más allá de los procesos de oficina: quiero aportar a que, especialmente las mujeres negras, puedan participar, liderar y tener voz en las decisiones que definen sus vidas. Hoy, mientras curso la Especialización en Gerencia Social, busco unir esos dos mundos que alguna vez imaginé separados. ¿De qué sirve aprender a administrar organizaciones si no nos preguntamos cómo transformar la vida de las personas? Esa fue la pregunta que empezó a cambiar mi rumbo.

- De las empresas a los barrios del oriente: la administradora caleña que lucha para que las mujeres negras tengan voz
Foto: Yessica Sánchez.

Hay momentos en los que una empieza a cuestionarse si el camino que eligió es realmente el único que quiere recorrer. A mí me ocurrió mientras trabajaba en educación, acompañando procesos administrativos y académicos, organizando actividades y relacionándome con diversas realidades. Me había preparado para desenvolverme en el sector empresarial y privado, y proyectaba mi futuro desde esa mirada. Sin embargo, la labor cotidiana me acercó a experiencias comunitarias que despertaron inquietudes que antes no ocupaban un lugar central en mi vida profesional.

Empecé a mirar de otra forma las necesidades cotidianas, las dificultades que enfrentan las comunidades y las oportunidades que casi nunca llegan para todos por igual. Detrás de cada trámite o proceso descubrí a personas con historias, preocupaciones y capacidades que no siempre encontraban un espacio para ser escuchadas. Poco a poco, el trabajo social dejó de ser una tarea ocasional y se convirtió en el eje fundamental de lo que quería hacer con mi vida.

|Le puede interesar La pelea de los jóvenes del Cauca que logró la creación del primer observatorio de juventudes de la región

Mi formación técnica y profesional ha sido clave en este recorrido. Soy tecnóloga en Gestión de la Producción Industrial y en Gestión Administrativa, y posteriormente me gradué como administradora de empresas. Cada etapa me entregó herramientas para comprender cómo operan las organizaciones, planear presupuestos, gestionar recursos y resolver problemas prácticos. Durante años creí que esos saberes solo pertenecían al ámbito corporativo, pero hoy tengo claro que son igual de necesarios para atender problemas sociales y fortalecer los procesos comunitarios.

La experiencia en el sector educativo me enseñó la importancia del orden, la coordinación y el seguimiento para que las cosas salgan adelante. No obstante, el trabajo de base me devolvió una pregunta indispensable: ¿de qué sirve que una organización cumpla sus metas si no se pregunta cómo contribuye a mejorar la vida de la gente?

No creo que lo empresarial y lo social deban caminar por aceras distintas. Las empresas, las organizaciones de base y las instituciones públicas cuentan con capacidades y recursos que pueden ponerse al servicio del territorio. La administración no tiene por qué limitarse a la rentabilidad financiera; también puede servir para diseñar proyectos sostenibles, fortalecer colectivos de base, manejar recursos públicos con transparencia y asegurar que las iniciativas comunitarias permanezcan en el tiempo.

- De las empresas a los barrios del oriente: la administradora caleña que lucha para que las mujeres negras tengan voz
Sigue a Las2orillas.co en Google News

Esta convicción cobró fuerza a través de mi participación en procesos sociales, especialmente en espacios que defienden los derechos y las oportunidades de las comunidades negras del Pacífico colombiano. Allí aprendí a pensar el liderazgo desde otro lugar. Para mí, liderar no se reduce a ocupar un cargo o hablar en nombre de otros; implica escuchar, entender las realidades del territorio, acompañar los procesos y garantizar que más personas tengan asiento en las decisiones que les competen. Mi empeño es que las mujeres de nuestras comunidades encuentren caminos reales para ejercer su liderazgo, incidir en los espacios de poder y construir soluciones para sus barrios.

