Cuando los celulares acabaron con nuestro viaje interior

Ahora un viaje en autobús es algo vulgar. La gente con sus teléfonos sostiene conversaciones lamentables y parece empeñada en que los demás las escuchen

Por: Jair Alexander Dorado Zúñiga
marzo 02, 2022
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Cuando los celulares acabaron con nuestro viaje interior
Foto: Pixabay

Las nuevas tecnologías han invadido todos los resquicios de nuestra vida. La sociedad hípercomunicada ha ido acabando con todos aquellos escenarios íntimos en los que el ser humano se encontraba cara a cara consigo mismo y se asomaba a sus propios abismos.

Un viaje en bus
Algunos territorios existenciales se perdieron para siempre. Hace unos años, antes del internet y los teléfonos celulares, un viaje por tierra en un autobús era un asunto de soledad. No necesariamente de silencio, porque la música popular del conductor hacía parte del ambiente.

Noche, estrellas y carretera
Y cuando el autobús se adentraba al universo de la noche, el pasajero se embarcaba en su propio viaje interior. Las sombras se posaban sobre el monte solitario y discurrían temblorosas tras las ventanillas como un film viejo y monótono.

La noche salpicada de estrellas enmarcaba la silueta de las montañas inaccesibles. Entonces el viajero recostaba la cabeza sobre el cristal polvoriento y entre el sueño y la vigilia sentía una extraña mezcla de vulnerabilidad y asombro ante un universo que pareciera estar por descubrir.

Sin gracia
Ahora es otra cosa, un viaje en autobús es vulgar. La gente con sus teléfonos sostiene conversaciones lamentables y parece empeñada en que los demás las escuchen.

Con sus auriculares puestos se le distorsiona la percepción del volumen de la voz y acaba divulgando sus miserias a todo el mundo.

El mafioso
Delante mío, un moreno del Valle del Cauca, que reclina su asiento hasta el máximo posible, como si se tratara de una cama, sin consideración alguna con el que viaja atrás, le ha contado a más de 20 personas por el teléfono, que ha estado moviendo unas cosas por Perú y Ecuador con grandes resultados económicos.

Cuando el bus se detiene, a grito herido, hace un comentario que pretende ser gracioso, se levanta, estira los brazos para desperezarse y mira a los pasajeros con suficiencia, como disfrutando de un respeto o de un miedo que él creer infundir ahora.

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