Carlos Andrés Rivera salió de Cali hacia México donde se convirtió en un temido sicario que terminó logrando poder en el Cartel del capo Nemesio Oseguera

 - De dónde salió el colombiano que podría ser el jefe del cartel de Jalisco en reemplazo de El Mencho

Carlos Andrés Rivera Varela salió de Colombia hace más de una década. Había nacido el 19 de junio de 1986 en Cali, la famosa capital del Valle del Cauca y con el tiempo adoptó también la nacionalidad mexicana. En México encontró un espacio para crecer en el mundo criminal. Primero armó su propio grupo de sicarios, una estructura pequeña pero eficaz, y después comenzó a tejer relaciones con el Cártel Jalisco Nueva Generación, una de las organizaciones más poderosas y violentas del continente. Con el paso de los años, ese colombiano de 1,78 metros, cabello y ojos castaños, terminó ocupando un lugar central en la estructura del cartel. Hoy, tras la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, su nombre aparece en los informes de inteligencia como posible sucesor del abatido jefe.

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La caída de Oseguera marcó un punto de quiebre. Durante meses, fuerzas militares siguieron pistas que los llevaron hasta una cómoda vivienda metida en las montañas de Tapalpa. Cuando el Ejército llegó hasta la casa, la respuesta fue inmediata. Hubo un intercambio de disparos que se prolongó por varios minutos. En medio del enfrentamiento, el líder del cartel intentó escapar. Terminó herido y oculto entre matorrales, mientras los soldados aseguraban el perímetro. Lo encontraron con vida, lo subieron a un helicóptero militar para trasladarlo a un hospital, pero murió durante el trayecto. La noticia recorrió México y Estados Unidos en cuestión de horas. El jefe máximo del CJNG había caído.

Mientras México ardía, por cuenta de la represión de los seguidores de El Mencho, emergió con fuerza el nombre de Rivera Varela, conocido como La Firma, El Colombiano, More o Morro. Durante años no fue un rostro público, pero sí un operador constante. Dentro del CJNG ocupó un doble rol: financista y jefe de sicarios. Esa combinación lo convirtió en un hombre clave. No solo manejaba recursos, también coordinaba acciones violentas.

Los expedientes judiciales en México y Estados Unidos lo describen como un dirigente de alto nivel. El 28 de octubre de 2025, un tribunal federal del Distrito Este de Nueva York emitió una orden de captura en su contra por conspiración para lavar dinero y por proporcionar apoyo material a una organización terrorista extranjera. Para el gobierno estadounidense, el CJNG tiene esa designación. El Buró Federal de Investigaciones ofrece hasta 245 mil dólares por información que conduzca a su arresto y condena. En las fichas oficiales se advierte que debe ser considerado armado y extremadamente peligroso.

Su ascenso dentro del cartel no fue casual. Rivera Varela recibía órdenes directas de Oseguera y también de Gonzalo Mendoza Gaytán, alias El Sapo, jefe regional en Puerto Vallarta y uno de los líderes senior de la organización. En la cadena de mando también aparece Juan Carlos Valencia González, conocido como Pelón, hijastro de Oseguera. La Firma reportaba cuentas, coordinaba células y ejecutaba decisiones. Su base principal de operaciones fue Puerto Vallarta, una ciudad turística que, detrás de la actividad hotelera y el flujo constante de visitantes, se convirtió en enclave estratégico para el cartel.

Las autoridades lo señalan como el encargado de depurar filas. Eso significaba identificar y eliminar a quienes consideraban traidores o colaboradores de grupos rivales. También implicaba reforzar la disciplina interna. En esa tarea consolidó un grupo élite de sicarios con acceso a armamento de grado militar. Los informes lo vinculan con la planeación de ataques que sacudieron la política mexicana, entre ellos el atentado contra el entonces secretario de Seguridad Ciudadana, Omar García Harfuch, en 2020, y el asesinato del exgobernador de Jalisco, Aristóteles Sandoval, ocurrido ese mismo año. Por esos hechos han sido detenidas al menos 19 personas, pero los investigadores sostienen que la estructura que los hizo posibles sigue activa.

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Para autoridades mexicanas y norteamericanas, La Firma no es solo un financista. Lo describen como un líder operativo con capacidad para ejecutar actos de violencia extrema y magnicidios. Su perfil combina gestión de recursos y dirección táctica. Esa mezcla es la que lo posiciona ahora como un aspirante natural a la jefatura.

Otro elemento que pesa en su trayectoria es su papel como enlace internacional. Reportes de inteligencia lo ubican como contacto entre el CJNG y disidencias de las antiguas FARC en Colombia para el suministro de cocaína. También se le atribuye el traslado a México de operadores con experiencia en fabricación de artefactos explosivos. Esa conexión binacional amplió el alcance del cartel y reforzó su capacidad logística.

En Estados Unidos, además de los cargos por lavado y apoyo material, se le atribuye haber dirigido un esquema de fraude internacional que afectó a propietarios estadounidenses de multipropiedades en México. Según la acusación, durante años se lavaron cientos de millones de dólares que terminaron financiando el tráfico de drogas y armas. Esa vertiente financiera consolidó su reputación interna como alguien capaz de sostener el flujo de dinero necesario para mantener una organización de alcance transnacional.

Rivera Varela habla español e inglés. Tiene vínculos con Jalisco y doble ciudadanía. Esos detalles, que en otro contexto podrían ser irrelevantes, adquieren peso en la lógica de una estructura criminal que opera entre fronteras. Su conocimiento del terreno mexicano y su origen colombiano lo convierten en un puente natural en la cadena de suministro de cocaína.

La muerte de Oseguera no desmanteló al CJNG. La organización mantiene presencia en varios estados de México y conserva redes internacionales. Con La Firma como figura emergente y El Sapo consolidando liderazgo regional, la estructura conserva cohesión. Los analistas consideran que el relevo no implicará un cambio de rumbo, sino la continuidad de una estrategia basada en expansión territorial y uso intensivo de la violencia.

Hoy, mientras su fotografía circula en carteles de búsqueda y bases de datos de agencias federales, su figura encarna una nueva etapa para el CJNG. Un colombiano que salió del Valle del Cauca, construyó poder en México y ahora podría encabezar una de las organizaciones criminales más temidas del hemisferio.

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