Según el Censo del DANE de 2005, cerca del 23 % de los habitantes de Cali se autoreconocían como afrocolombianos. Traducido a una escena cotidiana: en un bus del MIO con cien pasajeros, más de veinte son personas negras. Esa es la dimensión real de nuestra presencia en la ciudad. La pregunta de fondo es otra: ¿cuántas de esas personas, y en particular cuántas mujeres negras, están sentadas en las mesas donde se define el presupuesto, se diseñan los programas públicos y se decide a quién benefician?

Esta inquietud define hoy mi proyecto profesional y de investigación: comprender cómo se cruzan las distintas desigualdades que viven las mujeres negras en el oriente de Cali y qué tanto las políticas públicas reconocen sus realidades.

Cuando pienso en ellas, no puedo reducir sus vivencias a una sola categoría. Ser mujer, ser negra y vivir en un territorio precarizado implica enfrentar barreras entrelazadas: dificultades económicas, sobrecarga en los trabajos de cuidado no remunerado, barreras para acceder a empleo digno o educación superior, discriminación racial y exclusión de los espacios de representación política.

Estas realidades no se manifiestan de igual forma en todas, pero tampoco operan de manera aislada. Por eso tiene sentido estudiar la interseccionalidad: entender cómo convergen el género, la raza, la clase y el territorio, generando exclusiones particulares que no pueden resolverse mirando cada factor por separado.

Me interesa examinar si las políticas públicas actuales responden a esa complejidad. El enfoque de género es un paso necesario, pero resulta insuficiente si omite las desigualdades étnicas, económicas y territoriales. ¿Qué pasa cuando una política reconoce que las mujeres enfrentan brechas, pero no diferencia las condiciones de quienes habitan sectores históricamente marginados? ¿Cómo diseñar respuestas institucionales que no traten a todas como si partieran del mismo punto? No desconozco los avances logrados, pero urge investigar la distancia entre lo que consignan los documentos oficiales y lo que viven las mujeres a diario en sus barrios y organizaciones.

Pongo la mirada en el oriente de Cali porque las decisiones públicas deben nacer de la realidad de sus habitantes. No basta formular programas desde un escritorio ni imponer medidas homogéneas que en el papel parecen ideales. Es indispensable escuchar a las mujeres, incorporar sus vivencias y asegurar que participen directamente en el diagnóstico de sus problemas y en la creación de las soluciones. Mi meta es que esta investigación no repose en un anaquel académico, sino que ofrezca herramientas prácticas a las organizaciones sociales, a las instituciones y, en primer lugar, a las mujeres de la comunidad.

Cursar la Especialización en Gerencia Social representa la oportunidad de articular mi formación administrativa con la gestión pública, la participación ciudadana y la equidad. Estoy aprendiendo a analizar las dinámicas estructurales entendiendo que las respuestas exigen articulación: las organizaciones comunitarias conocen el territorio; las instituciones tienen el deber y las facultades legales para garantizar derechos; y el sector privado cuenta con recursos y capacidades de gestión. El reto consiste en tejer alianzas transparentes y corresponsables, sin evadir los deberes del Estado ni marginar a las comunidades de las decisiones.

No tengo todas las respuestas terminadas ni fórmulas mágicas para garantizar la representación de las mujeres negras en las esferas de decisión. Lo que tengo claro es mi determinación de formarme rigurosamente para trabajar junto a otros y construir soluciones aterrizadas.

No considero mi paso por la administración de empresas como una etapa clausurada. Al contrario, es el piso técnico sobre el cual me sostengo para aportar con método a la transformación comunitaria. Aspiro a incidir en espacios donde se tomen decisiones estratégicas, acompañar liderazgos locales y tender puentes útiles entre el barrio, la administración pública y el sector empresarial.

No abandoné la carrera que elegí; transformé el sentido de ejercerla. Ahora entiendo que administrar también significa poner la técnica y la planeación al servicio de la gente, convirtiendo la gestión en una herramienta concreta para abrir caminos y conquistar una vida digna para nuestras comunidades.

Vea también:

Anuncios.