¿Cuánto cuesta mi cuerpo?

Una aplicación publicada por la BBC permite realizar este cálculo: el valor promedio es de USD 3.085, el de Bill Gates valdría solo USD 1956

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marzo 21, 2019
¿Cuánto cuesta mi cuerpo?

Esto puede ser una meditación cuaresmal.  En el antiquísimo rito cristiano se coloca ceniza en la frente de los fieles el miércoles cuarenta días antes de la Semana Santa, al iniciar la Cuaresma, y se les repite a todos: “Polvo eres y en polvo te convertirás” (Gen 3, 19)  Más allá de los malos chistes de nuestra adolescencia (“polvo” eres y de los buenos, etc.) o el incomparable verso de Quevedo (“polvo serán, mas polvo enamorado”) es una excelente meditación para estos narcisistas días nuestros. Pero veámoslo en esta sociedad de consumo desde el punto de vista: ¿cuánto cuesta mi cuerpo? Este cuerpo en el que estoy viviendo podría haber dicho Don Francisco, el poeta no el personaje de la televisión, con poética negrura: ¿cuál es su precio en el mercado? Y nos ayuda a calcular ese dinero una aplicación publicada por la BBCExplórenla para enterarse de un montón de cosas sobre nuestro asombroso cuerpo.

Mi cuerpo (PR) en el mercado actual y reducido a sus elementos químicos tendría un precio de $3,085 dólares. El cuerpo de Bill Gates $1,956. Aunque reducido a cenizas mi cuerpo tenga mayor precio que el de Bill en el mercado de materias primas eso no tiene nada que ver con el valor de nuestros cuerpos para mi esposa y Melinda la de él. Aunque ninguna de las dos, hay que preguntarlo, tenga algún interés en incinerarnos antes de tiempo (aunque alguna vez lo habrán pensado ¿no, señoras?) De todas formas esta es la primera meditación importante en estos tiempos de asfixiante sociedad de consumo: no es lo mismo costo o precio que valor. Valemos mucho más de lo que costamos. Estamos comparando lo que llamaba Gramsci, si lo recuerdo bien de mi juventud marxista, valor de uso y valor de cambio.

Pero no vayamos tan abajo como cuantificar nuestros cuerpos en elementos químicos aunque tengo unos 66 kilos de oxígeno, 25 kilos de carbono, 11 kilos de hidrógeno, 3 kilos de nitrógeno, 1.5 kilos de calcio, 1 kilo de fósforo, 100 mg de potasio y 500 mg de otros oligoelementos como arsénico, mercurio, uranio, ¡plata y oro! Unos 11 octillones (10 seguido de 48 ceros) de átomos.

Subamos un poco y contemos nuestras unidades microscópicas vivas. Tengo unos 54 trillones “ingleses” (millones de millones) de células. El 70% de estas células son eritrocitos o glóbulos rojos de la sangre que no tienen núcleo y acaban siendo humildes bolsitas de hemoglobina circulando por todo el cuerpo. Pero estamos al mismo tiempo habitados en nuestro cuerpo por 100 trillones de microbios, en su gran mayoría bacterias. Dicho sea de paso los virus son incontables porque muchos de ellos están escondidos en nuestras células e insertados en nuestro mismo ADN. En resumen tenemos muchos más microbios que células en nuestro cuerpo todos ellos intercomunicados por moléculas que van y vienen de unos a otros. ¿Qué somos entonces: seres humanos con bacterias o bacterias con seres humanos? Quizá a los microbios y a nuestras células no le importa mucho eso. Pero para sentirnos menos fragmentados y deleznables pesemos nuestros órganos y sistemas.

En mi caso y de acuerdo a la aplicación electrónica mencionada arriba mi sistema muscular pesa 35 kilos, mi sistema óseo 25 kilos y todo mi tejido adiposo y conectivo 30 kilos (estoy gordito, ya lo sé) Lo demás que podríamos llamar menudencias como en las carnicerías o sea vísceras, intestinos, cerebro, testículos y piel unos 18 kilos mal contados. Se sugiere en un rincón de los resultados que el alma puede pesar unos 20 gramos, lo que está de acuerdo con unos experimentos poco científicos de hace un siglo e innumerables alusiones a “21” gramos en películas y novelas. Como yo no creo en el alma fantasmal platónica sino en personas integrales e irrepetibles quítenme esa menudencia.

De esta descripción y cuantificación lo más admirable es que el cerebro pesa sólo 1.4 kilos. Menos del 1% del peso total. En alguna ocasión le preguntaron a un experto en informática si se podría construir una computadora que pensara como nosotros. Y afirmó hace unos veinte años que sí, eso era muy posible. Hoy con los avances tecnológicos debemos estar mucho más cerca de construir una máquina que piense como el ser humano. Pero, siguió diciendo el experto, lo difícil es hacerlo con un kilo de grasa y agua. Porque el cerebro es fundamentalmente membranas lipídicas con algunos diminutos receptores proteicos, todas interconectadas, con agua y sal. Un kilo y medio de materias primas baratas pero muy difíciles de armar entre sí y con ellas entendemos, recordamos queremos. Pues las tres potencias del alma son, decían los antiguos, el entendimiento, la memoria y la voluntad y todo eso lo hace el cerebro.

Mi gran fábrica visceral (riñones, intestinos, etc.) ha producido durante mi vida 30,000 litros de orina, 10,000 litros de sudor y sólo 23 litros de lágrimas. Además, y esto le debe gustar a mi nieto Luca de 6 años, 4,000 kilos de popó y 30 litros gaseosos de peos. Lo más sorprendente es que he puesto a circular 177 millones de litros de sangre. No sé quién ha contado todo esto pero sí sé que William Harvey en el siglo XVII calculó el total de sangre que salía del corazón y demostró que era imposible que todo ese líquido fuera sintetizado de novo por el hígado a partir de la alimentación como creía Galeno. A partir de esa observación postuló que la sangre circulaba, iba y volvía al corazón, descubrimiento que es el más importante en la historia de la medicina y la biología humana. Consideren entonces todo lo que nos cuesta la vida en sangre, sudor y lágrimas. Además de pipí, popó y peos.

Todas estas consideraciones pueden parecer un poco materialistas a algunas personas.  Pero recuerdo de mis lecturas budistas que algunas veces se le lee a los agonizantes un Sutra que detallaba como se iba a producir la muerte y luego el pudrirse del cuerpo paso a paso. Meditar que nuestro cuerpo es casi nada si lo analizamos bien es importante aunque nos parezca macabro. En todo caso ¿qué somos? No somos lo que medimos o pesamos o costamos, aún sumándole las cirugías estéticas que muchos se hacen. Somos lo que valemos como personas. Todos valemos mucho, todos los más de siete millardos, miles de millones, de individuos que vivimos en este mundo. Y lo valemos para nosotros mismos, los otros y el Otro con mayúscula (llámelo como lo llame usted)

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