Le explicaré a mi hija que no estoy en contra de la exposición de nuestros atributos físicos cuando lo decidimos de manera sana y conscientemente

“Son demasiado femeninos”.

Esa fue la frase de mi hija de 9 años cuando la llevé la semana pasada a comprar su disfraz para salir a pedir dulces el próximo 31 de octubre.

No le gustó ninguno.

Sin pelos en la lengua, fue descartando todos los que veía. Demasiado rosados, exageradamente apretados, muy rojos o muy negros,  faldas incómodamente cortas, materiales profundamente transparentes o delgados. No se sentía para nada identificada con la “gata felina”, “la muñeca vampira”, "la enfermera sexy" o la “bruja rebelde”.

Todos le parecieron “demasiado femeninos”, dejándome entender que lo que yo califico como muy sexy, provocador o vulgar para ella es, repito, “demasiado femenino”.

En su cabecita  “lo femenino” tenía las características que los disfraces buscan resaltar.

Entonces  intentamos escoger otros en la sección de niños.

Sigue a Las2orillas.co en Google News

Pero tampoco funcionó. Los tildó de aburridos, demasiado conocidos, muy masculinos o para nada creativos.

Tenía toda la razón.

Por eso tengo una conversación pendiente con ella. Una en la que hablemos de lo que significa ser mujer o ser hombre, niño o niña.

Hablaremos también de lo que el mercado puede hacerle a pequeñas mentes curiosas y despiertas como la de ella. Mentes que aún no están del todo contaminadas por los estereotipos de nuestra cultura.

También conversaremos de la sensualidad, pues sin duda estos atuendos – en especial los de las niñas - están hechos para explotar esa parte de nuestra humanidad incluso cuando a estas edades ni siquiera saben lo que significa.

Buscaré la forma de explicarle que no estoy en contra, ni me molesta la exposición de nuestros atributos físicos. O de querer, de vez en cuando cambiar de identidad para convertirnos por un día en la “mujer maravilla”, “la necia enfermera” o “Drácula en versión mujer sin la capa y con escote”.

Pero no porque se imponga un modelo o el mercado nos obligue. Mucho menos por que no podamos contrarrestar la presión de grupo, sino porque lo decidamos sana y conscientemente.

Le mencionaré la importancia de medir las motivaciones reales que hay detrás de querer exponerse y de las influencias milenarias inscritas en nuestra cultura que sigue siendo muy machista.

La conversación no será difícil.

A su corta edad es claro que no se deja convencer por las presiones del mercado y que es ajena a los estereotipos. O mejor, que los rechaza y no le preocupa lo que digan. No en vano escogió, para la noche de las brujas,  encarnar a un osito grande y barrigón.

Mi tarea acá no termina.

Serán muchas las conversaciones sobre el mismo tema.

Las enfermeras sexis tienden a anestesiar, sin duda, a los osos barrigones.

Por @Silviadan

Anuncios.