Cúcuta Deportivo: rojo y negro de la cuna hasta el cajón

La nueva generación de hinchas formados con aguante, con principios de fútbol tradicional, no asisten en busca de resultados, sino por amor

Por: Ruben Dario Montañez Agudelo
abril 04, 2018
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Cúcuta Deportivo: rojo y negro de la cuna hasta el cajón

La juventud siempre deja una marca. Cuando niño, el domingo era un día especial, de esos que esperas durante toda la semana. Sin duda, la ansiedad se apoderaba de todo el cuerpo. El tiempo, el espacio se transfiguraban hasta el pitido inicial y ver rodar de la pelota.

Como si fuera un ritual la jornada comenzaba con un buen desayuno. En los días festivos, la ciudad de Cúcuta se convierte en un bufé de comida casera, pasteles, avena, caldos y arepas asadas, un reparto de sabores en las calles y restaurantes improvisados en cada parque. El fútbol seguía latiendo a 100 por minuto.

Ya faltaba menos para llegar al destino esperado, ubicado en el barrio Lleras casa del coloso del oriente colombiano. Mi cabeza estaba a punto de reventar de la emoción, mi padre cómplice del sentimiento.

La ceremonia continuaba con diferentes visitas, el cementerio central y las promesas a la ánimas benditas, los monumentos icónicos de la ciudad como la loma de Bolívar y los parques principales, la victoria y sus raspados con melado de cereza. Las calles adornadas de colores, el olor del hincha se esparcía por el aire de la ciudad.

Mi comportamiento en el desarrollo de las actividades familiares se vería reflejado en los beneficios que recibiría en las próximas horas, entre esas, asistir a la misa de 3 y 30 de todos los domingos en el Estadio General Santander y disfrutar de las paletas de limón y el chicharrón crujiente que vendían en la tribuna oriental.

De entrada, el desorden popular en la esquina de doña Marina, la asociación de barras y los menos de mil hinchas que asistían sin falta a cada jornada. La previa comenzaba con el precalentamiento. Los cigarros y cebada fría que se repartían entre comentarios futboleros llenos de picante. Las bocinas de pimpina de gas utilizadas para animar el ambiente en el estadio, se ajustaban expulsando un sonido que ensordecía la bulla generada por la multitud: “FA FA FA”

Las taquillas sin hinchas, el humo exquisito proveniente de los chuzos de carne, los vendedores de agua gritando para atraer clientes, los cuidadores de carros ganándose la vida a punta de confianza, el policía que requisaba, los que pedían monedas para ingresar, los bomberos, la defensa civil, el que llegaba con ocho niños aprovechando que la entrada era gratis para los menores, los platillos, bombos y baquetas listas para ponerle ritmo al encuentro.

Un carnaval dominguero, con pólvora alrededor de la pista atlética que rodeaba el campo de juego. La trinchera con una explosión de humo pintado, ondeaba los colores rojo y negro. El aire bailaba junto a los coros simples y clásicos de la tribuna.  Los “sí se puede”, “CÚ-CU-TA” y los miles de chiflidos e insultos que provenían de todos los sectores del estadio. El resultado nunca fue impedimento para la fiesta.

A finales de los 90 igual que ahora, Cúcuta Deportivo pasaba por un momento de crisis; antes eran los Pachones, hoy son las cadenas que amarran la institución a un torneo de segunda categoría. Relevando la historia de una hinchada, de una institución y de toda la ciudad. La “B” fantasma que a veces parece no querer soltarnos, siempre tuvo nombres y apellidos. Malos administrativos, perversos mercenarios del deporte más lindo del mundo.

Los ritos no cambian mucho, una semana intensa latiendo fútbol, la espera ansiosa y afanada por la llegada de la nueva camisa que recalca la identidad motilona, un diseño único y netamente local, impregnado de trabajo duro y pasión.

El ambiente de las calles, los que desde temprano se ponen la camisa con orgullo, el tráfico cerca del estadio, los vendedores y revendedores que se acomodan en sus sitios, doña Marina, la Banda del Indio, la cucha de la carreta con cerveza, la policía, la misma esquina, las taquillas con más público y la nueva generación de hinchas formados con aguante, con principios de fútbol tradicional, que no asisten en busca de resultados, sino por amor, ese que  a muchos les causa delirios y a otro solamente los apasiona

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